21 de julio 2006 - 00:00

Avatares de la cumbre

Mucho se habla sobre la verdadera conveniencia de tener como socio estratégico a la Venezuela de Hugo Chávez y las consecuencias que podría generar para la imagen de la Argentina y del Mercosur el ingreso de este quinto socio al bloque. Sin embargo, hay un aspecto donde este acercamiento está produciendo resultados positivos para las empresas argentinas; al menos, para algunas que pudieron acercarse a Néstor Kirchner primero y a Chávez después. Dos casos paradigmáticos son los de Techint y del grupo Pescarmona, que luego de tener un comienzo tenso en sus relaciones con el ex militar golpista venezolano, contaron con el «lobby» personal de Kirchner durante la cumbre de Mar del Plata, y ahora ambas multinacionales argentinas hacen pie en territorio caribeño. Techint, por caso, acaba de asociarse con PDVSA para trabajar en el río Maracaibo y Pescarmona está a punto de convertirse en uno de los principales proveedores de tecnología del estado venezolano.

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El acuerdo comercial que se firmará hoy con Cuba, y que será bendecido en persona por el propio Fidel Castro, no cambiará en mucho (prácticamente ni se percibirá) el esquema del comercio exterior argentino, más allá de que la balanza a favor del país continúe siendo más que favorable. Pero algunos sibaritas y amantes del buen vivir pueden recibiruna buena noticia. Cuando el acuerdo se ponga en marcha, se supone que a más tardar será en enero de 2007, dos productos encarecidos luego de la salida de la convertibilidad podrán bajar de precio al reducirse sus aranceles de importación. Se trata del ron y de los habanos, que podrán ingresar al país con rebajas de hasta 35% en sus precios internos.

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Es habitual que en este tipo de eventos -donde concurren funcionarios, políticos, técnicos, periodistas e invitados varios de diferentes países- circule abundante folletería, en general, de los destinos turísticos y las bondades del lugar anfitrión. También suele haber documentos de información económica, social y política sobre el país organizador y los estados visitantes. La cumbre de Córdoba no es la excepción. Sin embargo, el evento se destaca por el temario ecléctico de la oferta. Entre otros folletos se destacan varios invitando a conocer la provincia, en especial, sus rutas turísticas y el famoso «Camino de las estancias turísticas», una guía gastronómica local y un book de fotos sobre Córdoba, además de la presencia de publicidad de otros destinos amigos como Pinamar y Villa Gesell. Hay documentación sobre los países miembros del Mercosur, una invitación al Tercer Encuentro Cinematográfico Argentino Europeo y otros más polémicos, como un pequeño paper titulado «Yo aborté, campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito». Se pudo ver también un «brochure» sobre todo lo que hace la CGT para integrar a los trabajadores sudamericanos que incluye, firmado por Julio Piumato, que mezcla frases de Juna Domingo Perón, Bolívar y Hugo Moyano, con la máxima de Hugo Chávez, «ALCA, Al carajo»; también otros dos folletos con copyright chavista explicando el Plan Nacional de Alfabetización Tecnológica, que enseña a los venezolanos a usar computadoras y otro del mismo origen recomendando usar el software libre LINUX, en lugar de los programas de Microsoft.

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La presencia de Fidel Castro en primer lugar, y de Hugo Chávez en segundo lugar, es lo que mayores expectativas genera en la cumbre de Córdoba. Sin embargo, un argentino, aunque en menor medida, produce también una especiede curiosidad, especialmente entre los funcionarios de nivel intermedio de los países visitantes y entre los periodistas en general. Se trata del ingeniero Jorge Zorreguieta, presente en la cumbre como titular del Foro Consultivo Económico y Social (FCES). No es esta actividad, ni la representación de los productores azucareros locales, lo que provoca la voluntad de acercarse al ex funcionario del gobierno militar, sino ser el padre de la princesa Máxima de Holanda. Hasta varios fotógrafos cubanos, llegados para cubrir obedientemente las andanzas de Castro por Córdoba, en teoría hombres y mujeres lejanos de la frivolidad, preguntaban sobre las posibilidades de retratar al pariente real.


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Víctor De Gennaro actuó como organizador de una de las cumbres alternativas, la «de los pueblos», y, eufórico por la presencia de Fidel Castro, participó de la preparación del acto con Hugo Chávez, Evo Morales y Castro en la ciudad universitaria. El gobierno de Néstor Kirchner no intentó frenarle esa ilusión, pero no le recibió oficialmente el documento final de esa «cumbre de los pueblos», que contiene una crítica a la forma en que Kirchner maneja la política de integración. Además, no sólo no le permitió hablar ante los cancilleres de la cumbre, sino que ese lugar se lo cedió el gobierno al sindicalista Julio Piumato, que explicó las bondades laborales de la administración K.

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Algo de envidia causó en Piumato el hecho de que los delegados de la CGT brasileña y la Unión de Trabajadores Venezolanos tengan todos sus propios uniformes, unos con camperas blancas y otros con elegantes sacos. Piumato prometió modificar la situación en el futuro y vestir a los dirigentes de la CGT moyanista con algún tipo de uniforme. La primera recomendación fue que usen la histórica campera de cuero que Saúl Ubaldini hizo famosa en los 80.

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