Avión argentino ayer en Malvinas
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Sin embargo, y por consejo del palacio San Martín, que en principio no autorizó el vuelo, la partida se hizo desde la ciudad chilena de Punta Arenas, como forma de evitar tener que pedir permiso para bajar en las islas, en reconocimiento de una soberanía sobre las Malvinas que la Argentina no le reconoce a Gran Bretaña.
El Piper Aerostar detuvo su marcha en el aeropuerto militar de Mount Pleasant pocos minutos después de las 13. Fue el director de Aviación Civil de las islas, Gerald Cheek, quien confirmó el horario de arribo y que éste se produjo sin inconvenientes. Rappalini partió hace una semana del aeropuerto inter-nacional de Don Torcuato e hizo una escala técnica en Comodoro Rivadavia, antes de dar el salto hasta la ciudad chilena más austral, Punta Arenas. De allí -donde el tiempo era inestable, con el cielo cubierto y algunas precipitaciones-, y alrededor de las 10 de la mañana, partió ayer con destino a las Malvinas. Fueron tres horas de vuelo para cruzar los 1.000 kilómetros que separan el continente de Puerto Argentino, en la cara este de las islas.
La última visita connotada fue la del ex canciller Guido Di Tella el año pasado, que provocó algunas controversias sobre la oportunidad de hacerla, particularmente de algunos consejeros kelpers algo ariscos en su relación con la Argentina.
Una particular visión del problema fue ofrecida ayer por el consejero isleño Mike Summers, que explicó que la autorización para viajar a las islas dada a Rappalini fue «por propósitos turísticos solamente y no por asuntos de negocios».
Según él, era indistinto de dónde viniera, aunque admitió: «El actual gobierno argentino tiene un acercamiento negativo a las islas y no reconoce a nuestra administración».




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