Barrionuevo en una caravana
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Luis Barrionuevo
Desde ese lugar mantiene alguna pompa. De hecho, en la caravana de cierre de hoy, la música funcional será la «Marcha peronista». Quizá no sea el 45, pero, como en muchas provincias, en Catamarca se preserva el duelo entre radicales y peronistas. Ese claroscuro es, justamente, lo que Kirchner quiere torcer con su zizagueo concertador.
Además del grueso del peronismo -con excepción del bloque que ordena «Bombón» Mercado-, Barrionuevo se atribuye otro aliado: la Iglesia.
En su momento quiso que un ministro de ésta sea su candidato a vice, pero tuvo que contentarse, luego, con que lo escolte Francisco Sotomayor, un laico que respondería a la curia local.
La ilusión era, claro, replicar el caso misionero, ejemplo que cita todo el tiempo el barrionuevismo cuando le mencionan los pronósticos hiperoptimistas del Frente Cívico. «También con Rovira, el gobierno creía que ganaba», martillan para generar incertidumbre.
Pero el elemento más ácido es el rol de Kirchner y un supuesto pacto de no intervención. A favor de esa teoría, Barrionuevo dice que logró que el Presidente no «baje» a Catamarca como pretendía Brizuela.
Sin embargo, no pudo impedir que, una semana atrás, el gobernador se pasee por la Casa Rosada y que una postal suya con el Presidente ilustre las tapas de los diarios locales.




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