Nadie ignora que, hace ya un mes, por presuntos méritos literarios, la SADE (sociedad que nuclea a escritores pero que preside un sindicalista de la obra social) le concedió un premio al ahora diputado Miguel Bonasso, quien prodiga sus fidelidades a Néstor Kirchner y a Hugo Chávez. No se podía imaginar que esa condecoración intelectual -de algún modo hay que calificarlo-devendría, con los días, en situaciones militares poco agradables. Al menos, para el jefe del Ejército, el general Roberto Bendini.
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Casi un lugar común sería recordar que, además de periodismo y publicar algunos libros, Bonasso tuvo en el pasado figuración en el movimiento Montoneros, aunque -por razones celulares-nunca pudo saberse si participó o no en acciones armadas. Tampoco es cuestión de investigar. Otro rol más decisivo, claro, sí tuvo el autor, traductor y periodista Rodolfo Walsh, venerado hasta por los que no lo conocieron y a quien Bonasso le dedicó su premio.
Hubo ceremonia con el premio, aplausos en su momento, y uno de los más encendidos fue el general Bendini (también seguidor a pie juntillas del Presidente al extremo casi de no tomar sol).
Sorprendió no sólo su presencia, aunque podía entenderse como la actitud de alguien que le tiende la mano a su enemigo de otrora. Pero, en rigor, más que un gesto democrático, lo de Bendini -sobre todo en gran parte de la fuerza-cayó como una actitud oportunista, ya que no se le reconocen asistencias semejantes en honor de militares caídos en su guerra contra Montoneros ni tampoco en homenajes a víctimas inocentes muertas en esos episodios violentos. Ese olvido manifiesto le ha vuelto a generar complicaciones a Bendini con los miembros de su fuerza (y de otras), pero en verdad pocos militares son hoy más conscientes que el actual jefe del Ejército de sus actos: sabe que esas concurrencias le garantizan el cariño de su comandante (Kirchner) y su estabilidad en el cargo. Aunque, inclusive, tenga que leer algún libro de Bonasso.
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