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El cardenal Jorge Bergoglio, anoche, en la Catedral Metropolitana, durante la ceremonia
del domingo pascual. No hubo referencias sobre la actualidad.
Luego, lo imprevisto. La preocupación de la piedra se desvanece al ver que había sido corrida. La dificultad se vuelve puerta de entrada, la duda aflora en horizonte prometedor... la sorpresa engendra esperanza. La vetustez de la promesa explota en esa juventud que anuncia lo nuevo: 'Ustedes buscan a Jesús de Nazareth, el Crucificado. Ha resucitado. No está aquí'. (Mc. 16:6). Lo que era muro e impedimento se transforma en nuevo acceso a otra certeza y a otra esperanza que las pone nuevamente en camino: 'Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que El irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como El se lo había dicho' (Mc. 16:7).
Y así comienza un nuevo camino, en continuidad con el anterior pero nuevo. 'Vayan', como a Abraham... y también con una promesa: 'allí lo verán'.
Escuchamos recién que estas señoras distaban bastante de estar tranquilas: 'salieron corriendo... porque estaban temblando y fuera de sí y... tenían miedo' (Mc. 16:8). Sienten en sí el estupor que produce todo encuentro con el Señor quien, de esta manera, se va acercando a ellas para manifestárseles plenamente. Dije recién que nosotros, esta noche, hemos hecho memoria del camino grande de nuestro padre Abraham y también del camino chico de María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé. Y me pregunto: ¿qué tal mi camino? ¿Va en dirección de la promesa del encuentro con Jesús resucitado? ¿Se detiene y vuelve atrás ante la dificultad de la piedra, de las tantas piedras de la vida? ¿O, como los de Emaús, dispara hacia el lado contrario para no tener dificultades con el corazón atrapado? ¿O, como los otros discípulos, prefiero la parálisis, el enclaustramiento, la defensa ante cualquier anuncio, ante horizontes de esperanza? Mi camino ¿apuesta a la esperanza?
¿Busca el encuentro? ¿Sabe del estupor que conmueve todo el ser cuando se deja conmover por el Señor que pasa y le abre el corazón? ¿Por qué camino anda hoy mi corazón?
Tres caminos esta noche: el del pueblo elegido que comenzó con nuestro padre Abraham,-dentro de él el de las mujeres que también,como Abraham, van en busca de lo que no saben, y el tuyo: tu camino y mi camino. Los dos primeros sabemos cómo acabaron, en plenitud. Pero el tuyo y el mío ¿por dónde senderea? ¿Camina? ¿Está quieto? ¿Se detiene y vuelve atrás ante la piedra? ¿O se dejó tocar por la noticia y sale corriendo de todo lo que es sepulcro y muerte, sale corriendo temblando y fuera de sí, con miedo porque sintió el escalofrío del anuncio y el estupor de la presencia? Ojalá tu corazón y el mío estén en esta última forma. Es la mejor manera de desearnos Felices Pascuas».



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