La campaña de Mauricio Macri tiene sus singularidades. Una es que no acostumbra el candidato hacer actos con público, ni siquiera tropa propia. El estilo es producir estampas para la televisión a la que por cierto convoca con algunas curiosidades como saltar baches. Así fue en 2003, pero en la replay, este año, el candidato no viene acertando. La vez anterior fue cuando posó en una tarima sobre un basural acompañado de una niñita de un hogar humilde de Villa Lugano. El propio Macri confesó en público su arrepentimiento. Ayer, de otra manera, se repitió la falta de ensayo en actos proselitistas. Lo corrieron los placeros de Jorge Telerman, quien recordó que el monumento al trabajo, elegido por Macri para su acto, necesitaba mantenimiento. Un acto de la política clásica hubiera comenzado por un «copamiento» del lugar varias horas antes del acto con custodios de palco y escenario, que no dejarían pasar a nadie. Se vio una muestra en el acto del 17 de octubre en San Vicente.
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No quiere eso Macri, pero alguna prevención debió tomar. Le sirvió el «blooper» para dejar un recuerdo del acto que el público, cree él, no olvidará. Como no olvidó el salto al bache (lo más recordado según sus analistas de la campaña de 2004) o la pequeña intrusa de Lugano.
También le hizo perder una oportunidad a Telerman de mostrarse tolerante, aire que el jefe de Gobierno pide le impriman todos a esta campaña porteña y a la que pudo contribuir desplazando a sus placeros hacia otros espacios tanto o más necesitados de limpieza que el elegido por Macri.
Citó Macri para las 16 en la esquina de Estados Unidos y Paseo Colón, en la plaza donde se levanta el monumento «Canto al Trabajo». La logística de su equipo pasó por la zona al mediodía y comprobó que un precario vallado de postes de madera, alambre y tela media sombra estaba abierto, caído, dejando el paso a la gente.
Fueron citados movileros y cronistas; cuando armaban sus equipos, desde el Gobierno de la Ciudad enviaron una cuadrilla que supuestamente estaba plantando césped y arreglando la deslucida plaza, por cierto un predio en malas condiciones.
Así fueron desalojados los camarógrafos y a la hora de llegada de Macri estaba clausurado el acceso a la plaza, mientras que unos regadores salpicaban a los invitados. Habrá que decir que en otras tropas, cuando se asientan las bases para un despliegue mediático difícil es que se permita la invasión de ese territorio.
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