Bloqueo de Bush a Chávez signa cumbre de Brasilia

Política

Tal vez Néstor Kirchner descubra esta semana, en Brasil, el sentido estratégico que tuvo la cordialidad de Thomas Shannon, el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos que lo visitó el jueves pasado. El Presidente llegará mañana a Brasilia y será recibido por Luiz Inácio Lula da Silva, quien lo invitó para que realice una visita de Estado. El jueves se sumará al encuentro Hugo Chávez. Se hablará, es obvio, de la algo ficticia, por ahora, incorporación de Venezuela al Mercosur. También del gigantesco gasoducto que se quiere construir desde Caracas hasta el Plata. Y con los anfitriones se volverá a discutir, acaso de manera definitiva, la Cláusula de Adaptación Competitiva que los industriales argentinos demandan a Felisa Miceli para compensar desequilibrios de comercio en los flujos con Brasil. Sin embargo, aunque de modo menos estridente, habrá un tema principal de estas conversaciones: la decisión de los Estados Unidos de iniciar un bloqueo tecnológico sobre el gobierno de Chávez en materia militar.

El Departamento de Estado anunció el viernes pasado dos decisiones importantes, a las que el gobierno argentino ha de prestar atención, sin duda. Una, la de vetar la venta de aviones españoles, producidos por Construcciones Aéreas SA, a Caracas. La otra, hacer lo mismo con aeronaves de Brasil, fabricadas por Embraer. En ambos casos, el mismo argumento: Chávez puede desestabilizar la región con el uso de esas máquinas.

El gobierno de George W. Bush está facultado legalmente a impedir ese tipo de ventas si suponen transferencias de tecnología de su país hacia gobiernos que no son amigos. Esta vez hizo uso de ese derecho y, por primera vez, llevó al terreno práctico la censura contra el régimen bolivariano, que hasta ahora era principalmente retórica.

• Aliado estratégico

Estas decisiones se tomaron exactamente en el momento en que Shannon visitaba al gobierno argentino. A la luz de las mismas, la foto del subsecretario con Kirchner adquiere un significado más rico. Ni qué hablar del retrato de Julio De Vido, iluminando con su nueva sonrisa la banderita de los Estados Unidos sobre su escritorio: el ministro de Infraestructura es quien administra las relaciones con el chavismo, convertido gracias a la compra de bonos, la provisión de fueloil y las proyecciones de ingeniería en un aliado estratégico del gobierno. También el obsequioso pasaje del enviado de Bush por el despacho de Nilda Garré, ministra de Defensa y ex embajadora en Caracas, toma otra luz en el contexto de las determinaciones que Condoleezza Rice, la jefa de Shannon, tomaba en ese momento.

El viaje de ese diplomático de los Estados Unidos a la Argentina llamó la atención por sus exaltaciones retóricas. Dijo que apreciaba la « hospitalidad y fineza» de Kirchner (vaya a saber qué le habían anticipado antes de salir, en Washington) y calificó de «exitosa» la Cumbre de las Américas, una especie de desconsideración para el mexicano Vicente Fox, quien fue casi insultado en el contexto de esa reunión, sobre todo por Chávez. Sin mencionar el estado de ánimo con el que regresaron a sus casas el propio Bush y la secretaria Rice, temperatura que tuvo ocasión de medir Lino Gutiérrez, el embajador saliente de los Estados Unidos en Buenos Aires.

Ahora esta reconciliación aparece como un intento del Departamento de Estado de «pinzar» al gobierno de Kirchner como socio mientras se ajustan las clavijas en la relación bilateral de los Estados Unidos con otros miembros del Mercosur. Para el santacruceño este nuevo cuadro constituye un desafío: ¿llevará Chávez el problema de su «discriminación» a la cumbre de Brasilia? ¿Obligará a su colega argentino a tomar partido? En el Palacio San Martín confíanen que eso no ocurra, lo cual es una manera discreta de advertir que la solidaridad con el bolivariano sería escasa.

• Riesgo menor

En el caso de Brasil el riesgo es mucho menor. Marco Aurelio García, el asesor de Lula en materia internacional, dijo públicamente que la interdicción de Washington será manejada exclusivamente por Embraer en una primera fase. Recién después entraría en escena la diplomacia del gobierno. Por más que la oficina de prensa de Itamaraty aclarara más tarde que Celso Amorim está estudiando el problema detenidamente. El canciller brasileño fue advertido por Rice de las decisiones que se estaban tomando. A propósito: ¿le adelantó Shannon a Kirchner o a Jorge Taiana las novedades que se conocerían al día siguiente? Dicen en la Cancillería que no. A pesar de que los dos vetos caían sobre gobiernos muy ligados a la Argentina: el de Brasil pero también el español (por boca de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, Madrid anunció que mantendría la venta de los aviones, ahora con componentes de otro origen).

¿Qué es lo que sucedió en los últimos tiempos para que la política regional norteamericana se agriara de este modo frente a Chávez? Se podría enumerar el protectorado que decidió asumir el presidente bolivariano sobre Evo Morales y el nuevo gobierno «cocalero» de Bolivia, que tanto desvela a Washington. También el impulso que le proporcionó el triunfo indigenista en Bolivia a variantes similares como la de Ollanta Humala en Perú. Pero hay un dato más explicativo, que se suma a estos otros: la vocación de Chávez por vincularse con el régimen iraní. Un impulso que procuró transmitir a Morales, quien suspendió a último momento una escala en Teherán para su gira internacional. «The Wall Street Journal», con la firma de Mary O'Grady -verduga habitual de los Kirchner-, le dedicó el viernes pasado una nota al «Eje Caracas-Teherán».

El gobierno de Irán está hoy en el centro de las preocupaciones internacionales por haber reanudado un plan nuclear que está fuera de control de la Agencia de la ONU que regula esta materia. Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania promueven la remisión del caso iraní al Consejo de Seguridad. Kirchner puede encontrar este problema en su camino de manera involuntaria: en marzo llegará nuevamente el turno para que la Argentina presida el Consejo.

No son éstas las últimas novedades que cambian en América latina el sentido de cualquier asociación con Chávez. Por la vía negativa, también las izquierdas uruguaya y chilena catalizan las definiciones. En el caso del Frente Amplio, por el anuncio de conversaciones con Washington para avanzar hacia un tratado de libre comercio. En el del socialismo trasandino por la definición de Michelle Bachelet, del todo previsible, de que su gobierno seguirá apostando al ALCA como objetivo de integración internacional. El claroscuro se vuelve, entonces, más nítido. Y es probable que la ambivalencia de Kirchner tenga que ceder.

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