Causó repercusión la nota que reprodujo este diario del sociólogo de izquierda estadounidense James Petras, quien dice que no es seguro que Evo Morales sea una real opción de izquierda. Claro que Petras ve todo desde el ángulo de una izquierda ortodoxa, anquilosada, pero sirve ese debate porque señala un hecho común cuando se pasa de las ideologías a los realismos políticos. Ocurrió con candidatos populistas que ganaron gobiernos y se volvieron abruptamente realistas, seguramente porque entendieron que con quimeras no se podía gobernar. No se sabe aún si éste es el caso de Evo Morales, o si este extravagante presidente se convertirá a las antípodas de lo que es hoy, como cree el profesor Petras. Los defensores del presidente boliviano no se hicieron esperar, y uno de ellos, el periodista Jaime Otero-Zuazo, lo respaldó en una nota para la agencia «BolPress» con una defensa desde la izquierda moderada. Este autor sostiene que no se le deben pedir a Morales posturas extremas «porque Bolivia nunca fue un país radical en aras de una revolución socialista extrema que nos devuelva al siglo XX de Cambodia o Vietnam o inclusive de la Unión Soviética, con el consecuente sacrifico de millones de vidas». Veamos ese análisis, titulado «Lo que Petras no entiende».
A pesar de que se evidencia un apoyo creciente de organizaciones, naciones y personalidades del mundo, existen muchas voces influyentes que no paran con su intromisión e insulto desmedidos al nuevo proyecto boliviano. Tales ataques vienen ahora de todos lados. Parecería ser que existe, en ciertas personas, un deseo de erosionar el hecho de que los bolivianos se despiertan e inician el progreso de una de las naciones mejor dotadas de recursos naturales y posición geográfica. Lo cierto es que Bolivia no puede limitarse a las deficiencias intelectuales y conceptuales de otros.
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El académico y conferencista de izquierda norteamericano James Petras confirma que los movimientos sociales estarán pendientes de que el gobierno mantenga su línea de compromiso eleccionario. Se espera la conformación de un gobierno que no postergue la resolución de las demandas sociales y que ataque frontalmente el tema de la pobreza de la mayoría nacional. Petras es miope al comenzar un ataque prematuro a Evo Morales y su gobierno, aunque ya se dejó escuchar su letanía de disconformidad incluso antes de las elecciones. Tenemos que considerar, en primera instancia, que si Evo Morales empieza a resolver los problemas sociales y económicos críticos de Bolivia, sin injerencia extranjera, desempleará a muchos profesionales sociales que, por décadas, han venido construyendo la multimillonaria industria de la «limosna social» en países como Bolivia. Esta «limosna social» no ha brindado resultados proporcionales a su inversión y ha beneficiado más a la oligarquía servicial que a las mayorías pobres, desplazando el progreso en áreas críticas de desarrollo como la salud y la educación.
Al atacar el modelo boliviano de desarrollo, ¿ pretende Petras decir que la capacidad de acumulación de riqueza nacional y el incremento del ahorro interno son propiedad y bien sólo de los países desarrollados? ¿O, como insinúa, qué una aplicación del capitalismo andino «por y para los andinos» sería « ridícula»? Por un lado, eso de que los bolivianos no pueden hacerlo, a menos de que se implanten las medidas desarrollistas de afuera hacia adentro, con obvias consecuencias desventajosas para los bolivianos, tiene un eco arrogante muy familiar a la campaña electoral de Podemos, a quienes la pedantería tan sólo de sus siglas les costó las elecciones. Donde Petrasy Podemos (partido que compitió con Evo) yerran es en olvidar la historia de los pueblos, sobre todo del pueblo boliviano. Sus plataformas políticas, una de extrema izquierda y la otra de extrema derecha, no vislumbran el momentum desarrollista de Bolivia, que no puede ser tabula rasa para todos los pueblos en cuanto a la implementación de medidas requeridas para el beneficio humano se refiere. Los doctrinarismosde ambas tendencias son manifestaciones políticas rezagadas.
• Falacia
La formulación de Petras de que Evo Morales y su movimiento se han «derechizado» en los dos últimos años es otra falacia y limitación intelectual. Lo cierto es que Bolivia nunca fue un país radical en aras de una revolución socialista extrema que nos devuelva al siglo-XX de Cambodia o Vietnam o inclusive de la Unión Soviética, con el consecuente sacrificio de millones de vidas.
Lo que Petras no comprende, y considera ridícula al generalizarla, es que la parte más importante de la producción agregada de Bolivia parte precisamente del proceso de la administración de bienes y servicios, por humilde que éstos sean, en manos bolivianas y en mercados bolivianos, constituyéndose así en la base del soporte material directo a las familias bolivianas. La función del Estado no es la de manipular las vidas de los ciudadanos, sino más bien ayudar a las familias a conseguir una estabilidad económica real y persistente, rompiendo las barreras sociales. El gobierno debe impulsar mejorías en la infraestructura del desarrollo, entregando en manos del pueblo el camino a los mercados internos y externos; también debe promover la salud pública para no padecer de enfermedades curables, y, por supuesto, impulsar la educación para incorporar mejor al boliviano al mundo moderno y a una mejor vida.
Es cierto que Petras percibe una Bolivia más generalizada, donde los hidrocarburos son un factor internacional en plena contienda geopolítica. Sin embargo, aquí también la sabiduría nacional tiene la capacidad de poder conducir políticas realistas y pragmáticas que partan de las exigencias sociales de todos los bolivianos, excluyendo a la oligarquía «cleptócrata» que ya va preparando maletas. Las demás acusaciones de Petras son de carácter personal y ridículo.
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