Buena diferencia en primera vuelta aseguraría ballottage
Con la entrega de hoy se inicia la publicación de la serie de informes preelectorales que elabora en exclusividad para este diario el Centro de Estudios Nueva Mayoría antes de cada elección. En esa serie, que se publicará hasta el viernes 25 de abril, se analizan todos los aspectos puntuales de los comicios a presidente del 27 de abril, y hoy hace hincapié en una situación clave: el sistema de ballottage. El informe realiza un repaso comparativo de cómo el mecanismo de doble vuelta ha funcionado en los 19 países de América latina donde se ha aplicado desde 1979.
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•Triunfo repetido
Dada la complejidad de la elección argentina -signada por una inédita dispersión del voto frente a una elección presidencial-, vale la pena analizar qué sucedió en estos casos, que bien podría darse en nuestro país.
En 1984 en Ecuador, Rodrigo Borja venció por un margen de sólo 1,6 punto a León Febres Cordero, quien en la segunda vuelta se impuso con 51,5%. El presidente electo tuvo una relación muy conflictiva con el Congreso y estuvo a punto de ser sometido a juicio político, cuando tras vetar una ley de amnistía fue secuestrado por un grupo militar. En este mismo país en 1996, Abdalá Bucaram había quedado segundo en la primera vuelta, levemente por debajo del primero, quien había obtenido sólo 23%, pero en la segunda gana con 54% (revirtiendo una diferencia de 0,8 de punto en contra en la primera vuelta). El presidente erosionó rápidamente su popularidad, siendo declarado «mentalmente incapacitado» por el Congreso pocos meses después.
Otros casos de reversión del resultado inicial se dieron con la llegada de Fujimori al poder en 1990 en Perú y con Jorge Serrano Elías en Guatemala al año siguiente. El primero de ellos, que había salido segundo con 33% y que después se impuso con 62% (revirtiendo una diferencia de 3 puntos) tuvo una relación muy conflictiva con la oposición, la que culminó con el «autogolpe» de 1992. El segundo, que pasó de 23% a 68% de la primera a la segunda vuelta (revirtiendo 1,6 punto), intentó seguir los pasos de Fujimori, pero fue obligado a dejar el poder.
•Crisis evitadas
Pero en los otros tres casos en los cuales ganó quien había salido segundo en la primera vuelta, se han logrado evitar las crisis institucionales precedentes.
En Santo Domingo, en 1996, Leonel Fernández, que había quedado segundo con 39% a sólo dos puntos del primero, en la segunda vuelta se impuso con 51,2% de los votos al obtener el apoyo del ex presidente Balaguer. En Colombia, en 1998, Andrés Pastrana del Partido Conservador ganó en la segunda vuelta después que había sido derrotado en la primera por el candidato del Partido Liberal, revirtiendo una diferencia de 0,2 de punto). En Uruguay, el actual presidente Jorge Batlle, quien en la primera vuelta había quedado 7 puntos por debajo del candidato de la coalición de izquierda Frente Amplio ganó en la segunda vuelta. En estos tres casos, no se produjeron crisis institucionales, probablemente porque tenían partidos políticos más sólidos, aunque en el caso colombiano el reciente triunfo de Alvaro Uribe mostró la crisis de las estructuras políticas tradicionales y en Uruguay el gobierno enfrenta crecientes dificultades derivadas de la crisis económica.
El análisis de los 19 casos en los que hubo segunda vuelta muestra que si el primero tiene una ventaja relevante, el segundo no logra imponerse. En los casos que se dio «reversión del resultado inicial», la diferencia en puntos fue muy leve, siendo el caso de Uruguay con el triunfo de Batlle el caso más extremo de reversión, ya que estaba 7 puntos por debajo del primero.
En conclusión, el análisis de las 42 elecciones con sistema de segunda vuelta realizadas en América latina desde 1979, muestra que sólo en uno de cada 6 casos se dio la «reversión del resultado inicial», siendo relevante para que esta posibilidad tenga lugar que la diferencia en puntos no sea sustancial.



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