4 de julio 2002 - 00:00

Buenos Aires: PJ atomizado, oposición sin candidatos

Buenos Aires: PJ atomizado, oposición sin candidatos
Eduardo Duhalde corrigió el calendario electoral y forzó reacomodos en el PJ bonaerense que podrían repercutir en su gabinete. Allí hay, al menos, dos precandidatos a gobernador: el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, y el secretario de Seguridad, Juan José Alvarez.

Esos nombres, de fe duhaldista -más Atanasof que Alvarez, quien fue díscolo hasta hace unos meses-, engrosan la profusa oferta que el peronismo presenta para la gobernación 2003, y que anticipa una primaria rabiosa.

Y la lista es inmensa: Felipe Solá; el jefe de Diputados, Eduardo Camaño; José María Díaz Bancalari; Osvaldo Mércuri; un ex ministro, Julián Domínguez; un actual, Mariano West; y los intendentes Julio Alak, Raúl Othacehé y Gilberto Alegre. Al margen, aunque se lanzó, reculó y validó a Solá, la primera dama hasta mayo próximo, Chiche Duhalde, es mención obligada entre los posibles candidatos a gobernador. ¿Vale lo mismo para el Presidente?. No.

A la promiscuidad y atomización peronista se contrapone la sequía opositora: la UCR está desgajada; el ARI, en vías de fractura y sin sello; la izquierda, diluida; y el centroderecha, excepto el menemista Luis Patti, no tiene todavía candidatos en Buenos Aires.

Desde allí que el ritmo electoral bonaerense lo impondrá el PJ. Por eso, es clave desentrañar el juego de disputas, alianzas e intereses que se bosquejan en el peronismo. En ese mapa, la zona fangosa es el vínculo entre Solá y Duhalde.

El gobernador blanqueó su intención de «jugar a fondo» por la reelección. Tiene delante a un ejército de duhaldistas que batallarán, en su beneficio o para despejarle el camino a Chiche. Hay tres escenarios: De acuerdo. Como hizo con Ruckauf en el '99, Duhalde avalaría la candidatura de Solá, pero a condición de compartir el poder bonaerense, lo que implicaría, entre otras cosas, el desembarco de ultraduhaldistas en el gobierno. Así Solá compra 4 años de problemas, salvo que Duhalde quede muy debilitado.

De combate. Solá desafiaría el armado duhaldista en la interna de noviembre. El gobernador diseñó un equipo para tener juego propio: dos ministros -Federico Scarabino y Haroldo Lebed-dejarían el gabinete para convertirse en gestores del felipismo. Las consecuencias de una disputa son impredecibles y remiten al tercer escenario.

De ruptura. Como amenaza, el gobernador expone la posibilidad de jugar por afuera del PJ. «Si jugamos al truco y perdemos, todo bien, pero que no nos canten póquer cuando nosotros tenemos cartas españolas.»

Enfrente, el duhaldismo tiene su propio tironeo. Alvarez, Atanasof, Camaño, Mércuri, Díaz Bancalari y Othacehé remiten -con disputas y enojos entre ellos-al Presidente y serán funcionales a ese esquema. Nadie de ese combo aportará a Solá en medio de la batalla.

En el pelotón que Alak -uno de los más fuertes alia-dos de Solá-, el díscolo Alegre,
Mariano West, en la ambigüedad de ser duhalde-felipista, y Julián Domínguez, triple agente «duhalde-rucu-felipista», el gobernador puede encontrar poder territorial y estructura.

El resto lo aporta la oposición. Reseña de ese mapa:

UCR. Partida en dos, entre storanistas y rebeldes encabezados por Gustavo Posse, quien podría ser candidato. Interna segura en el partido. Algunos candidatos posibles: Jaime Linares (Bahía Blanca), Abel Miguel (Junín), Ricardo Alfonsín y Posse.

ARI. No tiene personería en provincia, lo que somete a Carrió a los antojos del socialismo que pone el sello. Hay revolcones entre los socialistas -que promueven al diputado nacional Jorge Rivas-, el grupo que comanda Mario Cafiero (que se autoproclama candidato) y los frentistas que se sumaron al ARI.
  
Izquierda. La de siempre, repite el esquema de pelear por la supervivencia. Luis Zamora, bien visto en Capital Federal, no tiene referentes en provincia.

Centroderecha. Excepto Luis Patti, que coquetea con el frente de partidos provinciales y celebra a Carlos Menem (ver aparte), el resto no tiene ni siquiera nombres. Ricardo López Murphy no puede hacer pie; menos todavía Patricia Bullrich. El más armado es el cavallismo, que insiste con los nombres de siempre.

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