5 de septiembre 2003 - 00:00

Busca Ibarra arrebatar voto peronista de Macri

En el último tramo de la campaña electoral porteñahacia el ballottage del 14 de setiembre, el gobierno, que apuesta todo a la reelección de Aníbal Ibarra, se ha propuesto no descuidar el trabajo territorial, materia en la que sabe que el peronismo conoce con ventaja, sobre la heterogénea fuerza que aglutinó el jefe de Gobierno de la Capital Federal en su intento de repetir el mandato.

Por eso funcionarios y aliados organizaron un comando en las sombras, al margen de las decisiones de su propio candidato con la premisa de no consultarlo y «avanzar». Opinan que «él sólo escucha a su hermana Vilma y a Raúl Fernández» y que esos acompañantes no tienen título suficiente para competir con las recetas que el PJ usa camino a las urnas.

La iniciativa de reclutar votos en los barrios más adversos tuvo su comunión en Alberto Fernández, el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, y el ex ladero ibarrista Ariel Schifrin, quienes lanzaron el viernes pasado una ronda de reuniones de carácter diverso. En la primera se convocó a propios y aliados del kirchnerismo con la idea de motorizar la fiscalización de los comicios, tras el reproche que recibió Ibarra sobre el descuido de las mesas por parte de socialistas e iniciados del ARI.

Las otras tertulias, ya más reservadas, blanquearon la estrategia para intentar garantizarle al jefe de Gobierno los votos que requiere para vencer a Mauricio Macri y al Presidente, que no sufra la peor derrota de su corto mandato. Entre otros se dieron cita en dependencias de la Casa de Gobierno, además de Fernández (Alberto) y Schifrin, Alberto Iribarne, Abel Fatala (frentista, secretario de Obras Públicas de la Capital Federal), Guillermo Oliveri (secretario de Culto), Eduardo Valdez (jefe de Gabinete de Rafael Bielsa) y el dirigente PJ Tito Pandolfi, referente de la zona de Villa Lugano (parroquia 22), una de las que más votos proporcionó a Macri (41%).

• Consenso

En esas tertulias la propuesta de Oliveri se consensuó con rapidez: «trabajar sobre los sectores del peronismo que quedaron maltratados por la dispersión de las listas de Macri». Eso significatomar casos como el de Mauricio Mazzón (hijo de Juan Carlos, jefe de la unidad presidencial) u otros, como candidatos de Víctor Santa María (sindicato de encargados de edificios), que quedaron sin banca legislativa por las franquicias que otorgó el macrismo a otras listas. Seducirlos para que, una vez derrotados en sus apetencias personales, tengan una expectativa adicional con el eventual triunfo de Ibarra. Ese convencimiento, de producirse, se repicará en la tropa que maneja cada referente desde sus unidades básicas barriales, logrando votos para Ibarra, además que una buena fiscalización del comicio.

El objetivo de esa unidad de campaña es además fortalecer el accionar en los barrios donde Jorge Argüello y Cristian Ritondo dominaron la escenografía y se llevaron los mejores porcentajes para Macri. Eso es para Argüello la zona norte -hubo barrios donde el ingeniero obtuvo 52%- y para el ex subsecretario de Interior los populares Lugano y Mataderos.

• Expulsión

Para eso, lo primero que hizo esa logia fue expulsar a los embajadores de Ibarra en esos territorios.

«Es increíble, mandó de interventor en una parroquia al escribano de la Ciudad que no sabe nada cómo se organiza a la gente y así en todos lados», bramó el grupo. «No tienen experiencia, ni idea de un armado electoral», completaron la queja contra los noveles ibarristas.

Esa cosecha que estará lista para el domingo 14, lleva además otras premisas básicas: se hace al margen de la de campaña de Ibarra, sin consultarle ni pedirle opinión. Creen que el ibarrismo no podrá hacer un curso acelerado de trabajo territorial y menos en las parroquias que ellos mismos manejan, pero además consideran que Ibarra no conseguirá con cortes de cintas y afiches exclusivamente, los votos que necesita para superar a Macri. Refuerzan incluso esa teoría al corroborar que la última ingeniería de campaña del jefe de Gobierno es «no cometer errores», es decir, mantenerse a flote tratando de no hundirse, pero sin hacer intentos de avanzar por temor a retroceder, aun cuando Macri lo desorientó al cambiar imprevistamente de técnica con la devolución de agresiones.

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