El sueño de la tolerancia cero se cumplirá al menos por algunas horas en estas costas. Los aeropuertos de Carrasco y Punta del Este aparecían ayer militarizados, al punto que los vuelos civiles del balneario uruguayo operaron en el sector reservado a los aviones privados. La pista principal estaba cubierta de helicópteros Sykorsky y aviones Galaxy, previendo la seguridad para la visita de George W. Bush. Más de 1.000 agentes y custodios se han desplegado de José Ignacio a Colonia (allí se encuentra la estancia Anchorena, donde dormirá el presidente de EE.UU. entre el viernes y el domingo). Se presume que en alta mar hay un portaaviones para una eventual emergencia. Con todo eso, seguridad total -lo que les faltó a los turistas-en la Banda Oriental. No son menos los vigilantes que pueblan desde el fin de semana hoteles, bares y confiterías de Buenos Aires, y que llegaron para cuidar a Hugo Chávez, quien hará su algarada anti-Bush el viernes en el estadio de Ferro. El núcleo de ese grupo son los mismos cubanos que coparon Mar del Plata para la cumbre del año pasado. También hay venezolanos celosos casi hasta la paranoia de que algún francotirador agreda a su jefe. Tan preocupados están, que quisieron cambiar de escenario, porque no les gustan los edificios que rodean Ferro. Si se suma a esto el virtual blindaje de San Pablo, también a la espera de Bush, puede decirse que la seguridad reinará, por una vez, en el Mercosur.
«No arruguemos: hicimos el mundialista de Mar del Plata y en Córdoba llenamos el campus. Vamos a llenar Ferro.» Con un argumento casi de compadrito, Hebe de Bonafini desmanteló la precaución de la custodia de Hugo Chávez a montar su show «anti-Bush» en un estadio abierto.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La fornida avanzada chavista, que está en Buenos Aires desde el fin de semana, había expresado su temor porque detectaron que en la cancha de Ferro, con tantos edificios, crecían exponencialmente las chances de que su jefe bolivariano resultara víctima de un atentado.
«Con esas torres alrededor es una selva; es el escenario ideal si quiere actuar un francotirador», alertaron los venezolanos. Pero la reserva se diluyó -o se encriptó- cuando la dirigente de Madres llamó, con tono desafiante, a «llenar Ferro».
A su modo, Bonafini bastardeó el libretochavista que sostiene que EE.UU. gestaun atentado contra el bolivariano que, cada tanto, repite esa teoría por TV. De ser cierto, con su antojo Hebe expondrá a Chávez a un ataque.
Al margen de esa novela, fue una victoria de la titular de Madres en otro paño: la Casa Rosada envió intermediarios para que le recomienden mudar el acto al Luna Park, lugar donde sería, si no menos ruidoso, menos multitudinario.
En el Luna entrarían no más de 6 mil personas. En Ferro, según el cálculo de la organización, habrá lugar para 30 mil. Más que preocuparse por la salud/ seguridad de Chávez, la Casa Rosada prefería un acto reducido y controlado respecto de eventuales disidencias.
Oscar Parrilli y Edgardo Depetri empujaban esa opción y chocaron: Chávez delegó en Bonafini las definiciones (y los recursos) sobre la organización. Dispuso, por caso, que los micros para los militantes los pague cada clan piquetero. La embajada de Venezuela cubrirá el resto.
Esa mecánica se aplicó cuando Chávez, el año pasado, compartió acto con Fidel Castro en el campus universitario de Córdoba. Para evitar que se repita la batalla de protagonismos que se había dado en Mar del Plata, el bolivariano nombró a Bonafini como su canciller.
Respecto de aquel show cordobés habrá algunas diferencias:
Chávez espera que llegue Evo Morales, que regresa de Japón el jueves a Bolivia. «La voluntad es estar, pero no sabemos si va a llegar», dijeron, ayer, desde la Embajada de Bolivia en Buenos Aires. En Córdoba, «el Evo» se fue antes del acto y tuvieron que sacar a último momento la bandera boliviana. Se dijo que Kirchner pidió expresamente que le vacíen el acto a Chávez que, a esa altura, había copado la cumbre con Fidel.
En aquel caso, Chávez derivó los fondos para la organización del acto a Madres y Sergio Schoklender quedó como administrador de los recursos para movilidad y demás. Ahora, eso no se repetirá: cada grupo deberá autofinanciarse o, dicho de otro modo, pedir en otra ventanilla.
Con tanto despliegue, no está previstoque haya funcionarios de peso, aunque hay butacas reservadas para ministros y candidatos. Esta vez, la asistencia quiere ser disimulada, pero es muy obvia: uno de los encargados de la organización es Néstor Moccia, operador de Libres del Sur, que integra el gabinete piquetero de Parrilli y está a cargo de los actos de Kirchner en el interior. Para cuidar las formas tampoco se repetirá lo de Córdoba, cuando el vice de Interior, Rafael Follonier, estuvo en el palco entre Fidel y Bonafini.
Dejá tu comentario