Cada cual le habló a su público
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Rafael Bielsa, con un juego propio, intentó salir de su tercería concentrando el fuego en sus contrincantes; por eso se dirigió más a Carrió y Macri que al público, sabiendo que los votos que le faltan los tiene alguno de los otros dos. Intentó también instalar la consigna que le habían indicado debía instalar: que él es Néstor Kirchner y que lo tienen que votar por esa identificación. Quedó claro por la enfática defensa que hizo de la gestión del Presidente, más atacada por Carrió que por Macri pero al final consentida por los dos. Macri comenzó y terminó su intervención prometiendo que apoyará todo lo bueno que hagan el gobierno y los demás partidos, una forma de clavar la consigna de que lo que quiere es gobernar la Ciudad de Buenos Aires.
Que Bielsa y Carrió terminasen polemizando juntos contra Macri en este punto terminó beneficiándolo al candidato de PRO, cuyo negocio electoral es hoy mantenerse en el piso alto de adhesiones que tiene -y cuyo techo le cuesta hacer subir- polarizando con el resto de los candidatos.
Eso frustró la que debía ser la tarea ayer de Bielsa, quebrarle el discurso a Carrió, dueña de una franja de votos que cree podrían pasar a él, para promover la polarización Macri-Bielsa sobre el final de la elección. No lo ayudó que concentrase tanta agresividad hacia Macri, algo que alcanzó su tope cuando acusó al presidente de Boca de «gustarle la década de los noventa».
Macri: La década en la que vos trabajaste. Bielsa: ¿Y vos no trabajaste?
M.: Claro que trabajé, pero en la actividad privada. No designado por Menem, como vos.
B.: Era una carrera administrativa.
M.: ¿Qué carrera administrativa? Macri, como si esperara el momento, abrió una carpeta y empezó a leer decretos, primero uno firmado por un capitán de navío en 1982. Violenta respuesta a una agresión fuerte de Bielsa que éste hubiera preferido evitar.
Bielsa se tomó venganza. Fue en el bloque final, cuando Macri dijo que no era normal que un gobierno cambiase seis jueces de la Suprema Corte, un argumento razonable pero que la ironía de Bielsa lo terminó haciendo aparecer en defensa de la anterior composición del Tribunal. Aunque Macri intentó remontar la situación terminó identificado con una posición que le puede restar votos en la campaña. No es Macri el mejor polemista y debió anotar este tanto en contra.
Esa agresividad la inspiró también a Carrió a salirse del tono amable y agredir sobre el final a Macri y de paso a Bielsa.
Mencionó un decreto firmado por Kirchner y su canciller, entre otros, sobre construcción de cárceles concedida a una empresa vinculada al grupo Macri. «Me pregunto si Macri será capaz de controlar las empresas de su padre.» Un golpe bajo que ella no necesitaba porque venía indemne en el debate; nadie puede con ella cuando vuela con ideas irreprochables y con fuerte andamiaje lógico, aunque a veces no pertenezcan al territorio de la política. No bastó con que Macri dijera que se estaba enterando en ese momento del caso y que, como en Boca, él nunca haría que empresas de su padre fueran contratistas de su gestión.
Con Carrió y Macri logrando lo mejor que dan de sí -muy dotada ella, más almidonado él; seducida ella por la vocación intelectual de volar con las palabras, atado él a la necesidad de aparecer como hombre de hechos ante dos adversarios enamorados de la palabra- Bielsa es la gran incógnita de lo que ocurrió anoche. ¿Le llegó a alguien la frase: «Sé que me van a preguntar por Ibarra, yo lo voté y le pongo el pecho, aunque Ibarra tiene deudas», cuando nadie le mencionó nunca esa adhesión? ¿Fue prudente mostrar en público el formulario que hay que llenar para obtener una heladera de Alicia Kirchner? ¿Era necesario mencionar, a propósito de lo mismo, cómo había crecido la venta de electrodomésticos en la Argentina? Se dio un tiro en el pie con esa mención.
Carrió es dura e irónica en la respuesta cuando le dan lugar; lo tumbó a Bielsa cuando éste incluyó en las cifras de mejora de la economía los planes de reparto de remedios y preservativos. «Por favor, Rafael, si vamos a Suecia y decimos que el producto aumenta por el reparto de profilácticos se van a matar de risa.» Graciosa, lo remató con la frase: «El problema no es con vos, nosotrosnos vamos a llevar bien». (Risas.)
Bielsa: Pero no podés decir que cuando no está de acuerdo uno es ordinario o que el Presidente conoce sólo veinte palabras...
Carrió: No, ordinarios dije que son los Fernández. ¿Sabés qué pasa? Uno busca hacer frases y si uno dice que Aníbal Fernández conoce 5 palabras es divino, ¿no?
Sobre el estilo, que importa mucho en estos torneos: Carrió buscó ponerlo nervioso a Macri y al llegar no lo saludó, una forma de desairar para ganar ventaja. Reveló la intención al saludarlo con afecto cuando terminó la rutina. Macri se encastilló en el trato de «usted» a los otros dos, que se tuteaban entre sí y trataban al jefe de PRO de «Mauricio» buscando quizás arrastrarlo a la familiaridad con la política. Macri se defendió siempre como no político. Bielsa trató de salvar el estilo con lo que mejor hace, que es escribir. Pero tampoco debió leer. En el final, cuando el final exigía mirar a cámara, dar síntesis y hasta mostrar ojos húmedos como Carrió, se dedicó a leer un remate de poesía sobre la fugacidad del tiempo que lo dejó flotando en el aire.




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