Buenos Aires - Juan Pablo Cafiero hizo honor ayer a su título de ministro piquetero: visitó a los hombres que este movimiento tiene en la Legislatura provincial, el matancero Luis D'Elía y León Zimerman, diputado del PC.
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El ministro de Seguridad de Felipe Solá les llevó un mensaje conciliador, casi como un ministro de Desarrollo Social. «Vamos a dialogar con los piqueteros, vamos a escuchar el reclamo social», les dijo ayer pasado el mediodía.
Prometió retomar el modelo Arslanian» con «control ciudadano sobre la Policía» e informó, con cuentagotas, sobre el avance de la investigación de los incidentes de Avellaneda, donde murieron dos jóvenes.
Cafiero visitó ayer la Comisión de Derechos Humanos que comanda el frentista Alejandro Mosquera y también integra Mirta Adobbati del ARI. No fue ningún PJ: debía hacerlo Alberto Delgado, pero mandó un emisario.
D'Elía y los demás escucharon la declaración de «garantismo» del nuevo ministro pero le gruñeron cuando no pudo explicar datos clave de la investigación. De hecho, en tres preguntas puntuales, Cafiero sólo balbuceó excusas:
• D'Elía y Zimerman le preguntaron si la Bonaerense sabía si la SIDE, vía su segunda Oscar Rodríguez, había contratado a «cien pesados» para infiltrarse en la marcha. Cafiero respondió con evasivas. En el fondo, sigue siendo funcionario de Eduardo Duhalde, padrino político de Rodríguez.
• Tampoco supo explicar quién era el responsable del comando de las fuerzas que actuaron en forma conjunta ese miércoles trágico, donde se mezclaron efectivos de la Bonaerense, la Federal y Prefectura.
• Ni tuvo respuesta sobre por qué el comisario Alberto Vega, jefe de la Departamental de Lomas de Zamora, no estuvo presente en el puente el día del hecho. Suponen, los piqueteros, que se trató de una zona liberada.
Al final, casi con maldad, los dipupiqueteros reprocharon el desliz taquigráfico de Cafiero: el comisario sospechado de matar a Darío Santillán, que trascendió como Alfredo Franchiotti, era en realidad, Alfredo Fanccioti.
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