15 de junio 2004 - 00:00

Caída

La enemistad entre Graciela Ocaña y su segundo, en la conducción del PAMI, se cobró la estabilidad de José Ramón Graneros. Ex vicegobernador de Santa Cruz y aliado de Néstor Kirchner desde hace años, Graneros entregó su cargo el viernes, delante del Presidente. Se consolidó Ocaña, y ahora se abre en el PAMI otro debate, el de la normalización. Al calor de la pelea federal por la coparticipación, tomó vuelo nuevamente la idea de provincializar el instituto. Claro, los gobernadores y la administración central deberán afinar el lápiz: la pelea es por los fondos que deben transferirse con cada nómina de jubilados que pasaría a depender de las provincias.

Graciela Ocaña
Graciela Ocaña
El viernes, en el despacho de Alberto Fernández, se cerró un ciclo para el PAMI. José Ramón Graneros, uno de los funcionarios «pingüinos» al que Néstor Kirchner designó como viceinterventor de ese instituto, bajó los brazos y se dio por derrotado en la guerra que sostenía, ante cada resolución, con Graciela Ocaña, la titular del ente. Estaba el mismísimo Kirchner en la entrevista. No era para menos: Graneros fue aliado suyo en la provincia, vicegobernador y socio en la tarea de desplazar a Ricardo Del Val, el gobernador destituido en 1991.

Se consolida Ocaña al frentedel PAMI, al menos desde el punto de vista administrativo, amparada en su protector Fernández. El jefe de Gabinete es el valedor de los ex ARI, función que se extiende también hasta el Gobierno porteño, donde se desempeña Rafael «Balito» Romá. En este juego hay que inscribir la explicación que le dieron a Graneros cuando le aceptaron la dimisión: «No tenemos otro remedio que aceptarte la salida. No podemos entregarle la cabeza de Graciela a la Carrió tan temprano, ¿no te parece?». Graneros entendió y también les tomó la palabra a sus amigos cuando le prometieron otro cargo en el gobierno, tal vez una embajada o consulado general. Mientras tanto, no habrá ruido y el abandono de funciones en la calle Perú se celebrará recién el 30 de este mes.

• Apetencias

Mientras tanto, desde las bambalinas del sistema de salud, contempla la escena « doctor Ahorro», nombre con el que cariñosamente se conoce a Ginés González García, el ministro del ramo. Graneros conoce como nadie las apetencias de este sanitarista por la administración del PAMI. Por eso le advirtió a Kirchner que no aceptaría ninguna función en el ministerio: «Sería la oportunidad para que Ginés te pida un lugar en el Instituto, que es lo peor que te puede ocurrir a vos, Néstor», le habría dicho el viceinterventor saliente al mandatario. Hubo más detalles en la charla. Se habló de la contadora Insaurralde, del sistema de prestaciones médicas y, una vez más, de Norberto Larroca, santo patrono del sanitarista «Ahorro». Como siempre, todo queda registrado en el escritorio de Kirchner.

Ajeno a estas rendiciones de cuentas e informes que recibe el Presidente sobre su área, González García especuló durante el fin de semana acerca de la identidad de eventuales sucesores de Graneros (quien no se equivoca, por lo visto, sobre el comportamiento del ministro). La bolilla cayó sobre el nombre de Silvestre Begnis, hijo de aquel célebre gobernador frondizista de Santa Fe, que secundó a José Corchuelo Blasco en la Gerencia de Prestaciones del PAMI durante el primer tramo de la presidencia Duhalde. Antes había sido interventor de la obra social de los trabajadores rurales. Ahora Begnis secunda a González García como asesor en medicamentos, una de las especialidadesde «doctor Ahorro». La sucesión de Graneros debe ser ubicada en un temario más amplio. El gobierno envió al Congreso la semana pasada una ley de normalización del PAMI, que competirá en las cámaras con otros dos proyectos originados en la Comisión de Salud de Diputados. Sucede que la gestión de Ocaña vence en la primera semana del mes próximo y Kirchner debe renovarle su condición de interventora mediante un decreto. Ciento veinte días después de la sanción de la ley de normalización deben elegirse autoridades. ¿Volverá Graneros en esa instancia?

• Vinculación

Es un interrogante menor al lado de otros que comienzan a insinuarse en estos días.

Sucede que dentro del gobierno se comienza a vincular la reforma del PAMI con la discusión federal abierta a propósito de la coparticipación. Una vieja idea, la federalización de la obra social de los jubilados, cobró nuevamente vigencia. Se trata de encargar a los sistemas de salud provinciales la atención de los ancianos, a cambio de derivarles también los aportes en ese concepto. Claro, cada vez que se insinuó esta posibilidad se hizo un cálculo mezquino -según las provincias-del dinero que se les entregaría en concepto de cápita: se habló siempre de $ 36 por jubilado y los mandatarios de provincia pretenden $ 100.

Para una pelea cada vez más cruda entre la Nación y las provincias, no habría que descartar que el PAMI sea también variable de la negociación. Con una ventaja para el gobierno nacional: la posibilidad de quitarse de encima de una vez por todas un organismo inmanejable por su dimensión y cada vez menos apetecible en términos de proselitismo o movilización de gente.

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