5 de diciembre 2001 - 00:00

Caótico esquema de seguridad palestina

Jerusalén - Arafat no se siente seguro. Según fuentes internas, el «rais» palestino está creando una nueva fuerza de policía para protegerse a sí mismo y poner orden entre los servicios de seguridad, donde la indisciplina y los personalismos han alcanzado niveles intolerables.

Esta noticia, junto a los problemas internos que está provocando dentro de estos cuerpos la orden de Arafat de detener a activistas armados de grupos integristas, vuelve a poner sobre la mesa el caos de la seguridad palestina.
Una nueva fuerza de policía. Encontrarle nombre no va a ser fácil. En la nutrida jungla de servicios secretos y cuerpos de policía palestinos no quedan ya muchas denominaciones disponibles: Seguridad Nacional, Seguridad Presidencial, Guardia Presidencial, Inteligencia Militar, Inteligencia General, Seguridad Preventiva, Seguridad Especial, Administración de la Seguridad General... Así
hasta 18 organizaciones que constituyen el más complejo organigrama policial del mundo y, quizá también, uno de los más confusos.

El caos ha sido algo consustancial a las fuerzas de seguridad palestinas desde su misma creación en el Acuerdo de El Cairo, hace siete años. Lo que era, sobre el papel, una fuerza de 7.000 policías fue dilatán-dose rápidamente hasta convertirse en una constelación de organismos que suman en total entre 35.000 y 45.000 efectivos. Algunos de estos organismos pueden ser tan enigmáticos como la Administración General de Seguridad, cuyas funciones son un misterio quizás inclusive para quienes la dirigen. O tan chocantes como la Policía Marítima, parte de cuyos efectivos se encuentran desplegados en Cisjordania --re-gión sin acceso al mar-y uno de cuyos cometidos es, un poco inesperadamente, el de policía antidisturbios.

• Laberinto

Fiel a su estilo, Arafat ha multiplicado los distintos organismos de seguridad, a menudo con las mismas competencias, hasta crear un verdadero laberinto administrativo. Lo ha hecho para premiar a personas leales pero de poco talento, y como medio de control para garantizar que ninguno de los jefes de seguridad adquiera demasiado poder.

Alguno de estos nuevos señores feudales de la seguridad palestina ha comenzado incluso a hacer política.
Es el caso del jefe de la Seguridad Preventiva palestina en Cisjordania, Yibril Rayub. El duro jefe de los «muhabarat» (policías secretos), que pasó más de 10 años en las prisiones israelíes, airea su proyecto de «dar un giro» a la Intifada y ofrecerse como interlocutor con Israel. Frente a él tiene a su colega de la Inteligencia General en Cisjordania, el no menos duro Tawfik Tirawi, quien sabotea en sombra sus esfuerzos. Toda Palestina teme el día en que ambos hombres libren su duelo personal en las polvorientas tierras de Cisjordania.

Mientras, en Gaza, donde compiten el jefe de la Inteligencia Militar, Amin al Hindi, y el jefe de la Seguridad Preventiva, Mohamed Dahlan. Este último ha perdido el favor de Arafat. Al parecer, el presidente palestino estaba harto de la pereza con la que Dahlan ejecutaba sus órdenes de perseguir a la oposición y a los que violan los altos el fuego. Esta laxitud llegó a su punto crítico hace tres semanas, cuando una manifestación en contra de los bombardeos de Afganistán en Gaza estuvo a punto de convertirse en una revuelta abierta contra el gobierno palestino. Desde entonces, Arafat se preocupa de desplegar una unidad de policía especialmente fiel, las Fuerzas Centrales de Emergencia.

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