6 de diciembre 2000 - 00:00

Carlos Alvarez trata ahora de salvarse con Cavallo en el poder

Carlos Chacho Alvarez desató hace ya días una tenaz operación de prensa para llamar la atención sobre su próximo e hipotético encuentro con Fernando de la Rúa. En las mismas notas a través de las cuales anuncia esa entrevista también la solicita.
El método no es el más adecuado, según lo que sostuvo José Luis Machinea cuando dijo que «no es bueno que si tiene ideas para proponerle al Presidente las adelante a través de los diarios».

En rigor, a Machinea no le in-teresa tanto que se ventile o no por la prensa el supuesto plan de Alvarez sino que ese plan exista. Sencillamente porque el ministro advirtió desde el primer momento que se trata de una iniciativa en su contra.

En efecto, el ex vicepresidente considera que el ciclo de Machinea está agotado y que su falta de atractivo es la causa principal del estancamiento.

Es lo mismo que creía cuando todavía estaba en el cargo e imaginaba estrategias para que el ingreso de Domingo Cavallo al gobierno fuera asimilado por los radicales.

Es cierto que el tiempo pasó y que Machinea aumentó su capital durante el transcurso: está a punto de que lo coronen con más de 25.000 millones de dólares. Pero para Alvarez esa mutación, al parecer, no se produjo. Como si fuera presa del síndrome Walt Disney quien, de revivir, tardaría un tiempo en adaptarse a los cambios que se produjeron durante su estadía en la barra de hielo.

Desde el punto de vista del gobierno, la estabilidad de Machinea parece hoy fuera de duda. Primero, porque De la Rúa y sus principales colaboradores consideran que el ministro hizo una demostración de poder importante con la gestión del financiamiento internacional. Segundo, porque existe todavía un compromiso político de sostener al equipo actual, nacido cuando éste tambaleaba. Fue en un almuerzo, en Olivos, que De la Rúa bendijo esta tesis que Chrystian Colombo expuso delante de Adalberto Rodríguez Giavarini, Ricardo López Murphy y el mismo Machinea: «Sigamos el ejemplo de Brasil, donde Cardoso resistió la salida de Pedro Malan. El ministro arregló con el Fondo, le dieron la plata y actualmente sigue al frente».

Todos admitieron la comparación -sobre todo el interesado-y dejaron en la penumbra el hecho de que en el otro país se tiene más en cuenta al presidente del Banco Central, Arminio Fraga, que a Malan. De la anécdota se desprenden dos datos. Primero, el cambio de enfoque de Colombo, quien en su momento fue uno de los funcionarios más entusiastas ante la eventual incorporación de Cavallo. Un gobernador del PJ fue testigo de esta modificación en el enfoque del jefe de Gabinete el martes por la tarde. Públicamente Colombo dijo que «es malo ver a Cavallo como un salvador, porque eso es un retroceso para la democracia y malo para él, que hizo una buena elección en la Capital. Es malo pensar en salvadores porque duran poco y defraudan rápido».

Segundo, que la idea de echar a Machinea no pasó por la cabeza de De la Rúa ni cuando el ministro estaba peor de salud política. Menos aún la de reemplazar a Colombo, hipótesis que hoy figura también en las conversaciones del jefe del Frepaso con Cavallo.

Que Alvarez tampoco piensa lo mismo que el gobierno en este punto es evidente. Da la impresión de que aún no captó la dimensión del respaldo que obtuvo la Argentina durante la crisis. O que piensa que ese respaldo puede malograrse por un ministro poco carismático al que, además, se propone dividirle el área en dos secciones: Finanzas y Producción. Por otra parte, tampoco estaría dispuesto a hacerse cargo de las dificultades políticas que generaría su propuesta. No sólo en el seno de la UCR, donde Raúl Alfonsín tiene excomulgado al ex ministro de Carlos Menem desde hace tiempo.

También el peronismo comenzaría a mostrarse belicoso si la receta de Alvarez se impone. Por lo pronto, Menem ya le comunicó a De la Rúa en una comunicación telefónica reciente que «nos vas a tener apoyando siempre que no quieras darle el poder a Cavallo; si lo haces, será una declaración de guerra para nosotros». El dato es importante para el propio titular de Acción por la República, ya que si tiene alguna expectativa de incorporarse al Ejecutivo -y la tiene-querrá saber qué permeabilidad tendrán sus proyectos en la oposición, sobre todo la de los gobernadores y el Congreso.

Con independencia de las reacciones que provoque, la cooptación de Cavallo al esquema oficial entraña una anomalía política profunda y desafiante: ¿cómo entregarle el poder a alguien que salió tercero -y cómodo-en la elección de la cual el gobierno obtuvo su mandato? El ex ministro de Menem es más que un técnico al que el mercado le atribuye alta competencia. Es un candidato a presidente, que compite por el lugar de De la Rúa, una evidencia que tienen en cuenta todos los que aspiran a lo mismo. Alvarez es consciente de todas estas limitaciones y por eso le aclaró a un par de íntimos: «Yo voy a ver si hay margen para la propuesta; si no lo hay, tampoco haré campaña en favor de un imposible». Algún cultor de la coherencia ideológica podría interrogarse sobre cómo Alvarez salda las diferencias que en ese plano lo alejan de su candidato a funcionario. Habría que advertirle que hay aspectos y personajes de la política con los cuales Chacho se muestra más pragmático que con otros.

Por el lado de Cavallo, en cambio, la expectativa por ejercer la función pública desde el Ejecutivo está viva. El diputado tiene una propensión natural por la administración y, además, cree que detrás del escritorio seduce más al público que encima de una tribuna, lugar en el que debió ubicarse desde que Menem lo exoneró, en 1996. Días atrás compartió una larga charla con un colega del PJ, a quien trató mucho cuando ambos ocupaban destacadas jerarquías en el Estado. En esa ocasión confesó su buena disposición para que lo convoquen, posibilidad que ha alimentado en los últimos tiempos exhibiendo ante De la Rúa un inusual espíritu de colaboración.

En cuanto a las ideas con las que piensa llegar al poder si las gestiones discretas de Alvarez tuvieran éxito, están al tanto de ellas quienes lo escucharon ayer en la sede porteña de la Universidad de Bologna. Entre otros, Roberto Rocca, Vincenzo Bare-llo y Francisco Delich. En esa casa Cavallo expuso las ventajas de mantener la convertibilidad pero refiriéndola no sólo al dólar, también al euro «cuando se convierta en moneda corriente, dentro de unos dos años».

Para esa época recomendó, también, una convergencia con Brasil sobre la base de esa flotación bimonetaria. Respecto del estancamiento actual, lo atribuyó sobre todo al desaliento que provoca el esquema tributario de la Argentina, que él propone cambiar radicalmente. Prudente, Cavallo no insinuó en un solo momento que pretenda ejecutar estas iniciativas desde ahora.

Más allá de esta trama de intereses y conjuras, falta tiempo para que Alvarez pueda exponerlas o al menos insinuarlas delante de De la Rúa. La reunión no tenía anoche en el gobierno fecha cierta. En principio, por dificultades de agenda del Presidente, quien viajará al interior el viernes y el sábado. Quedaría el domingo, cuando se cumplan 10 años de la llegada de la Alianza al poder. Habrá que ver si De la Rúa quiere festejar esa efemérides con su ex compañero de fórmula. Pero además de estas formalidades, en Olivos cayó pésimo que Alvarez adelantara a los medios de comunicación lo que supuestamente quiere decirle al dueño de casa.

Tal vez convendría que pida una audiencia para que lo atiendan. Cuando se quejó públicamente, Machinea estaba al tanto de este malestar. Por eso se lo vio tan contundente y severo en la defensa de su cargo.


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