27 de agosto 2001 - 00:00

Carrió terminó subiendo a todos a la ambulancia

Elisa Carrió terminó armando las boletas del ARI con retazos del PJ, la UCR, el Frepaso y el socialismo, a los que les extendió certificado de buena conducta. Todo un experimento que dará que hablar. Mística pero sin renunciar al rating, la heterogénea fórmula de juntar un peronista católico olvidado por el dedo de Eduardo Duhalde ( Mario Cafiero) con un agnóstico confeso (el discípulo de Alfredo Bravo, Jorge Rivas), una feminista amiga (la radical disidente Marcela Rodríguez) y un ex preso político con nulas posibilidades de renovar la diputación por el Frepaso (el ceterista Jorge Giles) en la provincia de Buenos Aires le pareció insuficiente para la caza de votos en la Capital Federal. A pesar de que cubría un amplio espectro multipartidario, en dosis homeopáticas. Todo un honor de crear una especie de política popular de mercado.

Devota de las conferencias de prensa y de los sets de televisión, completó el paradigma de la nueva política en territorio porteño con figuras del mundo del espectáculo que la radical «rebelde» transcribió de las solicitadas y las anotó como candidatos. En ese rubro, no discriminó entre una cantante «comprometida» (Susana Rinaldi), un arrepentido ex funcionario teatral de Carlos Menem y ex intérprete de Juan Domingo Perón ( Víctor Laplace) o una conductora de reality show ( Soledad Silveyra, de «Gran hermano»).

Crucifijo en mano, Carrió les quitó cualquier rastro de frivolidad -lo contrario hubiera resultado un impensable plagio al menemismo-y los transformó en candidatos. Valió la pena asegurarle pantalla a su oferta electoral para el 14 de octubre, ahora que el rating parece cotizar más que los mismos sufragios. Llegado el caso, deberá cambiar la Biblia por las planillas de Ibope para aventurar un boca de urna por adelantado.

Espantados

El «show de las cajas», que atrajo tantas cámaras de TV, espantó a otros posibles escuderos de Carrió en los próximos comicios. A último momento, el escritor Mempo Giardinelli se negó a encabezar las papeletas del ARI en el Chaco y la dirigente de los familiares de víctimas del atentado contra la AMIA, Laura Ginsberg, hizo lo propio en jurisdicción metropolitana. El industrialista Manuel Herrera, en cambio, mudó del lilismo a la nómina de Gustavo Béliz e Irma Roy el jueves pasado, no obstante haber participado del Movimiento República de Iguales cuando todos sus integrantes cabían en el departamento de la presidenta de la comisión

A la hora de sumar adhesiones para su anticipada carrera presidencial, la chaqueña recolectó con una imaginaria ambulancia VIP a desplazados de los partidos mayoritarios: en Córdoba a Hugo Storani (primo de «Fredi», una de las víctimas del lilismo) o al metalúrgico Alberto Piccinini, ex PJ, en Santa Fe.

Radicales

En Buenos Aires recogió al ex radical storanista Jorge Barracchia (intendente de Trenque Lauquen desde 1987), a su correligionaria Sara Suárez (diputada provincial por San Nicolás) y a chachistas desencantados, entre ellos, el maestro Giles y el sindicalista de ATE, Adolfo «Fito» Aguirre. Y los mezcló con los socialistas Rivas, Ariel Basteiro (gremialista de APA, que ganó fama con la crisis de Aerolíneas Argentinas), el diputado nacional Oscar González y la legisladora balcarceña Mirta Adobatti (fanática de los «fierros» y de Juan Manuel Fangio), más Henry Stegmayer, que rompió con el PSP y se quedó con la banca en La Plata.

La grilla de senadores, encabezada por
Barracchia, la completó con una dama de Coronel Suárez -cantera de polistas-, Lilian Bothan, que lidera un movimiento de resistencia a las ejecuciones prendarias e hipotecarias de productores agropecuarios. Esa vacante, originalmente, había sido ofrecida a Estela Carlotto, de las Abuelas de Plaza de Mayo.

De este lado de la avenida General Paz, acomodó los nombres de
Bravo, Héctor Polino y Norberto La Porta, del PSD, con parte de la farándula que contribuyó con firmas el ascenso de Carlos Chacho Alvarez y de Graciela Fernández Meijide ( Rinaldi, que es militante del socialismo democrático, Laplace y «Solita») y otros representantes de la transversalidad partidaria.

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