Carta del Comisario Mayor Frutos a Eduardo Duhalde
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Designan a Brandi como jefe de Gabinete en reemplazo de Massaccesi
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El "triángulo de hierro" sostiene a Adorni
No es difícil imaginarse su enojo y su inmediata decisión de tomar distancia astronómica tanto de asesinos de uniforme como de violentos de profesión, diciendo seguidamente todas y cada una de las palabras que la ocasión aconsejara.
Pero haciéndome eco de su dolor e indignación quisiera alcanzarle algunas ideas para que "poner en caja a la Policía bonaerense no sea tan difícil a la clase política", como Ud. propone, lo que peligrosamente nos deja como Institución casi fuera del marco democrático que debiera contenernos.
En primer lugar permítame recordarle con todo respeto que para poner en "caja a la Policía bonaerense" no se debiera repetir nunca el episodio de mayor concentración de poder que se tenga conocimiento en la Fuerza, como durante la Jefatura de Pedro Klodczyk, durante los cuales los oficiales de menor rango debimos escuchar de nuestro Gobernador que éramos la mejor policía del mundo, dejándonos descaradamente sin posibilidad alguna de crecer a partir de la autocrítica y el replanteo.
En segundo lugar permítame recordarle que si mal no recuerdo fue Ud. que para "poner en caja a la Policía bonaerense" la disolvió decretando la Intervención en 1997 y tras expulsar a casi un millar de altos oficiales fundó las "nuevas policías de la provincia de Buenos Aires".
Ud. no tendrá por qué saberlo, pero es mi deber recordarle que muchos de esos oficiales expulsados no regresaron por varios días a sus casas por no hallar explicación alguna para darle a sus hijos sobre los motivos por los que una Fuerza que los contuviera durante casi treinta años, ahora los expulsaba como a réprobos y herejes.
Aún así deberé recordarle Sr. Presidente que fue Ud. y no los oficiales expulsados o en actividad los que rifaron la nueva panacea conocida como "Reforma Policial". No ni los jubilados ni los cuadros subalternos los que decidimos que un buen día el Dr. Arslanián saliera eyectado del Ministerio de Justicia y Seguridad, rojo de auténtica calentura y emocionado hasta las lágrimas junto con nosotros (sí, con nosotros, los réprobos, los herejes, los indómitos...) viendo como Ud. rifaba todo el sacrificio de la Reforma Policial en las temerarias y oportunistas declaraciones de su candidato a Gobernador, que al amparo de las encuestas decía "... hay que meter bala a los delincuentes...".
Con más respeto aún deberé recordarle que Ud. designó Ministro al Dr. Lorenzo desandando lo que con tanto esfuerzo había costado avanzar y que de no mediar la "masacre de Ramallo" a un mes de ello, es de dudar que se hubiera vuelto a hablar de Reforma Policial.
No será necesario Sr. Presidente que le recuerde que fue su candidato a Gobernador quine designó como primer Ministro de Seguridad al Intendente Rico, apremiado como estaba por exhibir no ya una Policía "garantista" como la que le asegurara el Dr. Arslanián, sino una Policía "ejecutiva y efectista" como la que la reclamaban los tiempos electorales.
Tampoco será necesario tener que recordarle que cuando el Ministro Rico les dejó de resultar simpático no encontraron mejor decisión que dejarnos nuevamente "solos" para cumplir con las ansias de seguridad de una sociedad inquieta, designando entonces al Comisario General Verón, a quien también desecharon sin más motivo tiempo después, cuando las encuestas empezaron a pedir un perfil más civil.
NO seré yo quien deba recordarle todas y cada una de las promesas con las cuales se nos sedujo a los conductores de la policía para que adhiriéramos a la tan mentada Reforma: 1) Que dejaríamos para siempre de cuidar presos al construir para comienzos de 1998 las alcaidias y cárceles "sanas y limpias" que requería el nuevo sistema penal. 2) Que dejaríamos de hacer sumarios, perdiendo con ello los esfuerzos de nuestros mejores hombres en una tarea burocrática, estéril y difícil que nada tiene que ver con la seguridad. 3) Que dejaríamos de ser una Institución mendicante para ser una institución financiada con presupuesto real que atendiera a los gastos que demanda una Comisaría. 4) Que dejaríamos de ser una banda de improvisados condenados al error profesional gracias a un decidido apoyo presupuestario para el reentrenamiento y la capacitación en servicio. 5) Que dejaríamos de vivir bajo sospecha permanente al instaurarse un fuerte control interno de la Fuerza por parte de civiles que investigara con autonomía de criterio y sin dependencia partidaria. 6) Que dejaríamos de parecernos peligrosamente a una manga de harapientos uniformados para de una vez por todas contar con el presupuesto mínimo indispensable para equipos, uniforme y tecnología en seguridad. 7) Que dejaríamos de tener que trabajar jornadas maratónicas para redondear con adicionales y horas extras un salario digno. En definitiva que cumpliríamos con las condiciones básicas e indispensables que tornan funcional, operativa y moralmente aceptables a cualquier policía seria y democrática.
No seré yo quien deba recordarle con todo respeto Sr. Presidente que estas y otras muchas ideas fuerza tuvimos que predicar incansablemente todos los jefes policiales para que la Reforma fuera posible y lo tuvimos que hacer no sólo en los cuadros activos, sino con nuestros retirados, con los jubilados, con los expulsados, con las viudas e hijos de los caídos, con toda la familia policial y con los civiles y cuando ya creíamos que lo estábamos alcanzando vimos que Ud. cambiaba planes urgido como estaba por lo electoral.
Por ello, con todo el riesgo que Ud. y yo sabemos que significa esta carta, siento la obligación ineludible de recordarle que nunca he coincidido tanto con sus palabras como cuando dice en el diario Clarín de ayer que “o buenos sería consensuar un criterio y después seguirlo...” recordándole que nadie puede dudar que el criterio para solucionar el problema de “a bonaerense”lo conoce Ud. mejor que nadie, solo que no ha tenido la voluntad, el coraje o las ganas de mantenerlo en el tiempo.
“o sé que ahora vendrán caras extrañas”algunas con fisonomía de juez a formarme causas por mi atrevimiento, algunas con cara de funcionarios a reprocharme reglamentariamente mi osadía, algunas con caras de amigo a reclamarme mi falta de prudencia, pero ninguna vendrá con cara de conciencia a decirme que miento.
Al menos si se cumplen los más agoreros pronósticos y el destino de los argentinos sea el enfrentamiento entre hermanos pobres y menos pobres, entre hermanos de uniforme y sin uniforme, entre hermanos de derecha, centro e izquierda, quisiera como jefe policial en actividad contar con el consuelo de la sinceridad.
JULIO CÉSAR FRUTOS
COMISARIO MAYOR
JEFE DEPARTAMENTAL QUILMES



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