29 de octubre 2003 - 00:00

Cavalieri, en su propia casa, pasó de víctima a victimario

Armando Cavalieri consiguió lo inesperado: que se abra el edificio de Azopardo 802, sede tradicional de la CGT, y que vuelva a sesionar allí el consejo directivo de la CGT. Más no pudo, ya es bastante. Los dirigentes sindicales que se congregaron en esa casa se negaron a respaldarlo en su pelea contra Hugo Moyano, que era el verdadero deseo del viejo dirigente mercantil. Al contrario, la exposición de su problema ante un nutrido grupo de secretarios generales de sindicatos terminó orientando las acusaciones en su contra: «Si Moyano hace algo que no te gusta no es distinto de lo que nos hacés a muchos de nosotros en el interior del país cuando impugnás los convenios que cerramos con las empresas». Rodolfo Daer, el titular de la CGT tradicional, debió hacerse cargo de la lluvia de reproches que cayó sobre «el Gitano» y, cuando enfrentó a la prensa, sólo reclamó «que se cumpla la ley», no que se falle a favor de Cavalieri en el conflicto por los empleados de Carrefour.

Este aislamiento de Cavalieri no se produjo solamente por las antipatías que cosecha entre sus pares desde hace décadas: también estuvo impulsado por las negociaciones secretas que un sector de la CGT viene realizando con el líder de los camioneros para alcanzar la unidad en marzo del año que viene. En las conversaciones con sus pares, Moyano adelantó ya la semana pasada que «Néstor (Kirchner) ya me aseguró que lo de Carrefour va para mí». La decisión, por lo que se ve, ya fue tomada y no exactamente por Tomada, el ministro. A propósito: ¿qué estará estudiando? ¿Le habrá avisado Kirchner que ya decidió por él?

•Planteo

La paradoja de la tarde de ayer: Néstor Kirchner, que está al tanto de las tratativas de Moyano y un sector de la CGT, ganó con fuerza ajena la pelea que planteó Cavalieri en su propia casa.

La reunión de ayer comenzó con un planteo del propio mandamás de Comercio, quien realizó una aclaración innecesaria: «No vengo a que griten viva Cavalieri». Carcajada general, «el Gitano» tragó saliva y siguió: «Tenemos que defendernos entre todos, porque no se trata de un problema de encuadramiento entre camioneros y mercantiles por Carrefour. Lo que seguirá a esto es el ataque al modelo sindical argentino. Es decir, cualquiera va a poder quedarse con los afiliados de cualquiera. Es ese modelo el que tenemos que defender porque, si no, el gobierno terminará tocando la Ley de Asociaciones Profesionales (es la que rige a las organizaciones sindicales)».

El planteo de Cavalieri encontró resistencias demasiado pronto. Juan García, del sindicato de playas de estacionamiento, le recordó la cantidad de veces que los empleados de comercio impugnan negociaciones ajenas con el argumento de que «con la excusa de que son un gremio de servicios, tienen que quedarse con todo». La mejor ilustración la dio Domingo Petrecca, representante de los sepultureros, cuando dijo que «hasta a mí me discute que, como los cementerios privados son negocios, mis afiliados deben ser empleados de comercio». Segunda carcajada de la tarde.

En auxilio de Cavalieri salió Carlos West Ocampo. Mientras trataba de que su amigo no naufragara en la discusión, huyó hacia el mundo de las ideas: «Aquí no se trata de defender a un compañero ni a una organización. Debemos defender el modelo sindical». Fue entonces que lo interrumpió Vicente Mastrocola, del Sindicato del Plástico: «También eso es relativo. ¿Cuál es el modelo que tenemos que defender? Yo estoy en contra de la fragmentación que quiere imponernos (Víctor) De Gennaro, que quiere que a cada línea interna de un gremio se la convierta en sindicato. Pero también estoy contra el modelo de Cavalieri, que no es la fragmentación sino la globalización. Es decir, que todos seamos empleados de comercio. Decimos qué cargo nos das en tu gremio y vamos todos para allá porque entre Moyano y vos no hay diferencias».

«El Gitano» se fue soltando el nudo de la corbata, mientras sus abogados defensores se convertían progresivamente en fiscales. Daer, quien supone que las pulsiones por la unidad sindical terminarán desplazándolo de su cargo, pidió «que las relaciones entre nosotros no lleguen al agravio». Dante Camaño, representante de los gastronómicos de la Capital, insistió: «El agravio no se reduce a las palabras. Si yo firmo un convenio y Cavalieri me lo impugna sin causa, especulando con que algún ministro le dé la razón, también es un agravio». Mastrocola, que ya no soportaba tanta solemnidad, le puso un rayo de humor a la tarde: «Para mí, Armando, también es un agravio que los diarios te llamen menemista». Tercera carcajada de una jornada más bien austera en sonrisas entre los capitostes sindicales.

•Rol

La discusión por la situación de Cavalieri derivó en otra, más amplia, sobre el rol mismo de la CGT. Daer, Cavalieri y West, quienes manejan de hecho la central obrera, debieron escuchar planteos duros. Se les dijo, por ejemplo, que «no hay derecho a convertir esta casa en una gestora de reclamos sin política, sin propuestas». Hubo críticas por la pérdida de representación de los desocupados, que ya se habían escuchado en el discurso de Daniel Amoroso durante el Congreso de Cultura organizado por un sector de la central obrera en Córdoba. Ahora se sumó Gerardo Martínez, de la Construcción: «Así como estamos desafiados por los piqueteros en la representación de los desocupados, el próximo problema que se nos presenta es el de los trabajadores informales. Tenemos que pensar alguna forma de organización sindical, se trate de monotributistas o de empleados en negro».

Al cabo de estas discusiones, Daer recibió instrucciones para presentarse ante la prensa. El problema de Cavalieri quedó subsumido en un reclamo general: «Por aumento de salarios y no de tarifas». Oscar Lescano, de Luz y Fuerza, había adelantado informalmente lo que trasciende en el sector eléctrico: «El aumento de tarifas ya lo tienen definido en el gobierno pero se va a dar en un marco muy general de revisión de los contratos, presentado como una consecuencia de las nuevas inversiones». Sobre el conflicto de los mercantiles con los camioneros, se respetó la regla fijada en la reunión: Daer no habló en favor de Cavalieri sino en favor del cumplimiento de la ley. Mientras tanto, todos dieron por sentado que la información que ventilaba Moyano desde la semana pasada era buena y que Tomada le dará la razón. Desprovisto del calor de sus colegas, «el Gitano» deberá buscar vindicación en otro campo, el de los tribunales administrativos.

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