19 de marzo 2001 - 00:00

Cavallistas intentarán que el pase no termine disolviendo el partido

Preocupaba ayer a los legisladores de Acción por la República, el partido de Domingo Cavallo, que el ingreso del ex ministro al gobierno nacional terminara pulverizando la agrupación que creó el diputado tras retirarse de la gestión de Carlos Menem; por eso pedían el sello de una nueva alianza, o bien el voto popular.

Cuando Cavallo hacía ya más de una hora que estaba en la quinta de Olivos, los cavallistas más íntimos comenzaron una ronda de llamados telefónicos para alertarse sobre esa llegada y el curso de las negociaciones. El aspirante a arribar al gobierno nacional convertido en una pieza clave meditó en soledad los pasos.

Por caso, el diputado Alfredo Castañón viajó a Estados Unidos como muestra de la poca relevancia que el partido Acción por la República, que conduce el ex ministro, podría tener en la decisión. Guillermo Francos, convino desde la mañana en alentar el desembarco de Cavallo al gobierno nacional, mientras que José Luis Fernández Valoni se despachó con un proyecto de llamado a elecciones para cubrir la vacante de vicepresidente de la Nación y poner a Cavallo en esa boleta electoral, aunque se enteraron después del mediodía de que la conversación con Fernando de la Rúa estaba en curso.

Algo de cada una de esas mociones llevaba el ex ministro a Olivos desde el avión que lo regresó de Chile: Acción por la República le pedía que no sepule el proyecto que esperó cuando se retiró del gobierno de Menem, por «un acto patriótico».

El apoyo político que reclamaba el ex ministro de Carlos Menem, con sostén de gobernadores peronistas y los popes mismos de la Alianza, Raúl Alfonsín y Carlos Chacho Alvarez dejaban a AR atrapada en el escenario electoral venidero, adelantado o en fecha.

AR tiene 12 diputados nacionales, de los cuales 5 son de la Capital Federal y el resto de la provincia de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. A su vez integra la primera minoría en la Legislatura porteña, dentro de un bloque surtido con peronistas y belicistas, que representa la principal oposición a la Alianza en la Ciudad, con 20 legisladores contra 25 de la coalición UCR-Frepaso. Ese lote menor no preocupa a Cavallo ni AR, que lo considera casi fuera de juego en cuestiones partidarias.

Desde el núcleo más rígido del cavallismo en el Congreso se alentó desempolvar el proyecto que surgió del propio Cavallo cuando renunció Carlos Chacho Alvarez a la vicepresidencia, para llamar a elecciones por su reemplazante. La imaginación de los diputados de AR es que el voto popular le ponga cierre al acuerdo de
Cavallo con la Alianza. Los obsesionaba ayer, ya resignados a una incorporación de su jefe al gobierno nacional, que dos cosas pudieran quedar claras: una que Cavallo era el presidente de Acción por la República, y la otra que Cavallo que no se sumaba a la Alianza, sino que en todo caso «De la Rúa está en la alianza equivocada».

Para el cavallismo esas urnas con las que sueñan parten de evitar que no sean ni
Menem ni, llegado el caso, Ruckauf o una liga de gobernadores, los que sostengan de la mano a su líder en el gobierno. Están convencidos de que un acuerdo en esa línea podría pulverizar a la fuerza que pretenden retener. Para convencerse de la jugada, incluso, se dicen unos a otros: «A Cavallo le conviene seguir siendo el presidente de Acción por la República, porque de ese modo está a la altura de los demás presidentes de partido», como si el aval que De la Rúa buscaba en su figura fuera esa porción de afiliados que impulsaban, aún ayer, más un proyecto electoral propio que un cogobierno en el que no haya más reparto.

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