Cavallo divorcia a Álvarez de Ibarra
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Ibarra, que diseña ya su alianza propia con la base que tiene en la Capital, y dando más cabida a peronistas y extrapartidarios, consideró que era «un error político» del gobierno llamar a Cavallo para que recomponga la situación.
Ibarra quiere tener la foto completa del nuevo gabinete nacional antes de tomar una decisión con respecto a la suerte de lo que llama «su» Alianza en la Capital Federal y abrir el juego con pretensiones presidenciales. Lo hace dudar el calendario que le imponen los hechos, que se contrapone con sus planes personales: no logra mostrar en simultáneo una buena gestión porteña y un perfil nacionalizado como pretende, y apenas da tibias pruebas de ello cuando se reúne con gobernadores al solo efecto de reforzar su status ejecutivo.
Alvarez, que había abandonado a Ibarra, convencido de que Fernando de la Rúa terminaría amparándolo bajo su paraguas, recibió una muestra de amor del frepasista porteño aquel día en que el Presidente nombró jefe de Gabinete a Alberto Flamarique: Ibarra no fue a la asunción, y al día siguiente Alvarez renunció. Allí comenzó a recomponerse la relación entre ambos, pero siempre Chacho cosechó más adhesiones del frepasismo. Fue sólo un acto de lealtad, ya que el ex fiscal fue crítico de entrecasa sobre esa dimisión.
Ideas
Esa noche, mientras se monitoreaban las calles anegadas de Belgrano, Ibarra recolectó ideas de los suyos. Se habló en esa tertulia nocturna de varias posibilidades, que quedarían guardadas hasta que aclare el panorama nacional, claro.
En principio él quedaba algo descolocado, porque el día anterior había hablado con De la Rúa apostando al éxito del gobierno nacional y diferenciándose de la esposa de Carlos Chacho Alvarez. Le aclaró al Presidente que las declaraciones de Liliana Chiernajowsky acerca de que el Frepaso debía irse de la Alianza eran «sólo a título personal». En horas el Frepaso se había ido, por rebelión más que por una línea política conyugal, pero se había retirado.
En medio de la tormenta del viernes Ibarra recibió todo tipo de creaciones para sostener la muestra chica de la Alianza bajo su órbita, como que debía contener al menos a alguno de los funcionarios que habían renunciado a la Casa Rosada. Se inclinó por Ricardo Mitre, en señal de mayor sintonía con Chacho, de quien había parecido distanciarse el jueves de la aclaración. Se le insinuó también que era hora de reformular su gabinete, resignar radicales y traer a otras fuerzas. «No creo que sea el momento», les dijo Ibarra, mientras lo distraían los milímetros de agua caída.
El sábado el frepasista recibió de boca de Chacho las nuevas: «Mirá, Aníbal, que Cavallo se incorpore al gobierno ya es casi un hecho y yo en esta situación te diría que sería mejor que lo haga como ministro de Economía que como jefe de Gabinete u otra cosa».
Ante el silencio de Ibarra -donde Cavallo aparece como la figura que lo separa de Chacho- Alvarez insistió: «Hasta puede ser mejor, porque está en mejores condiciones de negociar con el Fondo Monetario, te diría..., además, que López Murphy tiene para pocos días».
«Si es funcional a una estrategia de reactivación y eso fortalecerá a la Alianza, no está mal, con un programa que estemos de acuerdo, no como salvador de la Patria», aceptó Ibarra e inmediatamente que cortó el teléfono siguió con una lista de llamados. Habló con los caciques radicales de la Capital y funcionarios de su gabinete, de la UCR y del Frepaso para insistir con que «la Alianza en la Capital se sostiene con la UCR y el Frepaso».




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