Cedió un Kirchner apremiado en Santa Cruz: cambia gobernador pero logra alivio social

Política

• No soportó el Presidente la presión en su ardiente provincia. Y reemplazó a su dócil Carlos Sancho -imputándole características represoras- por un sindicalista menos obediente: Daniel Peralta. Hubo enjuague constitucional para esta sucesión. El «que se vayan todos» patagónico avanzaba hacia la Casa Rosada • El inservible Sancho es el quinto gobernador kirchnerista que renuncia en dos años -lo precedieron: Angel Mazza (La Rioja), Jorge Colazo ( Tierra del Fuego), Aníbal Ibarra (Capital) y Sergio Acevedo, también en Santa Cruz-. Síntesis curiosa: las encuestas sostienen que el mayor apoyo electoral al mandatario es en el interior del país . Cayó bien la designación de Peralta (bancario, ex ubaldinista, interventor en Río Turbio), quien prometió paritarias generales para los empleados públicos. Al menos, se descomprimió la tensión social de los últimos días caracterizada por marchas, escaramuzas, violencia y numerosos heridos. No fue este cambio la solución que imaginaba el Presidente -más allá de que ya había conversado hace diez días con Peralta y rechazado sus iniciales condiciones-; reveló tardíos reflejos para enfrentar la situación: la peripecia de un hombre solo que consulta poco y que, por lo tanto, no supo resolver un problema salarial en la provincia que paga los mejores sueldos.

Los violentos incidentes ocurridos el miércoles y la encerrona del conflicto en la provincia, que había superado ya al reclamo docente, terminaron forzando ayer la renuncia del gobernador Carlos Sancho, quien desde hoy será reemplazado formalmente por el diputado provincial Daniel Peralta. Junto con Sancho también renunció todo el gabinete.

La dimisión fue el punto ¿ final? de una historia que en los últimos días pasó a ser el tema que desvela al Presidente. Aunque habló de « problemas de salud», Sancho salió del cargo expulsado por una crisis social de magnitud, sólo comparable a la rebelión de marzo de 2006 en Las Heras, donde resultó muerto el policía Jorge Sayago, cuyas consecuencias también pagó con su cargo el gobernador Sergio Acevedo.

  • Mensaje

    Con las escuelas cerradas desdehace más de un mes, las calles blindadas con una turba de gendarmes llegados especialmente al Sur y un alborotado escenario político, la provincia natal del Presidente es una caldera.

    Por eso, ayer, asumiendo a priori el rol de gobernador, Peralta intentó enviar un mensaje tranquilizador a una sociedad en ebullición permanente. Aseguró que abrirá el diálogo con «todos los sectores políticos y sociales» y sostuvo que la provincia «necesita pacificarse». «Nosotros somos el modelo del presidente de la Nación, hemos levantado Santa Cruz con ese modelo», se apegó.

    No es la primera vez que este ex sindicalista y ex subsecretario de Trabajo de la gobernación de Kirchner (ver nota aparte) aparece como opción. En marzo del año pasado, se lo mencionó para suceder a Acevedo, y hace dos semanas un encuentro a solas con el Presidente en Olivos avivó los rumores sobre su condición de posible gobernador.

    De todos modos, los docentes, estatales, judiciales y médicos cumplirán con la jornada de paro prevista y marcharán por las calles de Río Gallegos a las cinco de la tarde; dos horas antes de la asunción de Peralta. Para ellos, todavía, nada ha cambiado. Incluso ayer hubo varias corridas y algunos cortes de ruta en el interior, pese a las expectativas sembradas en torno a la renovación del jefe de Gobierno.

    Junto a Peralta se lo vio ayer al secretario legal y técnico de la Presidencia, Jorge Zannini, el enviado nacional encargado de monitorear el recambio. Sin embargo, su presencia despertó suspicacias: «Zannini viajó para quedarse, al igual que otros miembros del gabinete nacional», aseguró un hombre muy cercano al jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

    Pero, sin lugar a dudas, el gran desafío de Peralta será descomprimir el malestar surgido originalmente desde el sector docente. Para ello, adelantó que está trabajando para la presentación de un proyecto de ley para la apertura de paritarias para todos los sectores del estado provincial, una instancia eliminada por el propio Kirchner durante su paso por la gobernación santacruceña en 1991.

  • Otro frente

    Específicamente sobre el conflicto con los maestros, el ahora ex interventor de Río Turbio, dijo: «Ese sector continúa el diálogo en la mesa del Ministerio de Trabajo de la Nación, que sigo de cerca» y se mostró esperanzado de que el «lunes próximo todo en Santa Cruz vuelva a la normalidad y los niños puedan retornar a las clases».

    El otro frente es la Iglesia local, representada por el combativo obispo de Río Gallegos, el salesiano Juan Carlos Romanín, cuya prédica fue determinante para la ebullición de un conflicto en ciernes.

    Pero, de hecho, hay muchos que ya aseguran que Peralta mantiene una excelente relación con el clero y, en particular, con Romanín. Incluso, el miércoles a la noche, cuando ya había acordado con Nación su pase, visitó al purpurado para transmitirle la buena nueva y garantizarle un lugar en la mesa de negociación que abrirá con todos los actores de la sociedad sureña.

    Con la Iglesia a su favor (Romanín visitó, además, varias veces la mina de Río Turbio) y la perspectiva de aglutinar a los protagonistas de los reclamos, Peralta podría confiar en obtener una salida decorosa para el difícil momento.

    La llegada de Peralta a la gobernación de Santa Cruz requirió de un rápido proceso legislativo que destrabó su licencia en el cargo de diputado provincial por estar ejerciendo la intervención de Yacimiento Río Turbio por orden del propio Kirchner, tras la explosión de 2004 que provocó la muerte de 14 mineros.

  • Unanimidad

    De esta manera, la Legislatura primero aceptó la renuncia del vicegobernador en ejercicio del Poder Ejecutivo, Carlos Sancho, y después, por «unanimidad» de los presentes, 20 diputados de un total de 24, designó vicepresidente primero del cuerpo al diputado Peralta. El enroque alcanzó a la actual titular de la Cámara de Diputados, Judith Selva Fortsmann, quien lleva en su sangre la presencia genética de Emilio Massera, el pariente inconfeso que el Presidente le achaca. Tan arraigada se encuentra esta teoría, que incluso cuando el año pasado, por un serio problema de salud, Sancho abandonó la provincia, Kirchner evitó en todo momento pensar en Fortsmann como la reemplazante, aunque la Constitución-provincial así lo indica. Pero, además de forzar la renuncia Sancho, el gobierno buscó ayer colapsar aún más la escena santacruceña exigiendo la renuncia por los violentos hechos del miércoles del intendente radical Héctor Roquel, quien participó activamente de la marcha en reclamo de fondos adeudados por la provincia y que terminó con once heridos leves. Para el gobierno, la actitud de Roquel -señalado desde hace varios días por la Casa Rosada como el instigador junto con el senador Alfredo Martínez del presunto atentado contra la casa del Presidente- es por lo menos « inadmisible».

    Esa teoría sumó adherentes a través de la Federación Argentina de Municipios, que aglutinó a media docena de intendentes del conurbano bonaerense en un «repudio» al jefe comunal de Río Gallegos. Lo acusaron de « organizar operativos y manifestaciones con el solo fin de provocar disturbios».
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