2 de mayo 2005 - 00:00

Celebración con clima de malestar

Existe malestar en la Fuerza Aérea, que ayer conmemoró en todo el país su bautismo de fuego en Malvinas, hace 23 años. Además de las celebraciones en las distintas unidades, el acto central se realizó en la I Brigada Aérea de El Palomar, con la presencia del ministro de Defensa, José Pampuro.

Los aviadores militares, que todavía no están repuestos del desguace que significó el pase a retiro de 13 brigadieres a principios de año, incluido el agregado de la fuerza en Washington (DC), por el presunto contrabando de cocaína detectado en España en un vuelo de Southern Winds, creen ser objeto de una persecución política.

Pero no es éste el único motivo del fastidio interno, al punto que ayer el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Eduardo Schiaffino, les dio seguridades a los ex mandos retirados que lo consultaron de que su mensaje en el Día del Bautismo de Fuego no contendría expresiones políticas. De allí las presencias de ex jefes como Basilio Arturo Lami Dozo y Ernesto Crespo en El Palomar -departieron con sus familias-, además de un nutrido número de brigadieres y mandos retirados en franca e implícita expresión de apoyo.

El otro tema que los trae mal es que ha trascendido que en el Ministerio de Defensa se está analizando sacar el Comando de Regiones Aéreas de la órbita del edificio Cóndor, aumentando las dudas y la inquietud interna sobre el rol que hoy cumple la fuerza. En realidad, este comando -que no es militar- fue un invento de Juan Domingo Perón porque antes no existía. En tiempos en que estaban vigentes las secretarías militares, todas las dependencias que hoy están en Regiones Aéreas estaban subordinadas a la de Aeronáutica. Por ejemplo, las direcciones de Tránsito Aéreo, Habilitación -antes Fomento y Habilitación, que en su primera acepción se refería a la ayuda destinada a los aeroclubes, hoy desaparecida-, Radares y también Aeropuertos. Es decir que todas estas direcciones quedarían desafectadas del arma aérea, dejando abierta la sospecha de ineficacia en su administración.

El brigadier Schiaffino hizo su discurso de evocación de aquella mañana del 1 de mayo de 1982 en el cielo de Malvinas, donde de entrada perdieron la vida 14 pilotos militares. Y después leyó el suyo Pampuro, con los consabidos almíbares a Néstor Kirchner y su histórica gestión. Fue después que el capellán militar, en su sentida invocación centrada en lo religioso, recordó a todos los caídos en la guerra contra Gran Bretaña. Parte de la formación eran los cadetes del vecino Colegio Militar y de la Escuela Naval. Escuchaban el jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini; y el subjefe de la Armada, vicealmirante Ernesto Juan Gaudiero; además del jefe de Estado Mayor Conjunto, brigadier general Jorge Chevallier.

También se leyó la totalidad de la nómina de caídos -en su abrumadora mayoría oficiales-, en la Guerra de Malvinas, por quienes los efectivos formados gritaron «¡presente!»; hubo un toque de silencio y luego el pasaje de aviones y helicópteros que rindieron en vuelo los honores a los caídos en combate, despliegue que se completó con un desfile terrestre.

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