CGT esquiva una crisis interna con planteo unificado: más albertismo y menos Cristina

Política

La instalación de un busto de Néstor Kirchner en Azopardo tensará la previa de una reunión de la "mesa chica" por la tarde.

La CGT intentará zanjar hoy una nueva crisis con una ayuda inesperada: la reaparición epistolar de Cristina de Kirchner les servirá a dos sectores en pugna para dejar atrás hostilidades y pasar por alto, al menos de momento, diferencias que hasta la semana pasada parecían insalvables y dejaban a la central obrera al borde de una ruptura. Al menos ese era anoche el espíritu entre los principales referentes de los “gordos” de los grandes gremios de servicios y del espacio de Luis Barrionuevo en la previa a la reunión de “mesa chica” prevista para esta tarde en la sede del sindicato de estatales UPCN. Ambos grupos se dijeron convencidos de la necesidad de preservar la unidad actual como herramienta para gestionar con la administración de Alberto Fernández.

La jornada será intensa para los gremialistas y expondrá sus diferencias en el plano político. A las 11.30 se hará el emplazamiento de un busto de Néstor Kirchner donado por la CGT Regional Oeste por la conmemoración hoy del décimo aniversario de la muerte del expresidente. El acto, al que el cosecretario general Héctor Daer invitó ayer mediante el chat de WhatsApp del Consejo Directivo, tiene como principales impulsores a los dirigentes del sector de la Corriente Federal (CFT), que no integra el órgano ejecutivo de la central obrera pero sí participa a través de algunos de sus referentes en las reuniones de “mesa chica” ampliada.

Daer, principal articulador sindical con Alberto Fernández, aceptó el arribo de la obra al edificio de Azopardo 802 a sabiendas de que se trata de un gesto que promete incomodar a dirigentes aferrados a la iconografía más tradicional del peronismo pero que no se sienten interpelados por el kirchnerismo. Más aún, que asegura la repulsa de los seguidores de Barrionuevo, un enemigo declarado del kirchnerismo que, sin embargo, se mantiene en lo formal como la segunda pata que sostiene la conducción de la CGT.

La instalación del busto, enojosa para algunos, podría haber pasado desapercibida si no fuera porque todavía resuenan en la central los ecos del acto del 17 de octubre que encabezó Alberto Fernández, con la participación de la mayoría de los sectores del peronismo, pero en el que la propia CGT tuvo un rol secundario a pesar de la localía. Como contó Ámbito días atrás, aquella convocatoria estuvo precedida de una reunión áspera en la que Carlos Acuña, el cosecretario general en nombre de Barrionuevo, se retiró de manera anticipada al grito de “alcahuetes” hacia sus pares de la jefatura que habían accedido a realizar el acto según los términos de La Cámpora.

Toda esa beligerancia, sin embargo, no parece destinada a desembocar en una fractura. Una recorrida ayer por los sectores preponderantes de la CGT daba cuenta de que más allá de los enojos había voluntad generalizada de llevar las diferencias a la “mesa chica” de la tarde para debatirlas con un espíritu constructivo y de sostén de la unidad. Esa perspectiva, negativa para las ambiciones de Hugo Moyano de desplazar a los actuales líderes para volver a conducir la central sindical –tal vez no personalmente pero sí a través de afines- se reforzó con la carta pública de Cristina de Kirchner.

Ni “gordos” ni Barrionuevo quisieran que el Gobierno terminara volcado a su versión más kirchnerista y eso solidifica esa alianza circunstancial que sostiene el binomio de jefes. Por eso hay un interés transversal en la CGT por las convocatorias renovadas a un eventual acuerdo económico social que impulsan los ministros Matías Kulfas (Desarrollo Productivo) y Claudio Moroni (Trabajo), de pura cepa albertista. Para Daer se trata de una elección personal y en la que, entiende, se juega el futuro del modelo sindical, atado a la suerte de la gestión peronista. El dirigente de Sanidad suele declarar que “la CGT es parte del Gobierno”. Para Barrionuevo el propósito es más pedestre: con los funcionarios de Alberto Fernández gestiona favores y trámites que el kirchnerismo jamás le habilitó ni le facilitaría en caso de tener esos resortes.

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