La CGT cerró ayer el culebrón del acto de este viernes con Alberto Fernández con una solución a su medida: cederá su salón de actos para que el Presidente brinde un discurso por un nuevo aniversario de la muerte de Juan Perón y a cambio recibió nuevas garantías de que el Gobierno finalmente auxiliará a las obras sociales sindicales como el propio mandatario se había comprometido. La convocatoria prevé reunir a gobernadores, intendentes y referentes del peronismo de todo el país con el alegado propósito de fortalecer al mandatario en momentos de máximo tironeo interno en el Frente de Todos.
CGT le “alquila” salón de actos el viernes a Alberto a cambio de solución para obras sociales
Los gremialistas reactivaron así una gestión trabada por la ministra Vizzotti por una compensación de 35 mil millones de pesos para este año.
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Será lo más parecido a un alquiler del salón Felipe Vallese con la reserva del derecho de admisión a favor del propio jefe de Estado, responsable en última instancia de asegurarse la presencia de los jefes distritales y partidarios del PJ. La expectativa de cobro de la CGT tiene un máximo de 35 mil millones de pesos, el valor que se calcula destinarán este año las prestadoras gremiales de salud a los servicios de educación y transporte de sus afiliados discapacitados. Alberto Fernández había asumido el año pasado el compromiso de cubrir con aportes del Tesoro esos gastos como compensación por el deterioro financiero sufrido por las obras sociales durante la pandemia.
De aquella promesa del Presidente, que en 2021 contemplaba una cobertura total de 11.400 millones de pesos, el Estado terminó por abonar $ 6.400 millones en aportes extraordinarios del Tesoro y dejó un saldo nunca pagado de casi 5 mil millones de pesos. La CGT inició 2022 con gestiones para cubrir aquel desfasaje y generar un nuevo auxilio para todo el año, con un cálculo total de 35 mil millones de pesos. El instrumento para saldarlo quedaría a cargo de la ministra de Salud, Carla Vizzotti, sindicada por los gremialistas como la principal responsable este año de la mora en una respuesta.
La convocatoria del viernes, ideada casi en soledad por Héctor Daer mientras participaba de una conferencia sindical en Fortaleza, Brasil, llegó en el momento oportuno para que la “mesa chica” de la CGT la utilizara como prenda de cambio para reanudar las gestiones. El criterio lo explicó un referente de los “independientes”, el sector que mantiene históricamente buen diálogo con todos los gobiernos: “si somos tan importantes como para prestarle al Presidente un escenario de relanzamiento, de mínima tienen que darnos repuesta a los planteos demorados que hacen a la salud de nuestros afiliados”.
El espacio de los “independientes” junto a Carlos Acuña, otro de los cotitulares de la central y delegado de Luis Barrionuevo, fue el que a media tarde del martes canceló la invitación que había planeado Daer. Lo hizo durante una reunión en la sede del gremio de estatales UPCN con la participación del dueño de casa y adjunto de la CGT, Andrés Rodríguez, el líder de los albañiles (UOCRA), Gerardo Martínez, José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Jorge Sola (personal del seguro) y Carlos Frigerio (cerveceros). Y fue el mismo espacio el que resucitó la convocatoria ayer una vez que encontró garantías de avance para las resoluciones destinadas a las obras sociales.
Otro punto de discordia fue la eventual presencia, en la sede de Azopardo 802, de dirigentes de movimientos sociales afines a Alberto Fernández. En particular se había especulado con la participación de Emilio Pérsico y Fernando “Chino” Navarro, líderes del Movimiento Evita y funcionarios del Gabinete. Esa concurrencia, en general incómoda para un sindicalismo tradicional refractario a las expresiones piqueteras, tenía como agravante que fuera leído como un desafío a Cristina de Kirchner luego de que la vicepresidenta apuntara a ese sector en particular durante su discurso en Avellaneda de la semana pasada.
El razonamiento, para un miembro de la “mesa chica”, fue que al validar sin debate previo esa asistencia la CGT parecía tomar partido a favor de Alberto Fernández en una interna del Frente de Todos de la que hasta ahora la central se había mantenido prescindente. Al delegar ayer en el mandatario la decisión sobre la lista de invitados, los gremialistas se sacaron ese peso de encima.
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