Carlos Alvarez les dijo a los suyos que se convenció de que cualquier intento de despegar ahora del gobierno está destinado al fracaso. Si en 2001 sobreviene un revés electoral para la Alianza, además, arrastrará a su figura y la de su partido. Por eso, espera el regreso de Fernando de la Rúa de Costa Rica (salió a la 1 de hoy, vuelve el miércoles) con una carpetita de ideas y una promesa: el movimiento vecinal con que amenazó sólo ocupará sus horas libres y no reemplazará la misión del Frepaso como partido político que, además, quiere seguir dominando.
El drama fue ordenar los emails: eran 10 mil y cuando quiso convocar a los remitentes a una asamblea descubrió que venían de París, Nueva York y Londres, no sólo de San Luis, Córdoba o Capital Federal. Cuando se les pidió precisiones de identidad, descubrieron que eran curiosos o noctívagos navegantes de Internet que habían respondido al llamado sin esperar mucho del destinatario. Abrumado por el desconcierto Chacho Alvarez se dio cuenta de que montar alguna organización solvente sobre tan extraño padrón, y mucho menos un Movimiento de Participación Ciudadana, era una ilusión. Por eso el primer taller de los convocados se pudo hacer recién el sábado por la mañana con un centenar de la Capital Federal y sin mucha fe en el organizador.
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Esta reunión no fue la única tarea con la que Alvarez se empeñó durante el fin de semana; también se ocupó de dictarles a los columnistas dominicales la agenda del encuentro que quiere mantener esta semana con Fernando de la Rúa. Con fidelidad conmovedora esos profesionales de la palabra reprodujeron sin críticas (aunque con alguna licencia) el programa que el ex vicepresidente empezó a diseñar la semana pasada para su retorno a la política. La minuta más completa la había elaborado el martes por la tarde en la tercera reunión de economistas que quiere convertir en una tradición de la Casa del Frente. Ese lote de profesionales se ha conjurado a acompañar a Alvarez a partir de un dictamen que éste les trasmitió en la primera cita: si el gobierno pierde las elecciones del año que viene, eso me arrastrará a mí y al Frepaso, por más que yo busque una diferenciación desde ahora. El segundo convencimiento es que hay nueva etapa dentro de la política y que el Movimiento de Participación es algo que Chacho hará en los ratos libres o por lo menos que no es una alternativa al partido. Es, confiesa, una vía para conservar adhesiones personales en quienes han aprendido de él el asco a las prácticas partidocráticas. «Esa gente, explica, necesita otro producto y lo tenemos que dar nosotros.»
El grupo de economistas lo integran Guillermo Rozenwurcel (asesor de Machinea), Marcos Makón (segundo de Chrystian Colombo en la Jefatura de Gabinete), Eduardo Sguiglia (jefe del ORSNA, ente que controla los aeropuertos), Enrique Martínez (secretario para las PyMEs), Lorenzo Donoe (vicepresidente del Banco Nación), Daniel Novak (asesor personal de Chacho) y Oscar Cuatromo, comisario del Frepaso en un destino privilegiado: el directorio del Banco de la Provincia de Buenos Aires.
Con ese grupo Chacho discutió los preliminares del texto que empezó a escribir durante el fin de semana y que le llevará entre jueves y viernes a Fernando de la Rúa en una coqueta carpeta:
1) saneamiento de la plata de la política a través de varios mecanismos, el más estridente una consulta popular no vinculante que le ponga un techo al sueldo de los legisladores de todo el país, un seguro de éxito en la opinión pública; 2) nueva ley de entes de control de los servicios públicos privatizados que fuerce a cubrir todos los puestos por concurso y que establezca rígidas incompatibilidades. Alvarez cree que la mayoría de esos organismos son cautivos de las empresas que deben controlar; 3) concentración del gasto social en una agencia o Banco Social que reduzca gastos para los más pobres, algo que Graciela Fernández Meijide reclama a gritos para sacarse de encima esa tarea que cree la acerca más al prontuario que al bronce; 4) división keynesiana de Economía: por un lado la promoción del crecimiento y por el otro la recaudación. En la primera tarea jura que quiere a Machinea (y no a Domingo Cavallo); para la segunda sueña con Daniel Marx o Ricardo López Murphy.
Los convocados al taller vecinal del sábado fueron los prime-ros que pasaron el escrutinio a que los sometió sobre esos emails la principal operadora de Alvarez para el proyecto vecinal, la politóloga Agustina Grigera. Esta es una licenciada en Ciencias Políticas salida de la Universidad de Belgrado y que cobra por esas funciones con cargo a un clásico «peneudé», como gran parte de los asesores de éste y del anterior gobierno. Son las partidas del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) que llegan colgadas de los créditos externos para pagar la administración de esas ayudas, tarea que deben desempeñar, claro, los allegados al poder. Hoy la función es asesorar a Chacho en el exilio interior.
Esa labor permitirá que el ex vicepresidente pueda hacer antes de fin de año unas 20 reuniones más como la del sábado, una especie de maratón sensorial durante la cual los asistentes se concentraron en grupos de discusión en los que se cumplió la consigna de quien los había convocado al teatro La Plaza, sobre la porteña avenida Corrientes. El objetivo se cumplió y es simple, en palabras de Chacho: «Transformar la bronca y la indiferencia en pasión por una causa que valga la pena».
Los asistentes, una mezcla de jóvenes muy jóvenes con veteranos muy veteranos y una buena porción de profesionales con dificultades de empleo recibió la recompensa principal: estrecharle la mano al Chacho.
El ex vicepresidente usó el encuentro para ensayar nuevos productos políticos. Con las artes que alguna vez lo convirtieron en un visitador médico-estrella, Alvarez les recordó a los presentes que nadie que se sumase al Movimiento de Participación Ciudadana podría nunca aspirar a una candidatura. Algunos se inquietaron en la butaca, perplejos ante el destino de «oblatos» (llámase así a los seglares que profesan votos y sirven a los benedictinos en los monasterios, renunciando de por vida a ser sacerdotes) que les depara esta nueva singladura del Chacho. Este completó los dictámenes: les ordenó silencio total sobre lo que escucharían porque quiere asegurarles que la prensa está lejos de esos encuentros, salvo para los informes oficiales que reprodujeron algunos diarios de ayer. Para demostrarlo, les vedó el ingreso a sus acompañantes más habituales como el vocero Ernesto Muro, el entornista Ricardo Mitre y hasta al «gordo Hipólito», su secretario más consecuente. ¿Por qué el secreto de este empeño? Alvarez dice que no quiere que los convocados a este movimiento sientan que son víctimas de una trampa y esto siga con la oferta de una ficha de afiliación o una candidatura. El filtro por el cual pasaron los e-mails quiso evitar la presencia molesta de esa gente que moriría por caer en una de esas trampas.
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