En los últimos días, y tras meses de promesas incumplidas y patinadas en obras de la provincia de Buenos Aires -entre otras- el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, infló pecho no por la “derrota digna” en las elecciones del domingo 27 de octubre último -sólo bajó cabeza ante una fuerte recriminación que realizó el lunes pasado Miguel Pichetto-, sino por el laborioso sistema de fiscalización que armó en poco tiempo y permitió un fino cuidado de los votos de Juntos por el Cambio en muchos distritos y ciudades.
Ministro infló el pecho, a pesar de "derrota digna"
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En Rosario, por caso, el trabajo fue casi nulo en las PASO de agosto y, días atrás, más que exhaustivo.
En Corrientes -igual se perdió, pero por menor diferencia- y Mendoza -se dio vuelta- sirvieron las quejas del macrismo puro hacia radicales gobernantes sobre los más que amplios esfuerzos a la hora de enfrentar trifulcas locales y la mirada hacia un costado -al menos, en las PASO- cuando Macri fue en la boleta presidencial.
Para la fiscalización de las elecciones generales del 27-10 fue insólita la movilización de personas organizada por el ministro de Justicia, Germán Garavano, junto a sus primeras y segundas líneas de aquella cartera.
Quienes imaginaron un trabajo titánico en múltiples escuelas se equivocaron: estuvo en una sola.
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