13 de octubre 2005 - 00:00

Chiche se lanza al conurbano exhibiendo símbolos del PJ

Chiche Duhalde, ayer en una escuela de La Matanza, sonriente porque un nuevo gurú del PJ pronosticó, a contramano del resto de los encuestadores, que está a 5 puntos de Cristina Fernández.
Chiche Duhalde, ayer en una escuela de La Matanza, sonriente porque un nuevo gurú del PJ pronosticó, a contramano del resto de los encuestadores, que está a 5 puntos de Cristina Fernández.
Un ejército de militantes y punteros del duhaldismo se lanzó a los barrios del conurbano bonaerense a juntar, casa por casa, votos para Chiche Duhalde. Con servicio a domicilio, los soldados del PJ saldrán a golpear puertas con boleta y pack de propuestas en la mano.

En esa especie de delivery electoral planea consumir los diez días finales de campaña el comando duhaldista, con un propósito que, a esta altura, dejó de ser una estrategia para convertirse en una obsesión y último recurso: retener el voto peronista histórico.

Sobre una base promedio de un puntero/militante cada 800 electores, las milicias que veneran a Eduardo Duhalde iniciaron la ronda definitiva -hubo, antes, ejercicios similares en algunos municipios- del plan «puerta a puerta» en busca de avales para Chiche.

• Nuevo gurú

Ayer, en cumbre, los operadores del PJ -José María Díaz Bancalari, Hugo Curto y Eduardo Camaño, entre ellos- dispusieron ese único retoque sobre la táctica global. «¿Para qué cambiar si así nos está dando buenos resultados?», se alentaban unos a otros. Duhalde no muestra números de un sondeo que ubica a Chiche a pocos trancos de Cristina, lo cual, de inmediato, convirtió al ejecutor del muestreo, el consultor Felipe Noguera, en el nuevo gurú del duhaldismo. (Ver recuadro en pág. 12.)

Con esas cifras -y el argumento de que el mayor peso son los símbolos del peronismo- en la memoria, el coronelato bajó indicaciones para reforzar la tarea territorial, visitando casa por casa: lo que, en un brote de misticismo, Chiche denominó «misionar».

Los duhaldistas detectaron el pánico de algunos jefes del kirchnerismo que alertaron sobrela confusión entre PJ y Frente para la Victoria (FpV) respecto de boletas, candidatos y representación partidaria de cada lista.

Por eso, el ejército de punteros recorrerá las calles del conurbanofocalizado en el primer y segundo cordón para distinguir «dónde está el peronismo». Lo ubica, y cuentan con el aval de la Justicia electoral, en la papeleta que postula a Chiche.

El consumo de datos y encuestas, un vicio indomable, les hace crecer las expectativas.

Ayer, el diputado y candidato
Jorge Villaverde recordaba que en 2004 una medición, cuando el PJ todavía no tenía candidato, le otorgaba 35% de intención de voto «al partido».

Cerca de
Néstor Kirchner anotan otra cifra preocupante: 38% de quienes anuncian que votarán por Cristina Fernándezlo hacen creyendo que estánvotando al PJ. ¿Cómo se comportará ese votante en el cuarto oscuro cuando vea que el PJ y la primera dama van en boletas distintas?

Esa confusión explica, al menos en parte,
por qué Kirchner y su esposa decidieron «peronizar» la parte final de la campaña: de hecho, el 17 de octubre compartirán dos actos para recordar el «Día de la Lealtad».

• Relevante

Entonces, el reparto casa por casa de la papeleta del PJ -donde figura, en letra catástrofe, el apodo Chiche, pero el apellido Duhalde tiene una presencia mínima, casi fantasmal- se convirtió en un detalle logístico de cierta relevancia en la previa electoral.

Encima, por demoras de Presidencia, las listas que encabeza
Cristina tardaron en salir de la imprenta, lo que les quitó tiempo a los punteros del kirchnerismo para «instalar» la boleta del FpV.

En ese jugueteo, los dichos de los candidatos buscaron animar la idea de la ruptura definitiva. Víctima -como muchos otros- de la confesión de
Alberto Balestrini sobre un pacto postelección, Chiche tuvo que diferenciarse por tercer día consecutivo del gobierno.

«Cristina y yo no vamos a representar lo mismo»
porque tenemos «diferencias ideológicas muy fuertes», dijo la candidata y aprovechó para reprocharle a su rival que «nadie conoce sus propuestas».

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