20 de julio 2005 - 00:00

CIADI: ¿se pierde en el Congreso lo que se logró en Madrid?

Eduardo Camaño
Eduardo Camaño
Festajaron ayer en el gobierno las novedades que llegaban desde España, al cabo de las gestiones realizadas por Julio De Vido delante de las principales empresas de servicios públicos, que van desistiendo de sus demandas ante el CIADI. No sólo en la Casa Rosada se notaba la alegría, también en Justicia, ya que Horacio Rosatti fue hasta ahora el principal encargado de la estrategia seguida por la Argentina ante ese tribunal arbitral del Banco Mundial, desde donde sólo llegaban malas noticias.

Con las negociaciones que el ministro de Infraestructura y el embajador Carlos Bettini llevaron adelante en Madrid se despejó casi 15% del problema que representan los pleitos en esa instancia internacional. Un avance que repercute en la negociación con el Fondo Monetario Internacional, que tiene a la relación con las empresas de servicios públicos como uno de sus principales capítulos.

Sin embargo, tanta celebración debería acaso suspenderse por un instante. Puede ocurrir que las conquistas que el gobierno realiza en el Ejecutivo las termine perdiendo en el Congreso. O en otra oficina del Ejecutivo, desde la que se está planificando la estrategia parlamentaria de Néstor Kirchner. En efecto, los 45 contratos de servicios públicos que están en curso de negociación deberían pasar por la Comisión Bicameral de Seguimiento de las Facultades Delegadas por el Parlamento. Ese cuerpo, decisivo para que se convaliden las tratativas realizadas por la Unidad de Renegociación de Contratos antes de que éstos pasen a la firma de los ministros, tiene una integración adversa para la ecuación que actualmente busca el gobierno.

• Pretensión

Las tensiones en el seno del oficialismo de Diputados aumentaron en los últimos días. El kirchnerismo ya no busca, como en un primer momento, que se sustituya al presidente del bloque, José María Díaz Bancalari, por otro legislador, tolerable para todos pero no identificado con Eduardo Duhalde. Aquel objetivo, que tal vez Díaz Bancalari hubiera facilitado, fue sustituido ahora por una pretensión más ambiciosa. Jorge Argüello fue comisionado por Alberto Fernández para un reemplazo más amplio de la actual conducción de la bancada. Para eso se promueve el encumbramiento de una especie de tetrarquía, compuesta por el propio Argüello, el rionegrino Osvaldo Nemirovsci, el cordobés Carlos Caserio y el salteño Juan Manuel Urtubey. Sólo Caserio teme quemar en este tramo de la operación una posibilidad acaso más cierta de convertirse en presidente de bloque después del 10 de diciembre. El caso de Argüello es distinto: le encantaría que lo designen canciller aunque últimamente duda de sus posibilidades por el silencio que rodea a su antigua candidatura.

Aún en las filas del propio kirchnerismo existen sospechas sobre la viabilidad de este curso de acción, que se vería impedido por un límite reglamentario: para una renovación general de la mesa de comando se requieren los 2/3 de los miembros del bloque. No es un número que puedan alcanzar hoy los diputados que responden a la Casa Rosada. Sobre todo porque los que se alejan del Congreso sin chances de renovar su banca atribuyen el infortunio a las alquimias electorales que se realizaron en el corazón del Ejecutivo.

¿Cuál es el juego del duhaldismo en esta escena? Quien comanda la operación es el verdadero jefe del grupo, que no es Díaz Bancalari sino Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara. Este experimentado diputado ya puso al gobierno en un apuro al tomar al pie de la letra la palabra del Presidente: como Kirchner se quejó de que no se aprobó la ley de Educación Técnica, Camaño convocó a una sesión para el próximo 3 de agosto para tratar esa norma. ¿Podrá el peronismo bajar ese día al recinto con un bloque unido? ¿O se precipitará la división? Tal vez la estrategia del presidente de la Cámara sea llevar las relaciones internas hasta este punto de ruptura: así como a Kirchner le interesa demostrar que puede dominar al peronismo gobernando uno de sus órganos decisivos, como es la bancada parlamentaria, al duhaldismo le preocupa no aparecer derrotado mansamente. Una fisura en el bloque exhibiría los efectos que la ruptura con Eduardo Duhalde tiene sobre la gobernabilidad, haciendo correr al Ejecutivo con los costos de esa demostración.

• Consecuencias

Si la fragmentación del bloque PJ complicará el juego general del gobierno en el Congreso, sus consecuencias sobre la Comisión Bicameral que controla los contratos con las privatizadas se sentirán de modo más directo. En ese comité hay sólo dos kirchneristas puros: el santacruceño Daniel Varizat -sigiloso pero decisivo en las relaciones del Parlamento con la Casa de Gobierno- y el santafesino Gustavo Marconatto. Si la fisura interna se concreta, es posible que los demás peronistas crucen de vereda, restándole votos y argumentos al Ejecutivo. Son duhaldistas como Graciela Camaño (figura principal en la defensa del último acuerdo de Edelap ante los ataques del socialista Héctor Polino), Hugo Toledo o Mabel Müller, o independientes como Jorge Capitanich o Marcelo López Arias. Con este cuadro es imposible pensar en la aprobación de los 45 contratos que el Fondo espera ver convalidados antes de fin de año, cuando se discuta el tramo final del acuerdo que busca el Presidente. Tal vez la pasión de la interna todavía no tuvo en cuenta el costo de la ruptura sobre esta estrategia general del gobierno y los ministros del Gabinete, igual que el propio Kirchner, estén sumando por una cartera lo que pierden por la otra.

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