Grondona, Mariano («La Nación»): PRESCINDIBLE. Teoriza atemporalmente (la nota podría publicarse cualquier domingo del año) sobre el juego gobiernooposición en la democracia. Pero lo hace con excesiva simpleza para su cultura, atribuyendo los cambios políticos en el manejo del Estado a «encantamientos» o « desencantos» de las sociedades. El desencanto -aunque los abogados no estudian economía y a algunos les repugna Carlos Marxignora una lógica más dura, que impone precisamente la economía, como condicionante histórico: a gobiernos acumuladores de riqueza les suceden gobiernos con impulsos distributivos, «gobiernos distribuidores». Estos ciclos no dependen -salvo excepciones, como Lee Harvey Oswald, por casode la voluntad de los que ejercen el mando, sino de la marcha impersonal de la economía. Cuando el distribucionismo o el acumulamiento afectan a la sociedad viene el «desencanto». Morales Solá, Joaquín («La Nación»): BUENO. Levantó con detalles sobre las charlas que mantuvo en España con empresarios y funcionarios el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Cuenta Morales Solá como novedad que el Gobierno de España les impuso a los visitantes argentinos que, si quieren recibir apoyo, deben resolver antes de setiembre de 2005 el acuerdo de la deuda con privados, la relación con el Fondo y la incógnita de las tarifas de servicios públicos. Sobre la crisis abierta en la Cancillería por el episodio del alojamiento concedido a la médica Hilda Molina en la embajada argentina en La Habana aporta algo serio, de ser real: que fue el propio Néstor Kirchner quien ordenó personalmente que se retiraran esa mujer y su madre de la sede argentina en La Habana. ¿Será así porque afecta la posición de Néstor Kirchner sobre Derechos Humanos? También dice que Rafael Bielsa admite haber ordenado que se abra esa sede para las mujeres y que Kirchner en principio, hasta ver las consecuenciasparece, compartió la decisión. Finalmente, Morales Solá informa otra bomba: que el canciller cubano Felipe Pérez Roque había dado señales alentadoras para toda la operación, inclusive para la salida de las disidentes de la isla, pero que fue Fidel Castro quien abortó todo. Cabe preguntarse si lo del columnista es cierto: ¿caerán en Cuba cabezas como aquí? Además, en Cuba las cabezas «caen» en serio...
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Van der Kooy, Eduardo («Clarín»): PRESCINDIBLE. Sigue sin sumar mucho. Afirma que el lanzamiento de Felipe Solá en la provincia no cuenta con el aval expreso de Kirchner pero que a ambos les servirá para negociar listas con Eduardo Duhalde. También se refiere al viaje a España de la senadora Kirchner y Alberto Fernández para consignar que se crearon demasiadas expectativas previas, como con China, capaces de desmerecer los logros de las conversaciones, si los hubo. ¿Los hubo...? Y se arriesga a decir lo obvio: que, por episodios como el de Cuba, el gobierno terminará pagando costos aunque eso lo desespere siempre.
Verbitsky, Horacio («Página/12»): PRESCINDIBLE. Agrega poco esta vez a lo que se venía publicando ya durante la semana al acuerdo que se busca con el Fondo. Sólo ilustra, con números girados por el Banco Central a la Jefatura de Gabinete, los fondos con los que el gobierno pretende realizar adelantos a ese organismo. Antes de eso se extravía en una explicación insólita: no se le quiere decir al Fondo que la Argentina quiere cancelar deuda por anticipado para que no frustre la operación. Como si a algún acreedor le molestara que le salden sus cuentas. Pero afirma algo significativo y es que, más allá de todo lo publicado, «el gobierno sabe que recién se liberará de las auditorías (del FMI) cuando pague el último dólar». Por supuesto como vocero oficial Verbitsky apoya todo desvarío como éste de cancelar, que es gravísimo error.
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