25 de abril 2005 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Joseph Ratzinger
Joseph Ratzinger
VAN DER KOOY, EDUARDO
«Clarín»

PRESCINDIBLE: El columnista de «Clarín» corrige en su columna de ayer lo que en el mismo lugar afirmó hace un par de domingos: que el gobierno había superado la puja entre la Casa Rosada y la Santa Sede, en la que -no hace falta aclararlo tratándose del periodista del monopolio- el gobierno había salido victorioso. Ayer dio una vuelta de campana para afirmar que el conflicto se mantiene, ahora en peores términos ya que Benedicto XVI ratificó al equipo de gobierno que venía llevando adelante la postura del Papado en la polémica por el caso Baseotto: el cardenal Angelo Sodano y el arzobispo argentino Leonardo Sandri.

Van der Kooy reproduce, sin la más mínima ironía, el argumento de que el gobierno se ve perjudicado por la renovación del mandato de estos prelados porque estuvieron vinculados a la Argentina «en los '90" por su amistad con Esteban Caselli, ex embajador de Carlos Menem en el Vaticano y ex secretario de Culto de Eduardo Duhalde. Incluir al Vaticano en la lista (junto a las privatizadas, los bancos, el FMI, etc.) de íconos de la «década infame» debería desatar por lo menos un rasgo de humor del columnista, sobre todo tratándose de un diario que fue vocero de Eduardo Bauzá (el jefe de Caselli en aquella década) como hoy lo es del gobierno actual.

Pero Van der Kooy prefiere no quitar seriedad a los argumentos que circulan por el gobierno. Por ejemplo, que Kirchner apostaba a que de un cónclave cuyos miembros fueron casi íntegramente nominados por Juan Pablo II iba a salir un Papa, por lo menos, reformista. Vale este párrafo del columnista: dice que esperando este resultado Kirchner no viajó a los funerales del Papa Wojtyla, a la espera de que los cardenales votaran a un sucesor afín. Ahora, sostiene este periodista, Kirchner debe encontrar una forma de recomponer la relación con la Iglesia.

Van der Kooy expone una receta en su nota, inspirada en su amigo Rafael Bielsa (¿será designado «jefe de campaña» este columnista cuando el canciller se convierta en serio en candidato?): Kirchner debería acercarse al cardenal Jorge Bergoglio. Olvida el cronista que este obispo se siente agredido personalmente por otro vocero del Presidente en el «sidecar» del monopolio, «Página/12», Horacio Verbitsky. Finalmente, la mano de Bielsa se descubre detrás de algunos datos interesantes. Por ejemplo, que Kirchner resistió el pedido de Hugo Chávez de condenar la caída del ecuatoriano Lucio Gutiérrez, por interpretarla una celada de los Estados Unidos.

GRONDONA, MARIANO
«La Nación»

PRESCINDIBLE: El ensayista aprovecha el ascenso de Joseph Ratzinger como Benedicto XVI para exponer una clasificación de las diversas formas en que los líderes encaran el problema del cambio histórico. Discrimina Grondona entre fundamentalistas (los que quieren reponer un pasado clausurado), progresistas (los que quieren un futuro acorde con lo que dicta su imaginación) y conservadores (los que pretenden que el cambio consista en la modificación del orden vigente). El columnista ubica entre estos últimos al nuevo Papa. Apuesta a que hará reformas como una elevación de las mujeres dentro de la Iglesia (sin llegar al establecimiento de «sacerdotisas»), «alguna tolerancia con la planificación familiar que nunca alcanzaría a comprometer la vida del embrión ya concebido» y también algún gesto hacia los divorciados que quieren sentirse parte de la Iglesia. No irá más allá de esto Ratzinger según Grondona. Pero sí se abrazará al principal cambio que introdujo Juan Pablo II en su pontificado: el del ecumenismo que abrió la puerta de la Iglesia al diálogo con los judíos, con los protestantes y con los musulmanes no fundamentalistas. Todos ellos tienen un «enemigo» común en el relativismo, dice Grondona, recordando subliminalmente la excelente homilía del cardenal Ratzinger un día antes de ser electo Sumo Pontífice. No habla de la Argentina el ensayista, pero dice que el «progresismo» debería advertir que la historia no está yendo en el sentido que dicta su deseo: George W. Bush se impuso a John Kerry, y Ratzinger confirmó la propensión conservadora de Juan Pablo II.

LABORDA, FERNANDO
«La Nación»


BUENO: Gana en equilibrio «La Nación» cuando el comentario dominical está suscripto por Fernando Laborda, algo que en general sucede por vacaciones de Joaquín Morales Solá. Ayer Laborda toca dos cuestiones, casi en la misma línea de los demás panoramas. Una, la de la polémica con el Vaticano: a diferencia de Van der Kooy en «Clarín» o de Verbitsky en «Página/12», este periodista recuerda algo obvio y es que la selección de los obispos está regulada en el Código de Derecho Canónico, por lo que resulta «un disparate» la pretensión de José Pampuro de designar al nuevo obispo castrense. El columnista de «Clarín» sigue esperando que Pampuro le cumpla esa promesa, formulada tres domingos atrás: convendría que eche una ojeada al código del que habla Laborda.

También demuestra más autonomía intelectual que sus colegas Laborda cuando advierte que no hay que dejarse llevar por la retórica oficial en la pelea con el Fondo: si no hay acuerdo habrá otro default y nadie en el oficialismo quiere tomar esa decisión cuando se está tratando de salir de la cesación de pagos con los bonistas privados. La misma precaución adopta el columnista al hablar del tratamiento que se les dará a los bonistas que no aceptaron el canje: dice que se seguirá hablando de que no hay nada para ellos pero que el gobierno ya está negociando. Al doble discurso en todos estos temas -la relación con Roma, la relación con Washington- Laborda lo denomina « histeriqueo», con escasa precisión psicológica, preelectoral. No acierta con el sustantivo: el «histeriqueo» tiene más que ver con una seducción que se consuma en fomentar el deseo sin satisfacerlo que en una propensión a agredir o maltratar.

VERBITSKY, HORACIO
«Página/12»


REGULAR: Sin información pero con mucha doctrina, el columnista dedica su panorama semanal a celebrar la condena del ex marino Adolfo Scilingo, a quien un tribunal español sancionó a 640 años de cárcel por una denuncia de él en el libro «El vuelo». El envión de entusiasmo -justificado por la consecuencial penal de su ejercicio periodístico- le hace sacar conclusiones exageradas, como que ese resultado es producto de una dialéctica de la historia nacida de la oposición de las organizaciones defensoras de derechos humanos a una suerte de extravagante conspiración en favor de la impunidad. Una simplificación más, como decir que la Iglesia Católica intenta hoy en la Argentina ocupar el papel de la oposición política que, afirma Verbitsky, está fragmentada.

El resto son noticias viejas armadas con el propósito de justificar tomas de posición y ejercer el rol de comisario periodístico en nombre del gobierno. Por ejemplo, cuando especula sobre las fuentes a las que acude este diario para informar a los lectores, o cuando le atribuye intenciones de actuar como un «ariete» contra el gobierno; también cuando desmiente a un diario italiano acerca de los votos que pudo tener Jorge Bergoglio en el cónclave que eligió al nuevo Papa. Sin datos nuevos, despacha algunas internas, como por ejemplo descalificar las pretensiones de José Pampuro o Jorge Argüello de reemplazarlo en la Cancillería a Rafael Bielsa. Debería de paso ser honesto con sus lectores y revelar que su candidato es el actual vicecanciller Jorge Taiana.

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