Comentarios políticos de este fin de semana
(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)
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Un Milei auténtico dando batalla para defender su modelo
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Renunció Carlos Frugoni en medio de un escándalo por propiedades no declaradas en EEUU
Regular: Bueno pero duro por demás el artículo de ayer de este ensayista.Comienza con una metáfora atractiva pero insoportable para la autoestima nacional: Brasil sería el sultán que sale en busca de otros amores y deja ofendida a quien era su principal concubina, la Argentina. La prueba de ese desdén está dada por la expectativa brasileña de ocupar una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Según Grondona, Condoleezza Rice bendijo esa pretensión al señalar a Brasil como el líder de la región, una especie de potencia subimperial. En la misma página se puede encontrar, con la firma de Joaquín Morales Solá, una visión alternativa: Estados Unidos sólo les repite a los brasileños lo de siempre, es decir, que pertenecen a una potencia. No menos que eso, tampoco más, como podría ser un aval para integrar el Consejo.
Grondona aporta algunos datos e ideas interesantes.
Por ejemplo, que Juan Carlos Onganía dio el golpe de 1966 contra Illia (que el autor de la nota conoció de cerca) por miedo a una expansión de la dictadura brasileña que se había encaramado en el poder en 1964. También explica que, a diferencia de la Argentina, la inestabilidad de los gobiernos brasileños no llegó a romper un consenso básico respecto, entre otras cosas, de su política exterior. Cita bien esta vez a un hispano-romano, Séneca, para hablar de los argentinos: «Para el navegante que no sabe adónde va nunca hay vientos favorables». La nota propone tres modos para enfrentar el desafío brasileño.
El duhaldista, que supone plegarse como la concubina desairada pero resignada. El de Rafael Bielsa, que revista la impotencia de la conducta anterior de una exaltación inconducente. O el paradigma chileno, que supone explorar una vía individual, de baja integración y multiplicidad de socios. Es buena la sugerencia pero acaso ignora un principio elemental de la política exterior: cada país tiene, en buena medida, la que le impone su PBI. Chile, sin industrias, puede desplazarse livianamente por la superficie del comercio internacional con sus productos primarios.
Pero la Argentina deberá pensar muy bien a quién le venderá las manufacturas industriales si decide ensayar un camino solitario. En la actualidad, 37% de los bienes que exporta la industria argentina tiene como destino el Mercosur.
MORALES SOLA, JOAQUIN. «La Nación».
Prescindible: Irregular el columnista ayer. Comienza con una cita de su santo patrono, Roberto Lavagna, sobre política exterior (después de todo, se está yendo Rafael Bielsa) y una extraña teoría acerca de tres anillos de países con los que la Argentina debe mantener relaciones estratégicas. Morales Solá carece de humor pero podría haber insinuado que ese mapa es el de las amistades y enemistades con que debe toparse Lavagna en su interminable y todavía infructuoso esfuerzo por salir del default. El mismo periodista lo dice: en el mapamundi de Lavagna no figuran ni Gran Bretaña ni Italia ni Japón. Después de la devoción comienza la obligación y Morales Solá difunde, más que datos, algunos criterios:
1. Estados Unidos todavía no considera que Brasil deba ser parte del Consejo de Seguridad simplemente por creer que esa reforma debe demorarse mucho más.
2. Castro podría beneficiar a Kirchner durante su campaña electoral liberando a la doctora Hilda Molina para que visite el país, del mismo modo que concedió algunos pedidos a José Luis Rodríguez Zapatero.
3. Lo más importante de la nota de Morales Solá: hay diplomáticos extranjeros a los que él no menciona más que como «de países centrales» que denuncian pedidos de coimas por parte de funcionarios del gobierno de Kirchner. El gobierno, dice Morales Solá, conoce el reproche pero jamás consiguió pruebas. Brumosa denuncia que tal vez cobre cuerpo en los próximos días. Concluye Morales Solá con un vuelo soñador su nota de ayer: «El gobierno de Kirchner se jacta de contar con una inmejorable información política, de saber hasta cuántas hojas muertas se llevan las brisas del otoño». Más allá de que los casos Southern Winds, Malvinas/ Constitución europea, acuerdos con China, etc., demuestran que esta afirmación es exagerada, las palabras elegidas harán que en cualquier momento haya que buscar en el suplemento literario las columnas de este tucumano.
VERBITSKY, HORACIO. «Página/12».
Prescindible: El columnista y asesor del gobierno engola la pluma para sancionar que el fallo de la Corte imponiéndole una política carcelaria a Felipe Solá y el dictamen del procurador Esteban Righi en favor de la inconstitucionalidad de las leyes de punto final son lo más importante que ha ocurrido en la Argentina a nivel institucional en los últimos 74 años. Con ironía podrían reseñarse otros acontecimientos igualmente ponderables en la historia del país desde 1930 pero como se trata de la defensa de la vida y de la situación de los presos es algo gratuito.
Curiosa la óptica de Verbitsky cuando saca esos dos debates del marco político en que ocurren. La legalidad de las leyes de punto final no surge del antojo de legisladores o dirigente ni en el momento de su sanción ni ahora cuando legisladores y dirigentes proponen su nulidad. El propio Raúl Alfonsín las llamó «leyes del miedo» que permitieron el principal bien del sistema político argentino desde 1983 que fue la disipación de la amenaza del golpe militar.
Con menos claridad en cuanto a la necesidad política de su gobierno, el actual gobierno promovió esa nulidad como una bandera que sirve a la consolidación de una fuerza que no tuvo en su origen electoral buscando un combate con fuerzas indefendibles. La mordaz Elisa Carrió llamó a ese impulso de Néstor Kirchner de atacar a las Fuerzas Armadas con «cazar leones dentro de un zoológico».
Verbitsky achica el efecto de estas eventuales nulidades - que dependen ahora de la Suprema Corte-diciendo que apenas un centenar y medio de ex militares, ya detenidos, y algunos en actividad podrían llegar a juicio. En cuanto a la avasalladora sentencia de la Corte sobre la provincia de Buenos Aires para que adopte medidas en beneficio de los presos que viven situaciones de degradación, Verbitsky pierde la parsimonia y se mofa del gobernador Felipe Solá al llamarlo «el ingeniero Solo», vaya a saber con qué propósito. Lo personal domina el análisis y llega Verbitsky a hablar de presos en «campos de concentración», una exageración incalificable y que para algunos será hasta ofensiva.
El panorama semanal lo completa Verbitsky con una descalificación -rara en élde la intención del gobierno de cerrar el proceso político ya iniciado en el Congreso contra el juez de la Corte Antonio Boggiano. Reseña los argumentos a favor de frenar en juicio y los enfrenta con el relato de cómo Boggiano firmó la famosa sentencia que le pudo hacer pagar al Estado sumas millonarias al convalidar un arbitraje entre el Estado y la empresa Meller. Busca darle viso de actualidad a tanta noticia vieja con una perspectiva de actualidad: que la Corte debe vigilar el resultado de los arbitrajes que imponen dictámenes abusivos como los que amenazan desde los tribunales CIADI del Banco Mundial.




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