Comentarios políticos de este fin de semana
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Renunció Carlos Frugoni en medio de un escándalo por propiedades no declaradas en EEUU
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Sturzenegger justificó los despidos en el Servicio Meteorológico y planteó una reforma total del organismo
Lino Gutiérrez
«La Nación».
«Clarín».
En Brasil cambió el partido del gobierno pero no su origen regional: tanto Fernando Henrique Cardoso como Luiz Inácio Lula da Silva son paulistas y, en esa condición, tributarios del establishment de ese estado, que ha sido históricamente desarrollista y proteccionista. No estuvo Van der Kooy esta semana en la página principal del monopolio (compartió el fin de semana con Morales Solá en España), pero pareció escucharse su voz: Bielsa sigue siendo la niña de los ojos de «Clarín». Ahora dicen que el Presidente le reconoció el mérito del acercamiento con Brasil (ya parece una broma lo del monopolio con el canciller, de quien nadie duda que arruinó con sus operaciones de prensa el viaje del Presidente a Brasilia) y lo ha destacado como el mejor candidato para la Capital. Debe pedir a gritos Bielsa el regreso de su amigo Van der Kooy a la columna ya que lo que menos desea es que lo envíen a ese destino municipal.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
REGULAR: El ensayista dedica una parte de su nota a elucubrar sobre la intención que llevó a María Julia Alsogaray a hablar de sobresueldos involucrando a sus compañeros de gobierno en los '90. No aporta mucho aquí Grondona. En cambio, se vuelve involuntariamente mordaz cuando cita a Joaquín Morales Solá y su denuncia sobre pedidos de coima en el actual gobierno. Desde hacía una semana que Morales Solá estaba intentando «bajarse» de su denuncia, como se notó en la columna publicada ayer al lado de la de Grondona. Deduce que los sobresueldos iban contra el menemismo y «han dado una vuelta hasta amenazar al gobierno». Es lógico, ni antes ni ahora ni nunca se va a creer que un ministro pueda comer, vestirse dignamente y mantener familia antes con $ 3.000 y ahora con $ 6.000. Grondona termina constatando que Kirchner no comenzó a despilfarrar ese activo, pero que su imagen está sufriendo desgastes. Se basa en tres fuentes: un estudio de Rosendo Fraga, según el cual la imagen presidencial cuenta con 46 por ciento de adhesión (venía de 63 por ciento en 2003); otro de la Universidad Di Tella, que detectó una caída de 11 por ciento en el índice de confianza en el gobierno de abril respecto del de marzo; y un trabajo de la Universidad de Belgrano según el cual los consultados calificaron a la administración con un 5, dentro de una escala de 0 a 10. No es bueno que la condena a la baja moral individual que puede haber caracterizado a los funcionarios del gobierno de Carlos Menem en la década pasada haga pasar inadvertido lo que ganó el país en términos de mayor transparencia y moral pública con el proceso de privatización y desregulación que se llevó adelante en aquella gestión. Vendría a ser que este gobierno no puede tener inmoralidades si no tiene otras eficacias que no sean por el abundante ingreso que le llega del excepcional momento externo.
VERBITSKY, HORACIO.
« Página/12».
REGULAR: El columnista debe usar los archivos del Ministerio del Interior del gobierno que integra y reconstruye bastante agradablemente la vieja historia sobre los pagos del gobierno en la era Menem a obispos de la Iglesia Católica, su más reciente obsesión. Tan vieja es la historia que usa en su abono un recorte de una crónica de Ambito Financiero que ya en 1991 daba detalles de la tarea de Esteban Caselli en la gerencia de las relaciones con un grupo de monseñores.
Aparte, la novedad del relato de ayer es que agrega la planilla de pagos que quedó en las oficinas del ministerio con cargo a las polémicas partidas de ATN, para pegotear a los obispos con el debate de los sobresueldos. No explica la naturaleza de esos giros que anotó el gobierno en la cuenta de la obligación constitucional de sostenimientodel culto católico con el de Verbitskyde sumar prelados al mismo banquillo de María Julia Alsogaray y Oscar Camilión. Los obispos -a diferencia del vicario castrense Baseotto- no son funcionarios del Estado. Los pagos fueron contabilizados como legales y no se sabe de monseñores enjuiciados por enriquecimiento ilegal. O sea que la transcripción de la planilla obedecería a la intención de «buchonamiento» o «escrache» que el columnista moviliza, quizá con la intención de reflotar la venta de su agresivo libro «El Silencio» contra el catolicismo y su cardenal. Ataca esa religión porque si lo atacan a él dirá que es por ser judío. Lineal, casi elemental en sus elucubraciones, Verbitsky concluye en que esos pagos tuvieron como contrapartida apoyo político de los obispos hacia el gobierno de Carlos Menem, algo que los hechos difícilmente prueban si se repasa la historia de los pronunciamientos de la Iglesia entre 1989 y 1999. Claro que comparadas con la pésima relación de este gobierno con la Iglesia, aquellas rispideces menemistas pueden parecer un noviazgo. Por eso esta nueva navegación de Verbitsky por los archivos del gobierno -ya lo hizo antes, para relatar la épica de Miguel Toma como ministro del Interior por un día bajo la administración Ramón Puerta en diciembre de 2001- no aporta a la verdadera historia de las relaciones entre el gobierno Menem y la Iglesia, que tiene muchos otros protagonistas y está aún por escribirse. Las obnubilaciones del columnista con la era Menem y con el catolicismo prácticamente desde la crucifixión del nazareno impiden creerle aunque resultó ayer entretenido leerlo. Habla hasta de los lazos ultramarinos entre Olivos (mejor dicho, la SIDE) y la Curia romana.




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