Comentarios políticos de este fin de semana
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Legislatura porteña: crean una comisión especial para analizar cambios al sistema de alquileres en CABA
George W. Bush y Roberto Lavagna
«La Nación».
En rigor, lo que hoy se revista de la propuesta neoconservadora en los Estados Unidos no es su hipótesis militar sino su hipótesis política. Y parece haber una reversión al antiguo modelo imperial, donde no importaba la calidad de los « pretores» (como sucedía en América latina con las dictaduras militares). Y esto parece afectar también a Sudamérica. Sólo así se explica la afirmación de Tom Shannon, el subsecretario para Asuntos Hemisféricos: «No necesariamente todo populismo es malo». Es decir, garanticemos a los Estados Unidos convenios mínimos de defensa y seguridad, y dejemos que estas repúblicas se sumerjan en sus «peculiaridades». Shannon vino a suceder a un funcionario como Roger Noriega, inspirador del golpe contra Chávez.
Noriega hoy se asentó en el American Enterprise Institute, que preside la esposa de Dick Cheney, el sumo sacerdote de los «neocons».
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».
La noticia de «Clarín» dominical sobre Juan Carlos Blumberg le resta toda relevancia a su columna. Blumberg pasará a ser el candidato a gobernador bonaerense en la próxima elección por el PRO de Macri con 62% de aceptación de encuestas. Que Macri fuera al territorio bonaerense ya era una especulación bastante ilógica de este columnista y con Blumberg nada queda. Sobre Felipe Solá acierta en que no lo entusiasma a Kirchner en ayudarlo a encarar una reforma de la Constitución bonaerense ni le agrada un fallo judicial de la Corte provincial que, confusamente, daría alguna posibilidad de tercer mandato a Solá. Con Blumberg junto a Macri la especulación del columnista se puede volver al revés: ni con Aníbal Fernández ni con Pampuro la Casa Rosada tiene candidatos serios para enfrentar al hombre que hizo de la seguridad maltratada su campaña de conocimiento público, asentada en el incuestionable dolor de un padre con un hijo asesinado tras su secuestro.
Con riesgo en la provincia de Buenos Aires, más riesgo electoral en Santa Fe con Hermes Binner, más no tener candidato firme en la Capital Federal lo que se avizora, aunque no se haya dicho el domingo, es que Néstor Kirchner tendrá que ser candidato sí o sí porque podría haber acechanzas para su reelección. Contra Blumberg lo menos que podría oponerle para alguna chance es su propia esposa Cristina y con la posibilidad de lastimarla políticamente. Morales Solá, allegado a Roberto Lavagna, destaca que pese a oponérsele Néstor Kirchner no lo ataca mucho y lo llama «Roberto», una forma de que Lavagna no esté descartado que termine de candidato del actual oficialismo.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
Su columna también es débil porque la noticia de la casi segura candidatura a gobernador bonaerense de Juan Carlos Blumberg proviene de los periodistas políticos que no se la cedieron. Por tanto su especulación sobre la convención del radicalismo en Rosario y su interesante dato de que los intendentes del partido volcados al gobierno no dominan más de 20% de los 250 convencionales pierde un poco de relieve.
Dice que la oposición sigue dispersa, pero son palabras que difunde el gobierno. Si Mauricio Macri va de candidato a presidente, Blumberg por el PRO a gobernador pasaría a ser endeble la Capital Federal si es que López Murphy no puede acreditar residencia. Si lo logra es mucha la ventaja contra las pocas figuras que armó en estos años el kirchnerismo por la centralización del propio presidente. Roberto Lavagna también entrará a dudar. Ir a una elección sentado sobre Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde, ambos incinerados políticamente, no debe serle agradable aunque necesita una estructura partidaria mínima como tiene el radicalismo. Lavagna no definido ni entre centroderecha y centroizquierda es cada vez más confuso como candidato.
MORENO, SERGIO.
«Página/12».
Con prosa alambicada, el columnista describe lo que ya se sabe: que las decisiones políticas las toma el Presidente leyendo encuestas. El favor que une a este diario con el gobierno fuerza a que sus prosistas busquen a veces razonamientos complicados para justificar lo obvio. ¿Cuándo no decidió así el Presidente, fuera para dar el giro en política de seguridad a que lo forzó el fenómeno Blumberg o tomar como propia la bandera de los vecinos indignados de Gualeguaychú?
El primer caso es emblemático porque Kirchner designó ministro de Justicia a Gustavo Béliz en 2003, contra la opinión de su entorno, sólo porque encabezaba las encuestas que él leía acerca de sus potenciales funcionarios. Lo despidió por el mismo motivo: tras el fenómeno Blumberg, la opinión pública rechazaba la política judicial y de seguridad del gobierno Kirchner-Béliz. En el caso de Gualeguaychú, ignoró el problema cuando era un incidente vecinal, pero cambió cuando el clamor por una salida eficaz llegó a los umbrales de Casa de Gobierno con fuerte apoyo de la opinión.
Que ahora el Presidente elija quiénes lo representarán en las elecciones del año que viene en todos los distritos leyendo encuestas es sólo una reiteración de ese método que suelen elegir mandatarios cuya debilidad de origen los fuerza a correr a favor del viento popular. La demagogia (para mencionar esta tendencia de los ingenios políticos a seguir los humores de la opinión con todas las letras) es un síntoma de debilidad, no de fuerza. Hacer demagogia es no decir la verdad y la verdad no se dice cuando no hay fuerza para sostener el rechazo que decir la verdad pueda causar.
El anuncio del columnista Moreno de que Kirchner elegirá a los beneficiados de la opinión pública es como decir que le entregará la copa a quien gane el torneo de la AFA, es decir que buscará pegarse al festejo del triunfo no importa de quién ni por qué motivo, ni en defensa de qué plataforma de gobierno ni de qué ideología.
Duhalde, que en algunos momentos ha tenido raptos de sinceridad, dijo que él no tenía el talento de Juan Perón para tomar decisiones políticas y que reemplazaba eso con la lectura de las encuestas. ¿Será el caso de Kirchner? ¿O se trata sólo de la vieja tendencia criolla de los políticos de jugar siempre a ganador hasta que los sorprende el fracaso, algo que nunca les anuncian las encuestas?
El columnista Horacio Verbitsky dedicó su nota de ayer a un comentario crítico hacia el gobierno israelí por sus incursiones en el Líbano que remata con una frase para recordar por el narcicismo que revela: «Para eso no cuenten conmigo». ¿Alguien lo convocó?




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