2 de abril 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Elisa Carrió y Diana Conti
Elisa Carrió y Diana Conti
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


Esperable que este columnista-asesor saliese en defensa del gobierno y su ataque a los jueces de la Cámara de Casación Penal con el mejor recurso que puede aportar: los prontuarios. Para Verbitsky, el episodio no tiene mucha relevancia y lo califica como un «minúsculo chisporroteo» que saltó a las primeras planas por la ineficiencia del ministro de Justicia (no lo menciona, es Alberto Iribarne) que ignora que la mayoría de los magistrados cuestionados de ese tribunal habían anunciado que preferían jubilarse antes que enfrentar la reapertura de las causas a ex militares.

Los dichos de Alfredo Bisordi sobre el atropello presidencial, según él nunca visto en 40 años de carrera judicial, le vienen al pelo al columnista para el escarnio. Hojea el legajo del camarista y recuerda la audiencia en el Senado cuando lo designaron y contó las limitaciones de un juez en tiempos del gobierno militar.

Se ríe de su estado de salud (le diagnostica desmemoria) y si el magistrado no hubiera denunciado amenazas de muerte, el lector podría acompañar la algarada verbitskiana.
Agrega otro dato ambiental: un sector de los camaristas del fuero penal estuvo a punto de hacer una declaración anti-Bisordi que frenó el mensaje de la Corte Suprema reclamando mesura y equilibrio. Bisordi pidió una licencia como consecuencia de esta nueva encerrona de sus colegas.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


La columna se parece mucho a una parodia de las notas de Grondona: viñeta histórica + etimologías + crítica al gobierno desde una perspectiva moderada. Recuerda la tradición nefasta del «unicato» (concentración de todos los poderes en el presidente) en la Argentina del siglo XIX que nació con Juan Manuel de Rozas y se prolongó, con interrupciones, hasta el peronismo actual. Kirchner, visto desde este ángulo, sólo prolongaría de manera casi animal esa tendencia del poder en la Argentina que culmina con el elogio de la desmesura que hizo el Presidente en su última aparición desde el Salón Blanco. Como en los análisis de este columnista -y de otros-falta la explicación de por qué hace esto Kirchner. Para Grondona, el Presidente se porta mal y debería dejar de hacerlo porque él se lo pide. Le reclama, algo que conmoverá al primer mandatario, que haga además una autocrítica. Le podrían responder desde el despacho presidencial que Kirchner hace lo que cree más conveniente para, con alardes de fuerza frente a sectores debilitados o deslegitimados en la opinión pública, reforzar su endeble base de legitimidad. Para Grondona, Kirchner hace una elección ética y estética; Kirchner se justifica con la necesidad de Estado, esa misma que lleva a los gobiernos, es cierto, a cometer atrocidades.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Comprendido en las generales de la ley (el Presidente atendió desde el Salón Blanco a este columnista y a su diario), es entendible que se diga harto de las diatribas kirchneristas («Basta. Ya es suficiente», clama Morales Solá) y que, en recompensa, enumere los desaciertos de la semana: el ataque a la prensa que lo equipara con Chávez, la denuncia del tratado petrolero con Gran Bretaña en Malvinas, que imagina refuerza la posición de Londres, los desaires del Presidente a Jorge Telerman, que terminan echándolo en brazos de Elisa Carrió (como si fuera una desgracia). En suma, Kirchner quiere otro periodismo; Morales Solá quiere otro presidente.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


El repaso tópico de la batalla gobierno-Casación lo lleva a este columnista a preguntarse lo que todos omiten en los relatos periodísticos. Por ejemplo, la diputada Diana Conti, cuando era funcionaria del gobierno de Fernando de la Rúa, ¿nunca se enojó con la Corte que ahora llama menemista? Nadie lo recuerda. Otra pregunta: ¿por qué el gobierno no critica a los jueces designados en los años 90 que se han doblegado ante sus presiones y concentra las críticas en quienes avanzan con investigaciones que pueden no convenirle?

En tono crítico hacia esta reaparición del Kirchner «menos feliz» (descontrolado, hablando con lenguaje inconveniente) señala la posibilidad de que el Presidente se enoje con los camaristas de la Casación pero también con la Corte Suprema porque dictan fallos sorpresivos de sentido político.

La crítica que le hace al Presidente la desliza veladamente, recordando cómo el atraso de las causas a ex militares por delitos aberrantes puede estar motivado no en la conducta de los jueces, sino en el procedimiento de esos expedientes, que investigan desde hace 20 años delitos perpetrados hace 30 y con códigos que han acumulado reformas desde 1983 que no facilitan la velocidad en el trámite. El criticado Alfredo Bisordi agregó un testimonio que debió admitir el propio jefe de Gabinete en su última actuación radial: lo persiguen por demorar causas en las que no puede actuar porque está recusado por las partes.

Este gesto, como para los otros columnistas de ayer, es parte de una serie de desaciertos del oficialismo: no tiene solución para Malvinas, tampoco para la crisis con el Uruguay por las papelerasde Fray Bentos y tiene para La Riojaproyectos electorales quiméricos como que en el futuro se elijan autoridades prescindiendo de la tradición menemista de esa provincia.

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