14 de enero 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Guillermo Moreno
Guillermo Moreno
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


Distraído por la canícula se le mezclan los párrafos de su columna de ayer, dedicada como tantas veces a ordenar el caos informativo en un relato del cual resulten héroes los Kirchner. El dibujo insiste en que el país está dividido entre kirchnerismo y macrismo, y en ese bipartidismo fecundará un sistema más sólido.

El pecado de los aficionados a la sociología -abundan en el periodismo- es sacar hipótesis y teorías de sus prejuicios. Un ejemplo, Verbitsky acusa a Macri de promover un proyecto de segmentación social con «bienes y servicios del Primer Mundo para una mínima capa jerárquica y abandono africano para el resto». ¿No es acaso lo que promueve esta versión del conservadorismo que encarnan los Kirchner, que han creado el sistema del doble termómetro de la economía? Góndola Moreno con productos de segunda calidad -que siempre faltan, además- para los pobres, con una inflación formal por debajo de 10%, y a la vez productos importados y de primera selección a precio libre para los sectores medios y altos, para quienes también hay inflación libre, que puede superar 20% anual. En suma, lo que afirma como válido para Macri puede caberles a los Kirchner, sea cierto o no.

La pelea en la Capital de Macri con los gremios le cruza también los cables porque recuerda que del lado de los malos están los gremialistas Amadeo Genta y Patricio Datarmini, quienes en 1973 organizaron el acto de recepción de Juan Perón en Ezeiza, que terminó en un baño de sangre. No los anota del lado de los buenos.

Sobre la astracanada bolivariana de los rehenes, Verbitsky intenta explicarla como una decisión meditada de la presidente Kirchner de sumarse a un standard que ha descrito el asesor alemán de Hugo Chávez (sic), Heinz Dietrich: el «bloque de poder sudamérica (sic) ha decidido que la lucha armada se ha terminado» y que estas negociaciones con las FARC para que liberen rehenes por razones humanitarias son una salida.

Basta para descalificar esta explicación cavernaria apenas el reportaje que transmitió TN el viernes con el relato de Clara Rojas sobre las sevicias, humillaciones y violaciones a los derechos humanos que las FARC les infligen a sus secuestrados, como encadenar a los militares y policías por el cuello y obligarlos a arrastrar grilletes que portan en una valija especial. Ese escalofriante relato le quita toda heroicidad a esta misión de salvataje de secuestrados VIP. Uno de esos secuestrados es todos los secuestrados y es una burla a la inteligencia comprometer a un país como la Argentina, que ha sufrido lo suyo con violaciones de derechos y desapariciones, en una misión «humanitaria» que Chávez corona con un pedido de legitimación de las FARC como un poder territorial en Colombia.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Describe el columnista las tribulaciones del primer mes de Cristina de Kirchner, a la que ve víctima de su marido, quien no se resigna a dedicarse a sus labores en las oficinas de Puerto Madero que, dice Van der Kooy, ya frecuenta desde la semana que pasó. Exagera, sin embargo, cuando dice que la devolución de rehenes fue una «gratificación» para el gobierno ante tanta mala noticia en su arranque. Esa es la percepción del gobierno, que quiso sumarse a los festejos al que sólo tienen derecho Alvaro Uribe, Hugo Chávez y las dos liberadas. Los demás no están siquiera en la foto.

Pero esa percepción oficial es víctima de otro engaño: que el público va a agradecerles a los Kirchner esas liberaciones, cuando en realidad el público ha conocido con horror detalles espeluznantes del trato que dan los terroristas de las FARC a las víctimas de sus secuestros extorsivos. Niños nacidos de relaciones presuntamente «consentidas» (qué puede ser consentido en un campo de concentración), partos de vida o muerte, bebés a quienes se les quiebra el brazo en el momento de nacer, la entrega a un campesino, etc. ¿Puede creer alguien que los gestos políticos barnizados de humanitarismo marrón pueden tapar esas ignominias que sólo cesarían si las FARC liberasen a todos sus cautivos? Y que es lo que debería pedir un gobierno argentino.

Un dato que aporta la columna: el gobierno, a través de Alberto Fernández, frenó el operativo «jefe de manzana» organizado por Guillermo Moreno con el gremio de los Santa María para que los porteros declaren cuántos aparatos de aire acondicionado hay en los departamentos de los edificios en los cuales trabajan. Podrían comenzar por una declaración de cuántos «splits» tienen en sus domicilios particulares los funcionarios que tienen sueldo del Estado, o los sindicalistas de los porteros que, de paso, hace décadas que no sacan la basura porque ya ni se acuerdan de cuál era su empleo (el jefe actual es hijo de un portero, pero no se le conoce portería asignada, que es adonde deberá regresar cuando termine su mandato al frente del gremio).

LABORDA, FERNANDO.
«La Nación».


Mortifica este columnista de verano -reemplaza al elenco estable de «La Nación»- al gobierno con la reseña típica y tópica de la malandanza del arranque. Por ejemplo, cuando dice que el público los ve a Mauricio Macri y a Daniel Scioli movedizos y creativos, mientras que Cristina de Kirchner no puede salir del purgatorio. Pero a poco andar, Laborda se deja enredar por sus prejuicios; por ejemplo, decir que el « terreno del centroizquierda (es) donde los Kirchner pisan fuerte» ¿A qué centroizquierda se referirá? ¿A la de Juan Mussi, Aníbal Fernández, José María Díaz Bancalari, Martín Redrado, Baldomero Alvarez de Olivera, Guillermo Moreno o Hernán Patiño Meyer (para mencionar sólo a algunos funcionarios)? ¿O al centroizquierda de los empresarios de la «burguesía nacional» que jalean todas las decisiones del gobierno? Un disparate éste de tomarles en serio a los Kirchner -un modelo de ese conservadorismo popular que es el peronismo- sus palabras y no atender a sus realizaciones.

Util sí la entrega de ayer cuando refresca las presunciones de muchos empresarios sobre la verdadera intención del jugueteo del gobierno con los productores de combustible: prohibirles exportar, imponerles tope de precios con el solo propósito de bajarles el precio a sus empresas y facilitar su compra por otros grupos que «respiren el mismo aire» que el gobierno.

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