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Medio cansan ya, después de un mes del nuevo gobierno, las comparaciones sobre cómo encaran sus gestiones Mauricio Macri y Cristina de Kirchner, como si fueran a ofrecer alguna sorpresa respecto de lo que prometían. El tópico es útil periodísticamente pero se malversa cuando se pone al servicio de justificaciones de parte, como la que ensaya el columnista-asesor del gobierno.
Según Verbitsky, Cristina de Kirchner propone un modelo de concertación obreroempresaria que promete una era de paz y prosperidad. A diferencia de su marido, que hizo de la gresca un método de gobierno, la presidente encara su mandato con un llamado afable a una concertación que no terminan de entender los empresarios, los políticos y los sindicalistas. Los primeros deberían ceder ganancias para una mejor distribución del ingreso según esa utopía justificadora que instaló el kirchnerismo en su primera presidencia. Atado a estudios históricos de dudosa ciencia -si Guillermo Moreno «cocina» índices es imaginable pensar cómo lo haría el peronismo de 1946-1955 o de 1973-1976- la panacea del kirchnerismo es aumentar la porción del producto destinada a salarios. En esa porción, claro, el oficialismo incluye los subsidios por ejemplo, miles de millones de pesos que se anotan en el haber del público cuando en realidad es un regalo a empresarios que brindan servicios africanos (para usar una metáfora verbitskista).
De ese acuerdo el moyanismo busca sacar un estatuto para los camioneros que tendría las mismas características que las de la prensa o los viajantes, que se anotan entre los de más rigidez laboral. En compensación, debería dejar paso a la incorporación a la mesa a la CTA de Hugo Yasqui, a quien le han prometido siempre un blanqueo legal para representar trabajadores en paritarias.
Sólo se permite una crítica -saludable en oficialista tan rabioso como Verbitsky- a la manipulación de los índices del INDEC que, como era previsible, beneficia a los más fuertes, es decir los funcionarios públicos y los empresarios. A los primeros los exime de cumplir con su deber -productividad, honrar deudas-, a los segundos les permite trampear en negociaciones laborales y de contratos con el argumento de que no existe forma solvente de conocer el costo de vida, la inflación y los demás números de la economía.
Frente ese modelo de acuerdo -que se contradice con las rabietas cristinistas en la Casa de Gobierno castigando a periodistas y diferenciándolos de los «jóvenes cronistas» a los que sube al avión presidencial- se alza una especie de hiena que es Macri, que busca avasallar garantías constitucionales y derechos humanos como la estabilidad laboral o el derecho a la protesta. El columnista se inflama de indignación por el intento de cesar empleados públicos en la Capital Federal, inscribiéndolos en la vieja tradición del botín del gobierno que llega, sancionado hace décadas por la justicia argentina. Por supuesto que es indigno echar empleados por el sólo hecho de que hayan sido heredados de otra gestión anterior, sin detenerse en sus capacidades e idoneidad para desempeñar sus funciones. Pero defenderlo sin reservas es justificar a un estado que designa miles de empleados por año con el sólo propósito de atender a su clientela electoral o de recompensar favores políticos. La inflación de las plantas de personal y la confirmación sin atender tampoco a idoneidades ha destruido la carrera del funcionario público en un estado que además de inflexible en materia laboral agobia a los contribuyentes con impuestos que le permiten el lujo de administrar sin reparar en costos. Los funcionarios políticos se mueven sin pensar de dónde vienen los fondos que malgastan, algo impensable en una familia o en una empresa, obligadas a gastar sólo lo que ingresa. Agrava este escándalo del estado criollo que el sistema político está capturado por una casta que se renueva en los cargos sin ir a compulsas internas en los partidos, manipula el sistema electoral en reelecciones perpetuas o nepotismos (de lo cual es ejemplo la propia presidente Kirchner). Con eso se permite otro lujo, que es pagar salarios muchas veces superiores -para la misma tarea- que los que paga la actividad privada, en la cual se exigen competencia para ingresar, resultados de las tareas y en donde hay flexibilidad laboral.
BLANCK, JULIO. «Clarín».
Abusa también este columnista, que reemplaza a Eduardo Van der Kooy, del método de las «vidas paralelas». Implica a Cristina de Kirchner y a Mauricio Macri en respectivas maniobras con saldo político negativo. La presidente, deteriorada por los altercados sindicales en Aerolíneas Argentina en plena temporada de vacaciones. El jefe de Gobierno porteño arrinconado por una jueza que le frenó cesantías de contratados que heredó de Jorge Telerman.
Hay más tela que cortar en los dos entuertos. El gobierno nacional debe más de una explicación sobre el rol de sus funcionarios en el trato de las aerolíneas, no sólo de AA, y no termina de desmentir que detrás de todo esté una renacionalización de esa empresa, según el mismo método aplicado a YPF. Es decir, incorporar a empresarios amigos a esa firma.
En el caso Macri, el revés judicial en realidad refuerza la posición política del gobernador. No sólo por el margen que le queda para contraatacar en la Justicia. También porque ese freno jurídico le permite a Macri victimizarse ante el público que lo votó y lo ve ahora «con las manos atadas» frente a poderes fácticos que le impiden gobernar (opositores que vienen de la anterior administración Ibarra-Telerman, los sindicatos, que están en un punto bajísimo de apreciación, el gobierno Kirchner, la Justicia, etc.): es casi un regalo para un político que lo sepa usar.
Interesante el dato que aporta Blanck sobre el acuerdo del Vaticano a Alberto Iribarne como nuevo embajador ante la Santa Sede. Las razones, que el ex ministro de Justicia es divorciado. La manía de Alberto Fernández de sacar del país a todo político porteño que le pueda hacer sombra (a Rafael Bielsa lo mandó a la casa después de que le rechazó una embajada en la exótica -para el ex canciller- Alemania; a Eduardo Valdés lo mandó a su estudio de abogado; a Ginés, legislador porteño, lo mandó a Chile, a Iribarne lo quiere casi en el Paraíso) le hizo olvidar una vieja ley de la política argentina: la Argentina no nombra sus embajadores en el Vaticano, es la Santa Sede quien se los elige. ¿O acaso alguien cree que al anterior representante, el sindicalista clerical Carlos Custer, lo eligió Néstor Kirchner?
LABORDA, FERNANDO. «La Nación».
Este columnista dedica la entrega al tema que más mortifica a los Kirchner: el contenido de sus declaraciones juradas de bienes. Es impensable que revisar las listas de propiedades -afición de, por ejemplo, Elisa Carrió- permita descubrir algún delito en el matrimonio presidencial. Seguramente contaron con el concurso de algún profesional de las ciencias económicas que permitió una rendición prolija y en tiempo.
El problema lo generaron los propios Kirchner, que instalaron en la Argentina esa idea de que tener alguna moneda es casi un delito, que si a alguien le fue bien en sus negocios es de alguna manera culpable. Laborda se ceba en un imponderable capcioso y casi cínico: que la declaración jurada de Néstor Kirchner genera dudas. Equivale a decir que esa declaración es fea, que no le gusta. En su disculpa puede decirse que si Kirchner opinase de una declaración como la suya, también diría que le genera dudas. Es un método perverso de juzgar la virtud ajena que él consagró desde el gobierno.
El aporte más interesante de la nota de Laborda es la deducción que hace de los números de la declaración del ex presidente: si cobró en 2007 $ 5.264.105 en concepto de alquileres, a valores de mercado sus propiedades estarían valuadas en unos $ 50 millones, bastante más de lo que declaran en su última rendición. Monners Sans está entre los que se encargarán de este punto, para martirio de los Kirchner. La otra observación es más conocida: ¿cómo puede ser que en el destino turístico más caro de la Argentina -El Calafate, en donde concentran sus inversiones los Kirchner- los funcionarios de primer nivel nacional puedan comprar tierras a $ 3,18 el metro cuadrado? Un misterio, como cuándo volverá a estallar el Perito Moreno.
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