3 de marzo 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Martín Lousteau
Martín Lousteau
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

Inevitable que todos los panoramas políticos del domingo los dedicasen los columnistas a dos temas absorbentes: el discurso de Cristina de Kirchner ante el Congreso y la pelea Moreno-Lousteau. Morales Solá aporta un par de anécdotas sobre esa pelea que alimentan la construcción de un pequeño pedestal al ministro de Economía. En la interpretación del columnista, Guillermo Moreno es lo peor del gobierno, pero no tanto por sus ideas y opiniones sino por el estilo con el que se conduce dentro del gabinete y con los empresarios con quienes trata temas de precios y otras cuestiones.

Frente a él se erige este Lousteau más moderado, culto, atento a lo que pasa en el resto del mundo. Representa lo nuevo del gabinete, así como Moreno es lo viejo. Un trasunto de lo que en el oficialismo exhiben, respectivamente, Cristina y Néstor Kirchner. En esa pelea, avizora Morales Solá, Lousteau va a dejar todo, no va a renunciar y se mantendrá dentro del gobierno, que es adonde cree puede hacer prosperar sus ideas. Cabe preguntarse, ¿las tienen estos dos contendientes internos en el gobierno, que replican quizás posiciones de poder que se han visto ya en anteriores gobiernos peronistas? Cabe recordar la mítica pelea Cavallo-Bauzá para dejar abierta la posibilidad de que no esté tan lejos Lousteau en materia de ideas y que en realidad son vicarios de una pelea de fondo que libran, de manera casi inconsciente, Cristina y Néstor Kirchner como expresión de grupos de intereses. Los dos funcionarios (Lousteau y Moreno) coinciden en que debe haber una economía protegida, un dólar artificialmente alto, también altas retenciones, injerencia del gobierno en los mercados eligiendo a ganadores y perdedores y vigilar los índices de precios de manera de amortiguar los efectos del modelo de acumulación. Quizás lo que discutan es quién debe ser el gerente de ese proceso, una guerra de burócratas, de oficinistas que discuten si hay que acompañarse con guitarra eléctrica o acústica pero que tararean la misma melodía.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».

Sobre los mismos tópicos de sus colegas (discurso, pelea en el gabinete), este columnista sanciona con severidad que los problemas que tiene Cristina de Kirchner en su incipiente presidencia los heredó de su esposo Néstor. Son la inflación y la puja por el control de los índices, pero podría un analista con mejor memoria sumar otras herenciasconflictivas como los subsidios, la paralización de los partidos políticos, el encapsulamiento del gobierno frente a los medios, el piqueterismo, las relaciones exteriores erráticas, que es algo que acompaña los problema de inflación e índices.

También Van der Kooy expresa anécdotas que refuerzan el perfil batallador que tendría Martín Lousteau adentro del gabinete (algo que el público de afuera no percibe, más bien lo contempla en fotos y videos algo asustado ante la mirada fiera de Guillermo Moreno). Repite el discurso albertista (lo difunde el jefe de Gabinete por sus múltiples vocerías) de que el ministro no se entrega y que no va a renunciar porque Cristina de Kirchner lo eligió y lo ama.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Este columnista usa con provecho una viñeta histórica: la frase de Julio César sobre que preferiría ser primero en una aldea pequeña y no el segundo en Roma.
Le sirve para plantear la necesidad de conocer cuáles son las verdaderas intenciones de un político para juzgar sus aciertos o desaciertos. Como es habitual en Grondona, esa evocación de antaño intenta trasladarla a la política de hogaño. Particularmente a su interpretación de la conducta de Néstor Kirchner, sobre quien simula dudar si quiere un país con muchas inversiones o un país en el cual el gobierno controle cualquier inversión, aunque fuera pequeña. Para lograrlo, el kirchnerismo de Cristina o de Néstor buscaría reemplazar la « interdependencia» del mundo de hoy por una independencia que les permita controlar lo que en una economía próspera no es conveniente controlar. El remate de la columna es asolador: ¿no querrán los Kirchner convertir a la Argentina en una inmensa Santa Cruz?

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