Comentarios políticos de este fin de semana

Política

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Los partidarios del gobierno les elogian a los Kirchner todo lo que piensan, dicen o hacen. Sus adversarios les reprochan los malos modos y las decisiones equivocadas, alentar la inflación con los métodos que aplican para combatirla, el festival de subsidios, cerrar el país al resto del mundo, etcétera. Pero más que nada, los críticos del kirchnerismo -entre quienes hay que anotar a este columnista- se deslumbran por el doble comando. Parece un prejuicio que proviene de categorías de un país presidencialista que, ante el matrimonio que comparte las decisiones, no termina explicando mucho.

Morales Solá centra sus observaciones, como otros analistas de la semana que pasaron en los diarios de ayer, en el doble comando del gobierno, un estilo de decidir que en sí mismo no es bueno ni malo y que habría que juzgar por sus aciertos o errores. Plantearlo como el problema de la política argentina de hoy parece un preconcepto que no resuelve nada.

Como en entregas anteriores, Morales Solá dirige los dardos a la bete noire de la administración que es Guillermo Moreno para reseñar su declinación: aparecen entre los empresarios quienes buscan responder a sus agresiones. El columnista anota a Ulises Forte, a quien describe como un «Goliat enorme, tan chabacano y malhablado como el propio Moreno». Lamenta también el columnista la evaporación de Martín Lousteau en las negociaciones del gobierno con el campo; es el rol que le ha dado Cristina de Kirchner a este ministro que cumple una función decorativa en el gabinete, por más que lo muestren en fotos distribuidas por prensa de Presidencia junto a la primera mandataria en la firma de convenios y recibiendo a visitantes en su despacho.

También es un prejuicio del columnista concluir que la decisión de asumir como presidente del Partido Justicialista «ha depositado definitivamente poder en él». Ese sello partidario es apenas un expediente en el archivo de un juzgado. En las elecciones funciona como aliado del llamado Frente para la Victoria, y nadie imagina que sentarse en una oficina de calle Matheu le dé poder a alguien. No lo tuvo Antonio Cafiero cuando fe titular del PJ ni el hoy diputado Ramón Ruiz cuando actuó como interventor todopoderoso, dentro de ese expediente.

Lo demás son quejas empresarias que vienen haciendo ruido desde hace algunos días, en especial, si es cierto lo que dice Morales Solá sobre un engaño del secretario de Transporte, Ricardo Jaime, al embajador de España, Rafael Estrella, sobre el respaldo del gobierno a algún empresario argentino para que capture acciones de Aerolíneas Argentinas. Estrella informó a su gobierno que Jaime le aseguró que esos apoyos no existen, pese a que le consta, de manera informal, que existen de manera de repetir en esa empresa la proeza kirchnerista de captura de YPF.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


También este columnista se conmueve por los efectos del doble comando. Que Néstor Kirchner no se resigne a los oficios de ex presidente lo considera un menoscabo de la esposa que lo sucedió y la clave del tumultuoso comienzo de su gobierno.

La crisis del campo es la prueba de cómo la administración de Cristina de Kirchner ha recibido un golpe durísimo, parecido a los que le significaron a su esposo la aparición del fenómeno Blumberg o la derrota de Carlos Rovira en Misiones.

En este caso, los daños recibidos por el gobierno nacional serían mayores, según el columnista, porque los productores agropecuarios son un sector con identidad social y poder económico que podrían llegar a conformarse en una masa social para hacer una política que antes no existía. Es decir, una tentación para los opositores políticos que andan en la búsqueda de electorados propicios para recoger adhesiones.

Van der Kooy señala también contra Guillermo Moreno y le reprocha su principal defecto: haber acompañado como secretario de Comercio la suba imparable de la inflación. También consigna que le empiezan a aparecer challengers a este extravagante funcionario, como un dirigente agrario que le dijo: «Mire Moreno que los huevos no los dejé en el campo, como usted aconsejó. Los traje».

Como Morales Solá, se quejade que las apariciones sobresaltadas del secretario de Comercio arruinan lo poco que logra en términos de diálogo el jefe de Gabinete, que sufre a Moreno como los empresarios y estos columnistas. Deberían admitir todos, como aporte a la comprensión de lo que pasa, que Moreno es un funcionariode los dos Kirchner, a quienes les gusta lo que dice y hace. ¿Que su presencia es un atentado al liderazgo presidencial? Una nimiedad cuando el único liderazgo que les interesa preservar a los Kirchner es el de Guillermo Moreno.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Distraído también por el falso problema del doble comando, el profesor dedica su columna a recordar que cuando un gobierno falta a la verdad -y el de Cristina de Kirchner lo hace, según él-, en realidad, se está engañando a sí mismo. «El que se autoengaña pasa a ser no sólo el victimario de su audiencia, sino también la víctima de sus propias preconcepciones». Esto es lo que hace Cristina de Kirchner, según Grondona, cuando distorsiona la realidad en sus discursos y desinforma a las masas cuando ataca al campo o a la prensa. Esta vez, el auxilio bibliográfico viene de Max Scheler y su ensayo sobre el resentimiento, que prueba que «el poseído por el espíritu destructor pasa a ser su víctima porque deja de inspirarse en el sentido común». Un drama.

WAINFELD, MARIO.
«Página/12».


Con algo de retraso, este columnista de la prensa amiga (del gobierno) reflota el argumento germinal del gobierno para justificar la guerra a la soja: hay que proteger a los consumidores criollos de la suba de precios de los alimentos en el mercado internacional. Esa tensión de intereses, dice, es un hecho asumido en todo el mundo y la ha descripto hasta el diario « Financial Times», como si eso fuera prueba de verdad.

Según Weinfeld, al gobierno le asiste razón porque es el «único representante del interés general», rol que pueden asumir muchos otros actores del debate, como los empresarios, los medios, los partidos, los dirigentes, muchos de los cuales dicen, de paso, que el gobierno ha pasado a representar el interés particular de sectores empresarios ligados a la familia presidencial.

Visitante frecuente de la Jefatura de Gabinete, este columnista no puede sino sumarse -como otros colegas en el oficio dominguero- a las críticas a los modos de Guillermo Moreno. Como no puede dejar las convicciones en el zaguán, Weinfeld le reprocha no las ideas y el estilo al secretario de Comercio, sino que «atrasa», que no se actualiza y no comprende que la era del Kirchner golpeador se fue con Néstor y que Cristina necesita de otra metodología.

Acierta el columnista cuando dice que un sector como el del campo, que se extiende por todo el país y produce bienes estratégicos, «debe ser atendido» (agradecerán este gesto de conmiseración los hombres del campo). También cuando critica al gobierno por actuar con intransigencia y crispación y entregándoles a sus contradictores muchos argumentos. Como cuando permite que el sector del campo unifique la personería, cuando el gobierno -óptica que Weinfeld defiende a capa y espada- podría beneficiarse de la contradicción de intereses entre los grandes productores y los pequeños, que son los más intransigentes en sus demandas.

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