Los candidatos y los no candidatos porteños siguieron ayer tratando de aliviar las lastimaduras de los adherentes que se quedaron sin lugar en la boletas electorales que estarán en el cuarto oscuro del 3 de junio, en una disputa, secreta para el votante, pero cara a la hora de la hechura de las papeletas.
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Es que el armado de las listas a legisladores por la Ciudad de Buenos Aires, dio lugar en las tropas partidarias de los principales postulantes a la jefatura local, a reproches variados.
Pero, hay un tema que hoy en los corrillos de la política porteña provoca escalofrío. Le llaman «el corte Cromañón» y se refiere a cómo los actores del juicio político en contra de Aníbal Ibarra por la tragedia del local bailable de Once, fueron teniendo o no lugares en las boletas que se exhibirán en junio.
En principio, el propio Ibarra -ahora candidato a legislador porteño-, claro, es víctima de su propio armado de boleta en ese sentido, donde ha dejado una caravana de heridos que siguen por éstas horas presentándole las quejas. De a poco parece el destituido mandatario aplacar esas furias individuales, pero el tema Cromañón no lo abandona. No es sólo el reproche de los familiares de las víctimas de la tragedia que lo persigue en cada acto proselitista (con presencias y volantes que lo acusan de las muertes allí ocurridas) al que se entrega para reconquistar votos y acceder a una banca en la Legislatura porteña.
Viento feroz
Además, en su magro campamento, Ibarra trataba de frenar el viento feroz de la zona que comanda su ex secretario de Cultura, Gustavo López. Este radical («semi K», dice que no comparte todo el gobierno nacional) ha quedado pagando y fuera de juego. López venía animando un grupo de barniz cultural que adhiere a la candidatura de Ibarra (hasta hubo para el candidato a legislador, una tenida el viernes anterior al cierre de listas en la casa de la madre de un conocido músico con artistas, escritores, directores de cine) que quedó frustrada al ver que el ex funcionario no estaba ni en el puesto 30 de las papeletas. Dio un portazo, pero ya parece reconciliarsecon la ayuda del gobierno nacional, que le aportará un cargo ya que su lugar en la lista (el puesto 5) quedó para un kirchnerista de la tropa de Vilma Ibarra (Gonzalo Ruanova). Además López se convertirá en jefe de campaña del ex jefe porteño, todo condimentado con promesas de una «nueva construcción», que no impiden, sin embargo, el reproche: López fue el primer funcionario que renunció a su cargo, cuando asumió Jorge Telerman tras la destitución de Ibarra, un acto, creen, de lealtad que no le habría sido recompensado.
Para más mortificación en ese sentido, no sólo la boleta de candidatos a legisladores del kirchnerismo lleva fieles a Alberto Fernández en esos trances de la destitución de Ibarra (Diego Kravetz, o Ana Suppa) que apoyaban la permanencia del ahora exiliado de su cargo. La peor mortificación para los ibarristas es que Jorge Telerman, lleva 3 «en contra», es decir, del grupo «destitución» y los ha privilegiado en lugares «a salir», en la boleta electoral. Esa lista se refiere a que el ex jefe de Gabinete de Ibarra, hoy funcionario de Telerman, Raúl Fernández, va como tercer candidato a diputado porteño, considerado por los ibarristas como que «cambió de camiseta» porque se ha quedado en el gobierno animando la reelección del jefe de la Ciudad. Florencia Polimeni, una radical llegada a la banca de la mano de Mauricio Macri, y protagonista de un encendido discurso contra Ibarra en la sala que juzgó al ex mandatario, ocupa el cuarto lugar en la lista de Telerman y para más, el quinto lugar lo lleva el kirchnerista rebelde Helio Rebot, autor del voto que terminó definiendo la destitución.
Así los ibarristas le reprochan a su jefe que casi ninguno de sus defensores, como López (fue el jefe de la campaña contra el juicio político), Daniel Rosso (su vocero) o la ex legisladora Alicia Caruso, el ex legislador Jorge Mercado (saltó del macrismo para defender a Ibarra) o la ex diputada Sandra Dosch, tengan oportunidad de acceder a una banca en la Legislatura. Sin embargo, tienen consuelo: tampoco Macri premió, como sí Telerman, a quienes arremetieron por la destitución de Ibarra, como el legislador Martín Borrelli (de trabajo «full time» en los avatares de entonces), que apenas logró ir en el número catorce de la lista macrista, con pocas chances, así de ser reelecto.
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