2 de julio 2003 - 00:00

Cómo negoció en secreto el apoyo del peronismo

Raúl Zaffaroni es un hombre libre y lo demostró cuando en 24 horas, y para asegurarse su silla en la nueva Corte de Justicia, quebró todos los manuales de estilo del kirchnerismo. Primero, hizo una ronda informal de consultas con los senadores que deben votarle el pliego -algo así como ir al examen de la sociedad sabiendo el resultado-. Segundo, peregrinó hacia Olivos para entrevistarse con el Presidente en las sombras de la noche.

Todo eso ocurrió el lunes, y el trámite fue exitoso: aceptó ese día ante el Presidente, en la residencia de Olivos, donde Kirchner dice sólo descansar (no trabaja ni se divierte allí). Anoche la mayoría de los senadores del oficialismo les aseguró a él y a Kirchner que tendrá los votos cuando se trate la propuesta.

También quebró otra norma de estilo, que es evitar las peleas entre miembros del gobierno para no prestarse al escarnio de la oposición: así como le fue difícil a José Pampuro digerir el cambio de las cúpulas militares, más le costó a Gustavo Béliz tragarse el sapo de proponer a Zaffaroni en la Corte.

Si hay un adversario político del jurista propuesto por Kirchner es el ministro de Justicia, que ha dedicado años, tinta, saliva, sudor y sangre a descalificar a Zaffaroni políticamente.

Se enfrentó con él cuando el abogado -uno de los penalistas más respetados y a la vez polémicos de la Argentina- fue el inspirador de la sanción del controvertido Código de Convivencia que reemplazó en la legislación de la Capital Federal a los viejos edictos policiales.

Nada más lejos del beatífico, pío y autoritario Béliz que este liberal de izquierda, experto de renombre internacional como penalista, pero abanderado del garantismo. El ministro de Justicia dedicó su vida a combatir a estos librepensadores que evitan el perfil alto, pero que no ceden en nada en sus convicciones. Béliz también se dedicó a llegar a cargos en el gabinete sin dejar las convicciones en la puerta, pero con la propuesta de Zaffaroni como juez de la Corte, Kirchner tira por la ventana todas las convicciones de Béliz.

• Adversarios

El ministro de Justicia combatió a Zaffaroni cuando era constituyente porteño y después legislador, porque representaba, además, el ala más extrema de lo que fue el Frepaso, cuya agenda ve reencarnada en este gobierno que lo mortifica con este tipo de decisiones. Béliz tenía un candidato, Daniel Sabsay, a quien le encargó la redacción del decreto que establece el método de cómo el Ejecutivo propondrá a los nuevos jueces de la Corte.

A hombres como él parece molestarles las mentes libres, como la de este
Zaffaroni que, impensable desde cualquier prejuicio, descalificó la acusación de asociación ilícita hacia Carlos Menem cuando éste estaba preso.

Fue en una nota publicada en este diario en la cual desarrolló un magnífico argumento:
«Las garantías avanzan y se consagran cuando el poder punitivo afecta a uno o más clientes VIP del sistema penal y, a partir de ese momento, su consagración es útil para el resto de los ciudadanos».

Defensor de las garantías tiene también adversarios en el ala dura del peronismo del Senado, representada principalmente por el presidente del bloque,
Miguel Pichetto, autor de normas que endurecen penas y que además tiene vara alta desde el Congreso sobre el sistema judicial (fue miembro fundador del Consejo de la Magistratura).

Zaffaroni
le aportará a la actual Corte el penalista que dicen le falta. De perfil bajo y prestigiado en lo técnico hasta por quienes lo critican en lo político: fue magistrado bajo gobiernos peronistas en San Luis y luego bajo el gobierno militar en el orden nacional -eso le puede valer críticas de organismos de derechos humanos que lo correrán por izquierda-.

Como juez falló en causas con criterio tan garantista que le valieron sólidas críticas de varios sectores.

• Vocación

Abrazó al frepasismo e integró desde 1997 la Legislatura de la Capital Federal en la cual trabajó por una Constitución liberal -logró instalar instituciones como presupuesto participativo- y también como diputado en favor del polémico Código de Convivencia. Estuvo en las listas de Aníbal Ibarra y de Chacho Alvarez (1997), pero es otra de las viudas de la Alianza.

En los albores del gobierno de
De la Rúa-Alvarez ya se había peleado con Chacho, y eso frustró su vocación de funcionario. El peronismo en el llano y el naciente aliancismo habían pactado tres designaciones del nuevo régimen: Rodolfo Barra en la Auditoría General de la Nación, Eduardo Mondino como ombudsman nacional y Zaffaroni como defensor general de la Nación (en lugar del riojano Miguel Angel Romero).

El peronismo logró imponer en sus cargos a los dos primeros; la pelea con Chacho le trabó el ascenso a un cargo ideal para un garantista profesional. Como consuelo lo nombraron en un lugar menor del Instituto contra la Discriminación que, además, debió ocupar con la Policía porque resistía en el cargo un funcionario de Menem.

Desde su participación en ese acuerdo del cual se quedó afuera,
Zaffaroni ganó amigos entre los legisladores; principalísima es su amistad con Cristina de Kirchner, que demuestra con esta propuesta cómo amplía su arco de poder -se vio antes cuando hizo designar al ministro de Educación, Daniel Filmus, a quien su esposo ni conocía personalmente hasta que le tomó juramento.

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