Comunicado de Raúl Alfonsín
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El "triángulo de hierro" sostiene a Adorni
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El PRO entre conquistas y outsiders, Adorni en el pozo, Kicillof con Serrat y el riesgo de otro Botnia
Nadie podía afirmar, sin malicia, que hubiera procurado intencionalmente la división del pueblo, enfrentamiento estériles o propiciado intolerantes negativas irreductibles.
Luego de asistir en los últimos años al dominio de filosofía neoconservadoras, que contradiciendo sus proclamas habían producido un aumento sostenido del gasto público, un incremento explosivo de la deuda y la extranjerización de la economía, advertimos que pese a esfuerzos que provienen de distintos sectores se ha llegado a una escandalosa marginación social y a la destrucción de la clase media.
Muchos no tenemos dudas de que estamos perdiendo una batalla cultural, pero estamos aquí y podemos afirmar que nuestras premisas y convicciones seguirán guiando nuestro accionar político.
La primera de estas premisas es que no existe la posibilidad de mantener a nuestra sociedad integrada si no defendemos y logramos la aspiración y el propósito nacional de la autodeterminación. La segunda dice que para edificar una democracia, es imprescindible tener un Estado que supere su subordinación al manejo por los poderosos. La tercera, que en el respeto de los disensos se hace necesario construir consensos que den sentido a la posibilidad democrática.
En el desempeño de mi función procuré trabajar para el afianzamiento de estas premisas, pero no puedo ignorar que por distintos motivos se utilizó con oportunismo mi persona para tratar de erosionar las ideas por las que he luchado y me he jugado toda mi vida, y a pesar de mi prédica y de mi militancia política, en el más estricto cumplimiento a la decisiones de mi partido y con una conducta transparente que no admito se ponga en tela de juicio.
Creo que mi tarea política es más necesaria en la prédica y en el encuentro con hombres y mujeres con los que es necesario discutir. Es la lucha de siempre: la búsqueda simultánea de la libertad y de la igualdad para construir una democracia moderna y participativa. No la voy a abandonar jamás y durará lo que mis fuerzas resistan.
No deseo terminar este comunicado si mencionar a mi amigo Carlos Maestro, que dignamente preside el bloque de senadores y a mi sucesora, Diana Conti, valerosa luchadora por los derechos humanos, con quien hemos llevado adelante una campaña fraternal en pos de los más altos ideales que sostienen a esta democracia joven que supimos conseguir y que se nos revela cada día con tantos escolles en el camino.
Estoy convencido de que Diana Conti compensará con creces mi ausencia.
Buenos Aires, 25 de junio de 2002.




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