El oficialismo del Senado se jactaba ayer -en privado- de contar con los votos necesarios para destituir hoy a Eduardo Moliné O'Connor de la Corte. Al mediodía de la víspera, en una demostración de confianza, los principales caciques del bloque peronista, entre ellos, Miguel Angel Pichetto, el formoseño José Mayans, la ultraduhaldista Mabel Müller (escoltada por la porteña María Laura Leguizamón) y el sanjuanino José Luis Gioja, se encerraron a comer una picada en clima distendido, mientras acordaban suspender la deliberación doméstica prevista para anoche.
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La excusa ideal fue que muchos legisladores no habían terminado de estudiar las 20 mil fojas que incluyen los expedientes Macri, Meller y Magariños, base de los cargos contra el magistrado. También coincidía la cita de entrecasa con la cena que, a última hora de ayer, se iba a servir en un hotel céntrico para agasajar a quienes concluyen mandato el 10 de diciembre, por caso, el entrerriano Jorge Busti, el pampeano Carlos Verna y Gioja que asumirán como mandatarios de sus respectivos distritos. Con 2/3 de las manos ya garantizadas, según cálculos propios, no tenía sentido exponerse a un debate interno que podría filtrarse a la prensa (el día antes del cierre del juicio), poner en aprietos a varios justicialistas que integran el tribunal de enjuiciamiento y mostrar desavenencias que, de manera individual, intentará terminar de disolver Pichetto en persona, de a cara a resguardarse de sorpresas desagradables.
En principio, el jefe de bancada mantuvo al atardecer un encuentro con Eduardo Menem. En este caso, no hubo intención de convencerlo de que acompañara la destitución del juez supremo. El objetivo del café fue confirmarle, de frente, la orden presidencial de desalojarlo de la comisión de Relaciones Exteriores, tal cual adelantó este diario. Varios colegas le propusieron a Pichetto buscarle al riojano -que tiene mandato ininterrumpido en la Cámara Alta desde 1983- un cargo alternativo como la conducción de Defensa, a modo de premio consuelo y, si se puede ponerlo en estos términos, de desagravio.
La ronda del rionegrino iba a continuar con otros compañeros de Eduardo Menem que observan con preocupación el formato del proceso, por caso, la salteña Sonia Escudero, el gastronómico Luis Barrionuevo y el correntino Angel Pardo que considerarían escaso de sustancia el caudal de acusaciones. La táctica de Pichetto consiste en desactivarlos de a uno, de manera tal de lograr 2/3 de adhesiones de los presentes con suficiente holgura, y mostrar así a Néstor Kirchner un final exitoso de la embestida anti-Moliné.
• Juramento rda.
Los radicales, tras definir el ascenso del misionero Mario Losada a la cúpula del bloque y otras cuestiones jerárquicas (la chaqueña de Angel Rozas, Miriam Curletti, será vice 1° del cuerpo) escucharon con atención una exposición de Ricardo Gil Lavedra y otros constitucionalistas sobre el juicio político. Para evitar malos entendidos, se juramentaron a encerrarse antes de la sesión secreta de esta tarde y bajar todos juntos al recinto. Allí siguen los reparos respecto de la forma desprolija en que se desplegó el trámite de juicio, aún cuando la UCR lideró los pedidos de destitución contra Moliné y se opuso a la ampliación de la Corte en los '90.
De acuerdo con lo conversado ayer en Labor Parlamentaria, el plenario -decisivo para senadores y sin micrófonos y cámaras- comenzará a las 14.30 y se extenderá alrededor de 3 horas. A continuación, y tras un cuarto intermedio en las bancas de 15 o 20 minutos, se hará, ya en público, la votación de cada uno de los cargos que se le formularon al juez supremo. A viva voz, cada miembro del tribunal dirá sí o no, según esté o no de acuerdo con echar a Moliné por supuesto mal desempeño.
Durante la sesión secreta, Daniel Scioli coordinará la discusión, mientras los secretarios del cuerpo tomarán nota de las distintas posiciones en un acta, la cual también tendrá el carácter de reservada.
En esta instancia, habrá quórum con un mínimo de 37 legisladores, tal cual sucede con las sesiones de tablas. Mientras dure el cónclave, los senadores podrán entrar o salir del hemiciclo. No obstante la fuerte custodia que se montará en los accesos del recinto a fin de bloquear el acceso de asesores, curiosos y periodistas, las puertas no quedarán selladas.
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