Susana Rueda, miembro de la cúpula de la CGT unificada sostuvo ayer que ella también cortó rutas pero reconoció que esa modalidad fue aplicada cuando en la Argentina había un gobierno «neoliberal, que no escuchaba». «Me tocó muchas veces hacer manifestaciones en la calle, ollas populares, cortar rutas», admitió Rueda pocos días después de que abriera una polémica con su colega de conducción Hugo Moyano, porque el camionero recibió al piquetero Raúl Castells.
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La dirigente gremial marcó diferencias al sostener que, cuando participaba en aquellas acciones de protesta «estaba instalado (en la Argentina) un modelo de gobierno neoliberal que no escuchaba y que no daba respuestas».
En declaraciones formuladas a «Radio 10», Rueda destacó que ahora se produjo «un cambio de gobierno, y un intento de cambiar la política», y que la dirigencia sindical debe ayudar para favorecer «la redistribución de la riqueza, y eso no se puede hacer con violencia».
• Preocupación
La dirigente sindical señaló además la preocupación de la central por la existencia de inmigrantes ilegales que trabajan por sueldos muy bajos, «y hasta por un plato de comida». La sindicalista del gremio de la Sanidad señaló que los trabajadores inmigrantes «que son 1,3 millón en el país, están en las condiciones más nefastas y, como son por lo general ilegales, se les paga cualquier cosa». «Esto crea una distorsión del mercado laboral que, además, enfrenta a los trabajadores argentinos en una especie de xenofobia que no construye un camino de salida», apuntó. Rueda dijo que «la única forma de darle solución a los trabajadores inmigrantes, es formalizar su situación en el país». Destacó que la CGT quiere colaborar para que se «estructure un plan nacional de salud» y que se avance en la formación profesional para que se capaciten, porque «hay industrias que piden trabajo calificado y no encuentran personal adecuado».
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