Consiente Kirchner el diálogo con Bergoglio

Política

Pareció ceder ayer Néstor Kirchner en su inquina contra el cardenal Jorge Bergoglio -lo cree el jefe real de la oposición a su gobierno- al conceder la necesidad de un encuentro con el primado, a quien ha mandado a menoscabar a través de sus personeros. Recibió al ex obispo de Misiones Joaquín Piña, un catalán que le infligió al gobierno una derrota electoral emblemática en Misiones que arrastró proyectos de reelección en varias provincias gobernadas por el oficialismo. Ese traspié cambió el rumbo político del gobierno, algo que se verifica con este giro del Presidente ante la Iglesia y su jefe en la Argentina. Kirchner invitó a Piña a su despacho conociendo algunas diferencias entre éste y Bergoglio. Pero el arzobispo de Buenos Aires se le adelantó y citó a Piña para darle un mensaje para el Presidente. Le mandó a decir que él no lidera ningún sector político ni ordena a sacerdotes ser candidatos, con lo cual circunscribió la actuación electoral de Piña a una iniciativa personal. El ex obispo de Misiones salió de la Casa de Gobierno diciendo, además, que le pidió a Kirchner que no se meta más en la política de aquel distrito, una suerte de admonición que el Presidente no replicó.

El obispo jubilado de Iguazú, Joaquín Piña, pareció erigirse ayer en mediador entre el Gobierno y la Iglesia, al reunirse con Néstor Kirchner en la Casa de Gobierno a pedido del propio jefe de Estado, quien le transmitió su voluntad de abrir el diálogo con el cardenal Jorge Bergoglio.

El rol de este español afincado en Misiones, que el año pasado encabezó el frente electoral que frustró las expectativas reeleccionistas del gobernador Carlos Rovira, aparece en medio de la complicada relación que mantienen ambas instituciones y que en los últimos días adquirió, incluso, activos matices electorales.

Primero, el jefe de la Iglesia logró articular la coalición opositora entre Jorge Telerman y Elisa Carrió, y después reunió en la Asamblea Plenaria del Episcopado a los obispos de todo el país para encolumnarlos detrás de un proyecto fiscalizador de cara a las próximas elecciones. La excusa será hacer cumplir a rajatabla el rol institucional de los religiosos para denunciar los actos de clientelismo político en cada una de sus provincias.

No fue, sin embargo, el único axioma que transmitió el jesuita: «Advertir la desocupación y la falta de inclusión social deben constituir el principio de nuestra labor pastoral», resumió ante un selecto grupo de prelados en respuesta a la negativa del Gobierno a recibir a los representantes de la Iglesia Católica para encauzar una instancia de diálogo.

Ayer, esa letra pareció dispuesta a ser reescrita por el propio cardenal, quien quiso dejar en las manos de Piña el párrafo de la declaración de la Asamblea Plenaria en el cual se exhorta a los gobernantes a respetar la « transparencia de los actos eleccionarios, alejándose de prácticas demagógicas y presiones indebidas, como el clientelismo y la dádiva...».

Con ese concepto llegó al despacho del Presidente el purpurado catalán para cumplir con el difícil compromiso de abrir una puerta al delicado proceso de reencuentro entre la Iglesia Católica y el gobierno de Kirchner, enfrentados desde el conflicto con el obispo castrense Antonio Baseotto.

«Las diferencias con el arzobispo Jorge Bergoglio pueden tratarse a partir del 'diálogo'», recreó anoche Piña las palabras del Presidente al retirarse de la Casa de Gobierno.

«Se mostró abierto a una charla con monseñor Bergoglio. Dijo que no tiene problemas con él, sólo que tiene algunos puntos en los cuales disiente», amplió.

En directa alusión al mensaje de su jefe religioso, el convencional del Frente Unidos por la Dignidad le puso música también a la escena política de su provincia. Le pidió a Kirchner que no « intervenga» en la interna de Misiones porque los temas «políticos e institucionales» deben resolverlos los propios misioneros.

«Hay buenos candidatos, pero deben elegirlos ellos», planteó.

  • Referente

    Tras los comicios misioneros, el sacerdote se transformó en un referente a imitar --por caso, el cura José Luis Niella encabezó una coalición contra Arturo Colombi en Corrientes-y se convirtió además en figura de consulta obligada para muchos candidatos.

    De hecho, Piña el martes a las 10 fue visitado por Roberto Lavagna «para expresarle sus respetos» en el Colegio El Salvador (donde se aloja), por iniciativa del propio ex ministro de Economía y presidenciable 2007.

    Luego de quedar «pegado» ostensiblemente a la derrota de Rovira en Misiones ( incluso encabezó un masivo acto en la costanera de Posadas en apoyo a la pretensión reeleccionista del gobernador), Kirchner optó por asumir un perfil bajo en los comicios provinciales, que quedó evidenciado en las pasadas elecciones del 11 y 18 de marzo en Catamarca y Entre Ríos.

    Este escenario -más allá del pedido de ayer de Piñaes el que esperan, con más razón, en Misiones, para los comicios de octubre próximo, aunque bañado por el tradicional juego a dos puntas que suele desplegar el santacruceño en el interior para asegurar una mayor tajada de poder.

    «Va a haber dos o tres polos kirchneristas en la provincia», admitió ayer un hombre del oficialista Frente Renovador (FR), que tras quedarse sin la candidatura de Rovira intenta armar una fórmula de consenso para retener el poder, aunque los precandidatos más fuertes -el senador nacional y ex presidente de la UCR, Maurice Closs, y el vicegobernador Juan Pablo Tschirsch- no se ponen de acuerdo en materia de cartel.

    El FR reúne una mixtura de peronistas, radicales e independientes.

    En la otra vereda, hoy Piña batalla por lograr que haya una fórmula de consenso que aglutine a la mayor parte de quienes integraron el FUD, para vencer al FR en las urnas.

    No es tarea fácil, ya que en octubre de 2006 no fue el amor sino el espanto -se entiende, la oposición a la reelección indefinida- lo que pegoteó bajo un único sello opositor a socios otrora impensados.

    Informe de Silvina Kristal
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