7 de noviembre 2007 - 00:00

Cristina, sin Colón

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
País sin Colón ni etiqueta: es probable que a Cristina de Kirchner no le preocupe tanto la perecedera simbología de festejar el traspaso de mando en el Teatro Colón, aunque si así lo hubiese soñado, deberá conformarse (como cualquier otra prima donna de la ópera a lo largo de este año) con tener que hacerlo en un escenario alternativo, los más humildes Coliseo o San Martín: el próximo 10 de diciembre, todavía el Colón seguirá cerrado.

Y no sólo eso: tampoco podrá abrir, al contrario de lo que se había prometido, el 25 de mayo de 2008.

Como si se tratara de un lapsus fúnebre, la temporada del Colón de este año -última del actual gobierno- se cerrará con una misa de difuntos, la célebre Misa de Réquiem de Verdi. Ni siquiera puede despedirse esta gestión cumpliendo con lo prometido: que el Colón reabra, para su centenario, el 25 de mayo del año próximo, con esa fastuosa «Aída» para la que se pensaba convocar al internacional tenor heroico José Cura.

Lo que se temía con razón ya ha sido oficialmente reconocido: la sala del Colón será reabierta ese día patrio sólo «para la foto», pero las obras de restauración aún no estarán terminadas. La hipótesis más optimista es que la sala pueda estar en funcionamiento hacia el segundo semestre, aunque sólo en su actividad sinfónica, no en la lírica. Jorge Telerman hizo saber, de todas formas, que días antes de que lo suceda Mauricio Macri, encabezará una última visita guiada al interior de la sala, con personalidades de la cultura, para dar testimonio de los avances del Master Plan.

Pero, para el público melómano, la preocupación por el soñado año del centenario es un tanto más honda. De hecho, hasta se ignora si efectivamente habrá temporada el año próximo. Las actuales autoridades del Colón, encabezadas por Leandro Iglesias y Marcelo Lombardero, enviaron al futuro director Horacio Sanguinetti un diseño de la temporada 2008. Pero, según se informó en el Colón, sólo hubo una respuesta: «No hagan nada». Antes tiene que resolver el problema eterno de ese teatro, los revoltosos gremios que ya en 1963 le arruinaron el debut en su intendencia a Francisco Rabanal.

Así se está haciendo: no habrá anuncio de temporada, se cumplirá con las pocas fechas que restan, incluyendo la melancólica misa de difuntos verdiana, y se decidió levantar definitivamente el burbujeante y jocoso espectáculo que cerraría el año, la opereta «La viuda alegre» de Franz Léhar en el Luna Park.
Viudas hay, pero alegres... Quizá, la única certeza que resta en pie por estos días -compartida por el actual gobierno ciudadano y el próximo- es la decisión de modificar el régimen por el que se conducirá el Colón en el futuro, la autarquía.

  • Centro musical

    Otra duda, que también va disipándose, es la construcción de la Usina de la Música, antiguo sueño telermaniano de contar en Buenos Aires con una réplica, en escala, de la Cité de la Musique de París. En algún momento se temió que el edificio, pensado como auditorio alternativo del Colón, además de sede permanente de las orquestas Sinfónica Nacional y Filarmónica de Buenos Aires, hubiese tenido que someterse al programa de austeridad del próximo gobierno y esperar tiempos más prósperos para su edificación. Por fortuna para la música, predominó el buen sentido y se llevará a cabo.

    Además, por azar, la obra para ese complejo que se levantará en La Boca -ubicado entre las calles Benito Pérez Galdós, Pedro de Mendoza y Agustín Caffarena, donde funcionaban viejas fábricas- fue licitada internacionalmente en mayo de este año por 54 millones de pesos, y fue ganada por Nicolás Caputo SA de Edificación, arquitecto que no sólo integra los equipos de Mauricio Macri, sino que además es gran amigo suyo desde la adolescencia.

    Pero la duda que ayer continuaba sin responder es la misma de siempre: quién ocupará la conflictiva área de Cultura del gabinete que debe asumir en poco más de un mes. Un nuevo nombre, vinculado a gestiones anteriores, apareció sobre la mesa: el gestor cultural Ricardo Manetti, que viene de la docencia universitaria y el cine ( actuó en «Los chicos de la guerra» de Bebe Kamín), y llegó a la política en el equipo de Darío Lopérfido y Cecilia Felgueras, en primer término, y luego integró fugazmente la Secretaría de Cultura en los años Telerman.

    La hipótesis más firme es que si Hernán Lombardi, que conoció a Manetti durante la gestión De la Rúa, acepta finalmente que tanto Turismo como Cultura dependan de él (en el futuro diseño de gobierno, ambas áreas estarán estrechamente relacionadas), sería él su hombre. Al igual que Lombardi, Manetti también actuó en el campo hotelero: actualmente maneja las RR.PP. del Faena Hotel en Puerto Madero.
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