Cristina denunció a piqueteros de "pacto de desestabilización"
Cristina de Kirchner agregó ayer un nuevo argumento a la campaña electoral que lanzó, de manera sólo formal -la había iniciado hace tiempo- en Rosario: denunció que los actos de Raúl Castells y los incidentes en la provincia de Santa Cruz son la prueba de un «pacto desestabilizador». No lo nombró al piquetero de Lomas de Zamora, pero sí recordó que lo recibió alguna vez Eduardo Duhalde en Olivos, cuando era presidente. Esa referencia fue el eje de un discurso más moderado que lo habitual, que no cambió la letra de sus presentaciones: diálogo en público al estilo «Usted Presidente», reivindicación del cónyuge como una bisagra de la historia, el esperable elogio a las medidas del gobierno, castigo a los Duhalde y a la vieja política, a la que describió entre la simpleza y la ironía al ex presidente. «No es cuestión de ideas, sino de cabeza», sancionó. El discurso lo dijo ante un auditorio de funcionarios, una fría militancia que cubrió en sólo dos tercios un miniestadio en Rosario. La rodearon gobernadores PJ (con la excepción de Juan Carlos Romero y Alberto Rodríguez Saá) y ministros del Gabinete (salvo Roberto Lavagna). El discurso también buscó alguna forma de reconciliación con la simbología peronista, ausente en los actos del oficialismo. Esta vez hubo recuerdos al '45 y al retorno de Juan Perón en 1973, acompañados de un llamado a radicales y a socialistas a votarla en Buenos Aires. La moderación del acto y la crítica a los piqueteros (aunque se limitó a los hostiles al gobierno, no mencionó a los amigos, como Luis D'Elía), junto a un presidente pegado en el palco a Carlos Reutemann y a Daniel Scioli (quejoso de las campañas agresivas) confirman que el rumbo de campaña busca ahora la captura de un voto más moderado e irritado con los tonos altisonantes y los cortes piqueteros.
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Cristina Kirchner
Enseguida, Cristina de Kirchner subió al estrado para el momento político buscado por el gobierno. En ese momento Néstor Kirchner dejó de firmar autógrafos en remeras y banderas que le arrojaban los manifestantes que ocupaban el campo de juego. Se volcó al diálogo con «Usted Presidente» pese a algún lapsus de tuteo, que en rigor sonó más normal teniendo en cuenta que hace treinta años que se conocen. ¿El gobierno elegirá de ahora en más una estrategia menos confrontativa (sin alusiones al padrino y las bestias) y que hablará más de logros alcanzados y propuestas futuras? A ello parecía apunta Cristina, aunque empezó de manera aburrida cuando exageró la importancia de un elogio público de Joseph Stiglitz, un desconocido para el grueso de los militantes de Barrios de Pie que coparon, sin bombos ni estridencias, una de las tribunas laterales.
La candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires dejó claro que los coqueteos con el socialista Binner se terminaron por el momento. Criticó «pactos de oposición para no apoyar al gobierno en el Congreso» (en alusión al del PS y la UCR). «Me dolió enterarme de esto», confesó. El momento del tuteo con Kirchner fue cuando habló del crítico abril de 1976 en La Plata, cuando se estrenaba la dictadura y arreciaban las desapariciones. «'Vayámonos, esto no da para más', te dije, y vos te querías quedar porque te querías ir con el título de abogado. Enojada te repliqué: 'Para qué querés el título'. 'Porque tengo que juntar plata para ser abogado y para ser gobernador de Santa Cruz'», evocó la esposa. En el tramo siguiente, la principal candidata del kirchnerismo repasó lo que el gobierno considera sus principales logros, como la renegociación de la deuda («lo dice el mundo, fue la mayor quita de la historia»), la obra pública «en escuelas y viviendas, que no son gastos, son inversiones» y la «mayor baja histórica de la mortalidad infantil». Para CFK, a algunos opositores al gobierno «no se les cae ninguna idea», y otros, en cambio, «tienen ideas pero no las pueden contar porque si no todos nos daríamos cuenta de sus intenciones». La candidata se despidió con la denuncia del «pacto de desestabilización» que se habría evidenciado en «increíbles muestras de violencia en Santa Cruz, que nunca hemos conocido en el interior profundo». Antes de la despedida, una mención a la provincia por la que compite, que «no tiene dueños».

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