3 de abril 2008 - 00:00

Cristina forzada con Sarkozy a mejorarle la nota al país

Nicolas Sarkozy
Nicolas Sarkozy
París - Forzada a una lucidez y calma a la que no han contribuido los últimos días con la crisis del campo, Cristina de Kirchner almorzará el 7 de abril próximo en el Palacio del Elíseo, invitada por el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy. Empresarios y autoridades económicas francesas con convicciones políticas diferentes esperarán las conclusiones de esta entrevista, que podría constituir el zócalo para las relaciones futuras entre los dos países y podrán reflexionar sobre qué es la Argentina y cuáles los medios con que cuenta para asegurar su crecimiento.

Mientras tanto, y lejos de los discursos solemnes, abundarán los gestos de simpatía que los franceses ya manifestaron antes sobre la economía argentina, cuando la desilusión y la desdicha no habían cumplido su obra de devastación, y la megadevaluación monetaria del peso a principios de 2002 instaló al país en la plenitud del infortunio.

No pocos empresarios -ocupados en estos momentos en instalarse en Brasil, en la India, en Irlanda y especialmente en China- escuchan pacientemente los anuncios del gobierno argentino. Pero casi ninguno de ellos planea fugas imaginarias ni proyecta «ir a trabajar y radicarse».

  • Diagnóstico

  • Pese a que no ha tenido en París una difusión resonante, ya se conoce el diagnóstico sobre el crecimiento del Producto Bruto argentino. La pregunta es: ¿cuál es la estrategia financiera y fiscal argentina de crecimiento para mejorar el empleo y atraer capitales extranjeros? Un plan racional acompañado con claras decisiones no debería ser reemplazado por el pronóstico incierto.

    Es posible que ambos jefes de Estado compartan el pensamiento de grandeza nacional. Ese camino hacia algo que no se conoce, que es la capacidad para entender y sentir la totalidad de la patria, hasta en su sucia complejidad.

    Nicolas Sarkozy, por su lado, mostrará la ambición por lograr un acuerdo para los sectores avanzados de la economía francesa (transportes, telecomunicaciones, energía nuclear, recursos mineros, investigaciones científicas, turismo) con la Argentina.

    Si bien en arte y en política se les suele tener confianza a aquellos a quienes se elige en virtud de afinidades precisas, la famosa claridad francesa disfruta del placer de la discusión y de la especulación intelectual, que indica que pocas cosas son tan despreciables como un razonamiento ilógico. Despierta un notorio recelo.

    A pesar de haber transcurrido varias decenas de años, solemos aún debatir ciertos temas de manera casi recurrente. En la escena internacional, aparecemos como atrasados con respecto a los niveles de discusión de los países europeos. Esta oposición teológica entre liberalismo y socialismo se presenta en términos sumarios, a menudo imprecisos, y algunas veces caricaturales.

    Los analistas geopolíticos en Brasil y el resto de Hispanoamérica son respetuosos del deber de reserva y neutralidad que les corresponde por sus elevadas responsabilidades en la función pública. Si bien no quieren una mediatización excesiva se hace necesaria una versión fidedigna del pensamiento y de la acción del gobierno argentino en materia económica.

    En ocasiones y con cierto descaro los presidentes mezclan la humildad con el atrevimiento y otorgan a la palabra una consideración suprema, porque la relación entre ellos es algo más hondo, más recíproco, más auténtico que un encuentro ministerial en donde importa menos parecer ingrato y pedante que decir lo que se siente. La sinceridad es un lujo que se paga caro.

    Sarkozy le dispensará una hospitalaria acogida y no se descarta que recuerde que el 21 de julio de 1947, al bajar del avión en Orly, el ministro de Relaciones Exteriores, Georges Bidault, le besó galantemente la mano a María Eva Duarte de Perón, y que el 23 el presidente de la república Vincent Auriol la recibió a almorzar en el Château de Rambouillet.

  • Crédito

    En aquel momento lo más destacable fue la firma en el Quai d'Orsay de un tratado de comercio entre Francia y la Argentina. Eva Perón presidía la ceremonia y los protagonistas eran Georges Bidault y el embajador argentino. El convenio acordaba a Francia un importante crédito para la compra de grandes cantidades de trigo. Para marcar la carencia de ese cereal sirvieron pan de maíz, como comían en esos tiempos todos los franceses.

    Con una voz baja, a tono con el conocimiento de la situación que conoció la Argentina a principios de 2002, es probable que Sarkozy le haga saber lo útil que sería para ambas naciones el acuerdo con el Club de París. Por muy dispuesto que estuviese, sabe bien que hacer lo equivaldría a querer payar sin guitarra porque la Argentina no se encuentra en el lugar de Gran Bretaña de 1976 bajo el gobierno socialista, es decir obligada a pedir créditos al FMI con los controles que ello implica, circunstancia que representó en esa época una humillación para Londres, que debió esperar la llegada al poder de Margaret Thatcher, en 1979, para que Inglaterra se levante.

    La presidenta argentina procurará mantener en su rostro esa sonrisa que pone para mostrar que se está a gusto, aunque haya poco para decir cuando el riesgo de solvencia financiera del Estado argentino fue apreciado por la Compagnie-Française d'Assurance pour le Commerce Extérieur (COFACE) con nota rating «C» (la más baja es «D»).

    Luego de escuchar atentamente la recomendación, tal vez le responda con cortesía glacial y astucia de gorrión, que no coincide con la calificación «C» de la sociedad de seguro de crédito francesa («Perspectivas económicas y políticas muy inciertas dentro de un contexto de negocios con numerosas lagunas que pueden deteriorar seriamente el comportamiento de pago, siendo elevada la probabilidad media de default de las empresas»), porque la república no presenta vulnerabilidad financiera, no hay sobreendeudamiento externo, tampoco riesgo de crisis de liquidez en divisas, ni fragilidad del sector bancario. Y menos fragilidad política.

    Dicho esto, Madame Fernández de Kirchner se sentirá tan fuerte como una cigüeña, y remontará al cielo sólo por el placer de ganar altura.

  • Tren bala

    Su planeo trazará círculos cada vez más grandes cuando le diga también que el aire está filoso en Buenos Aires, y que los dientes del Société Générale primero y del banco Natixis ahora le llegan hasta el hueso, pues el financiamiento del tren de alta velocidad, que marca la expansión mercantil de Francia, es muy caro, ya que cuanto más baja es la calificación francesa más elevada es la tasa de interés que cobran.

    Si bien la Presidente sabe que los ahorristas le reclaman con derecho al deudor recalcitrante la cancelación de sus acreencias impagas, pleiteará como abogada la causa argentina con fervor.

    Es probable que en sus conclusiones advierta a su interlocutor que en este festival del averío, el banco Natixis está listo para colocar en el disparador de su propuesta la excitación fría que pone el cazador en el gatillo de su arma, tan lejos del gozo asesino de corsario banquero como la piedad lo está del oficio del verdugo.
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