4 de diciembre 2006 - 00:00

Cristina-Lole, ¿fórmula para seducir a inversores?

Cristina Kirchner y Carlos Reutemann.
Cristina Kirchner y Carlos Reutemann.
El kirchnerismo del Congreso está convencido de que Néstor Kirchner ya tomó su decisión para las elecciones presidenciales de 2007. La semana pasada, dicen algunos diputados de esa bancada, recibieron indicaciones claras de Casa de Gobierno de que Cristina Kirchner encabezará la fórmula presidencial y hacia ese objetivo debe desarrollarse la estrategia.

El panorama que delinean se completa con el puesto de vice para un peronista, Carlos Reutemann, a quien Kirchner le ofreció en varias ocasiones compartir la fórmula presidencial, sin respuesta positiva por ahora.

Reutemann genera, además, otros problemas al peronismo. El Presidente no está convencido de tener solucionado con él un escenario de acefalía y mucho menos reúne todos los antecedentes de confianza como para que la estrategia de la pareja presidencial se apoye en él. Esto último, de todas formas, no sería un obstáculo: lo mismo les sucedió a los Kirchner con Daniel Scioli desde el comienzo del gobierno.

El Presidente parece preocupado por estos días por la evolución de las inversiones en el país desde 2007 en adelante.

Se entusiasman en el Congreso, entonces, con un cambio de la imagen del gobierno por el que pasaría a mostrar una cara más amigable en cuanto al manejo institucional de la mano de Cristina.

El Presidente ha comenzado a creer lo que desde el exterior describen casi todos los análisis: algunos de los problemas para que lleguen más inversiones se deben a las medidas que tomó para reforzar su poder y manejar la economía y que terminaron poniendo en duda la seguridad jurídica con marchas y contramarchas en las negociaciones con empresas, tarifas, impuestos, aranceles, subsidios discrecionales, controles de precios y autorizaciones o permisos discrecionales para exportar. En esa rodada cayeron también la poca independencia que le quedaba al Congreso y algunas de la reglas básicas de las relaciones exteriores que tanto le cuesta conservar a Kirchner.

La idea es que Cristina inicie, a su manera, una flexibilización de ese andamiaje que los inversores hoy ven con temor. Pero el problema es que la primera dama hasta ahora es quien ha alimentado esos miedos de los inversores.

  • Requerimiento

    La decisión de dedicar un segundo período presidencial kirchnerista con la reinstitucionalización del país como leitmotiv de campaña requiere, según los legisladores del oficialismo, de un cambio de protagonistas.

    La elección de Cristina Kirchner para ese rol justificaría el alto perfil que en esos temas tomó como senadora durante este año. Pero no siempre cosechó alabanzas Cristina en esa tarea.

    Cuando en febrero pasado se sancionó la reforma al Consejo de la Magistratura -reduciéndose de 20 a 13 sus miembros con amplia mayoría oficialista- la imagen de la senadora bonaerense, cabeza visible de esa modificación, cayó 15 puntos en la mayoría de los sondeos.

    Tampoco le fue absolutamente bien en cuanto a aceptación popular en otras peleas institucionales que enfrentó este año, como su defensa de los superpoderes al jefe de Gabinete o la reglamentación del control de los Decretos de Necesidad y Urgencia. En ambos casos, hubo opiniones dispares por la exposición a que quedó sometida con discursos de más de tres horas en el recinto del Senado. Para entonces quedaba claro que Cristina terminaría de reglamentar a la manera de los Kirchner todos los institutos pendientes de la Constitución de 1994.

    Caminando en el mismo sentido, la ganancia en ese terreno le llegó a la primera dama hace pocas semanas también con un proyecto propio; la reducción de la Corte Suprema a cinco miembros. Allí sí que no tuvo oposición ni adentro ni afuera del Congreso.

    Esta última es la imagen que se quiere rescatar de Cristina con vistas a una posible candidatura presidencial, que el kirchnerismo en el Congreso ya da por consumada.
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